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El intratable momento de Rufo en una tarde de milagros

Mario Gómez / LAS VENTAS
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El torero de Pepino pasea una nueva oreja con fuerza y se gana a la afición venteña. Libró un gravísimo percance tras resultar prendido en un quite. Manzanares saludó sendas ovaciones y Alejandro Marcos tuvo una interesante confirmación sin espadas

Por fortuna el pitón solamente arrancó el corbatín. - Foto: Plaza 1

Como el toreo no son números, el hecho de que Tomás Rufo solamente pasease un apéndice del sexto, no le resta un ápice de mérito a su actuación, y corrobora que se ha colado en el grupo de los toreros que Madrid ha hecho suyos. 

Quizá el doble trofeo hubiera sido protestado por algunos y hubiera puesto en tela de juicio una Puerta Grande que, por contra, reúne la unanimidad de la rotunda oreja. Ese fue el segundo triunfo; tras resultar ileso tras ser prendido en un quite por gaoneras y quedar a merced en el suelo de la violencia del tercero.

Abanto salió el largo sexto y le pegaron mucho en el caballo tapándole la salida hasta que derribó a Manolo Sayago. Quedó atrapado bajo el equino y cuando lograron quitárselo quedo a merced del toro. El quite a cuerpo limpio de Carretero pudo salvar de más que de un susto. Se lo dejó llegar Fernando Sánchez en su par y puso en pie Las Ventas ante la expectación del brindis de Rufo al público. Cayó boca abajo la montera y se fue a los bajos del 6 entre el runrún de la plaza. 

Silencio de respeto y pronto se puso el toledano a torear viéndose la justeza de fuerzas al toro. Subió una cuarta la muleta y arrancó los olés más rotundos de la tarde en el inicio por el derecho. Profundidad y temple por ese pitón que hizo que Madrid entrase de lleno en la faena. Silencios sepulcrales antes del inicio de cada tanda y olés rotundos en los finales. 

Por el izquierdo lo poco que hubo fue de uno en uno y pronto volvió a la derecha para abrochar una obra que cerró genuflexo. Una estocada arriba hizo rodar al toro de forma fulminante y estalló la plaza en pañuelos blancos pidiendo el doble trofeo que finalmente quedó en solo uno. Rufo ha caído de pie en Madrid.

Antes, había sorteado el único de La Ventana del Puerto en tercer lugar. Más recortado de hechuras, blandeó tras salir del caballo y tranqueó alborotado en banderillas. En la muleta embistió refrenado y desentendido, saliendo con la cabeza alta del embroque; cuando no salía rodando por los suelos. Buscó Rufo los medios y entre palmas de tango al toro dejó su disposición. Se alargó sin sentido y la espada se le fue baja.

Con saña quitó el segundo el capote a Manzanares cuando trataba de estirarse con verónicas de mano alta. En el quite Rufo salvó la vida tras dos gaoneras y una larga, en la que resultó prendido y lanzado por los aires teniendo la lucidez al caer de sujetar los pitones del toro. Libró una cornada que pudo ser fatal esquivando los navajazos de un toro que le arrancaron el corbatín. Con la muleta Manzanares tiró líneas, entre protestas y alabanzas, sin terminar de confiarse e instrumentó una faena de doma, en la que logró medio encauzar las embestidas bravuconas del de El Puerto. Al menos la espada recordó al mejor Manzanares.

Sosito salió el cuarto y Manzanares lo pasó por alto en la muleta, al querer gustarse con un trincherazo lo tiró. A media altura y por el izquierdo pasaba a tironcitos y mugiendo. Por el derecho la siguió con más voluntad que clase y el estilismo que imprimió el alicantino sirvió para meter al toro y al público en la faena. Soberbio fue un cambio de manos y el olé detonó al toro. Se echó la muleta al izquierdo y 'Pitillito' embistió con franqueza pero sin fuerza. La medida altura volvió a servir para un cambio de mano que hizo jalear Madrid, y van dos. El tercero y cuarto ya fueron de menor calado y con esas lo cerró y se tiró a matar. Dos pinchazos y una gran estocada que dieron con el toro en breves segundos en el suelo.

Las protestas al primero comenzaron desde que asomó por chiqueros.Tan escaso de presentación como parado. En la misma puerta de toriles alivió el vientre y luego, como adormecido olisqueó las tablas huyendo de los capotes. Embistió frenado, huidizo y con las manos por delante. En el quite de Alejandro Marcos se templó y el confirmante estuvo con gusto. Manzanares emprendió el camino de los bajos del 9 para la ceremonia y 'Gañanito' el de los del 4 para huir. Breve parlamento y a torear. Lo vio claro Alejandro Marcos y arrancó tímidos olés en su comienzo. Quiso correr la mano, quizá algo acelerado, pero con la pureza de cargar la suerte y echar la pata pa'lante. A mitad de la sinfonía cantó la gallina. AM corrió tras el burel como quien lo hace tras de su tren hacia el futuro. Potable pero sin excelencias resultó este primero ante el que pasó un quinario para pasaportarlo.

Voluntariosa fue la tarea de manejar el percal de AM. Con más voluntad que lucimiento y con una media destacable. Además, el paso del 5° por el caballo lo dejó justo de fuerzas y protestado. El inicio de faena fue prometedor, y pareció que la conexión salmantina se entendía. El toro iba y venía y AM se ponía muy de verdad. Dejó cosas bastante interesantes ante un animal que besó el suelo constantemente. Navegó hacia ningún puerto antes de que el sainete con la espada agriase el buen sabor de boca.