A Vuelapluma

José María San Román Cutanda


El vecino como motor ciudadano

18/01/2021

Aunque pueda resultar algo repetitivo, lo cierto es que Filomena sigue dando que hablar. Todavía nuestra ciudad no se ha recuperado del todo de las graves secuelas que produjo la borrasca que nos sobrevino hace una semana, a lo cual se ha sumado ahora el paso a nivel III para luchar contra el virus que nos ocupa y nos preocupa a todos. La verdad es que mi intención era publicar hoy una columna con un tema completamente distinto al que voy a tratar, pero han sido muchos los lectores que se han puesto en contacto conmigo pidiendo que hablase sobre la acción vecinal que en estos días ha venido sucediéndose para solucionar los desperfectos que aún quedan en Toledo.
Hablar de las relaciones de vecindad resulta, en verdad, algo espinoso. Existen dos visiones del vecino. Una, la más concreta, hace referencia a la de la vecindad entendida en el no siempre fácil ámbito de la propiedad horizontal, de la que don José Castán Tobeñas, Catedrático de Derecho Civil y poliédrico referente de cuantos juristas nos dedicamos a esa disciplina, hablaba como una fuente inagotable de conflictos. Otra, la más amplia, es la del vecino como residente dentro de un mismo núcleo urbano como el barrio o el municipio. Sin desmerecer a la primera visión, la que hoy nos interesa es la segunda.
El vecino es, ante todo, el que vive la ciudad en primera persona. Es un latido esencial en ese pulso tan necesario que debe tomársele a los municipios por parte de sus gobernantes, ya que es el vecino quien de verdad se beneficia de sus aciertos y quien de verdad padece sus errores. Y, por supuesto, es el que tiene la opinión más cercana sobre lo que ocurre en su entorno si dedica un momento a la tarea intelectual de formársela. No siempre los munícipes tienen puesta la vista en la idea de que los vecinos como movimiento son un importantísimo activo para el diario sustento de cualquier población, lo cual es un problema para lugares como Toledo en los que muchas iniciativas han sido fruto del impulso vecinal. Esta realidad puede demostrarse tan solo con una breve visión retrospectiva. Fíjense, si no, en las brigadas de vecinos que durante el confinamiento domiciliario se dedicaron a hacer la compra a los vecinos mayores y vulnerables, o en los grupos vecinales que se han unido en los pasados días para ayudar a limpiar las calles de nieve y restos de árboles caídos. Y no solo ya en el aspecto puramente cívico, sino también en la reivindicación política, como puede ser la defensa del Tajo, o en cuestión festiva, pues durante muchos años han sido los vecinos de nuestra ciudad quienes han logrado mantener tradiciones como las clásicas hogueras de San Antón, las alfombras florales del Corpus —la misma Junta Pro Corpus partió de un grupo de vecinos— o las pequeñas fiestas de algunos barrios y plazas.
Si mis números no fallan, Toledo cuenta con veinticinco asociaciones de vecinos, una coordinadora de asociaciones del Casco Histórico y una Federación de Asociaciones de Vecinos. ¿Ustedes creen que en una ciudad con al menos veintisiete órganos representativos de intereses vecinales, que no dejan de ser escuelas de democracia en escala vecinal, se puede obviar a los vecinos? Hacerlo sería tan absurdo como no darse cuenta de que no puede haber municipio sin habitantes. Por eso, porque creo que el vecino debe ser el centro de las políticas locales, y visto el afán cívico que mueve a tanta gente anónima en nuestra ciudad, me parece necesario darle una nueva visión a la orientación de esas planificaciones municipales. Y creo que debería comenzar por una coordinación aún más estrecha entre los barrios y el Ayuntamiento, usando a las Asociaciones de Vecinos como canal eficaz entre unos y otro, y dando un sentido al ámbito de la participación ciudadana más amplio y más completo que la celebración de los Consejos de Participación. ¿Por qué no coordinarse y adjudicar a los vecinos algunas tareas para con su barrio? ¿Por qué no un nuevo régimen jurídico local en que los vecinos como motor ciudadano tengan un protagonismo central? Más aún, ¿por qué no un nuevo estatuto jurídico del vecino en su perspectiva colaborativa y de convivencia? Solo se puede hacer ciudad con la implicación de quienes día tras día la viven y la conocen en todos los sectores de interés.
Ya hay en muchos municipios de España ordenanzas municipales que fomentan la responsabilidad vecinal. Y en Toledo, por causa de la nevada, han surgido recientemente nuevos alientos para lograrlo, como los que, por boca de muchos vecinos, expuso en este mismo periódico el pasado viernes Hilario Alarcón, presidente de Iniciativa Ciudadana. Yo añado algunos más. Podrían, por ejemplo, crearse brigadas vecinales para ayudar a personas mayores que no puedan salir o que estén solas, dotar a las comunidades de propietarios del Casco de contenedores para que la basura solo salga a determinadas horas y se evite el bolseo, organizar a los comerciantes como motor económico de los barrios, crear un banco de alimentos y bienes de primera necesidad para personas vulnerables, establecer grupos de vecinos que se dediquen a analizar los problemas y desperfectos del barrio y a recabar iniciativas y necesidades vecinales, comunicando unos y otras al Ayuntamiento… Ayudarse es más fácil que no ayudarse. Mi abuelo siempre decía que ‘el ser bueno es rentable’. Contra el individualismo, un sano asociacionismo vecinal.
Por cierto. Sepan mis lectores que admito sus sugerencias y consideraciones. Aunque esta columna contenga mi opinión, a la que no voy a renunciar, está hecha para ser leída, opinada y contrastada. Con que una sola letra que escribo fuese ajena a mis lectores, no tendría ningún sentido seguir con este espacio, porque al igual que al actor lo jubila su público, al escritor lo jubilan sus lectores.