PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Un insulto a la memoria de Buero Vallejo

Convertir el pregón de las Fiestas de Guadalajara en un mitin político cargado de revanchismo y rencor es peor que un error. Es un ataque a la convivencia ciudadana, es sembrar el odio y la confrontación. Esto es lo que se hizo en el Buero Vallejo de Guadalajara y con ello, entre otras cosas, aunque el ufano protagonista de la soflama partidista supusiera lo contrario, se insultó a la figura, la memoria y el legado de alguien que si tuvo en sus labios una palabra fue la de la Reconciliación Quien manoseó su nombre con torticera intención y ansia de revancha y confrontación dejó más que claro que nada sabía ni de él si de su pensamiento ni de lo que albergaba su corazón. Tampoco por supuesto, el agitador, perdonen que no quiera acordarme del nombre, uno de estos millones de sobrevenidos y heroicos luchadores antifranquistas a toro pasado. Hace cuatro décadas que pasó el morlaco y ellos ahora se ponen a hacer alardes de presunta y virtual valentía. Es la moda generalizada y común en España pero si quieren un día quedamos allí mismo, en el Buero, sin griteríos, ni piquetes, ni escraches, ni amenazas y tumultos, y recordamos aquellos tiempos de los setenta y donde estaban algunos y por donde a otros ni se les esperaba ni se les vio aparecer. Eso sí que sería Memoria Histórica. Hasta las peñas la tienen. Pero me da que ese tipo de recuerdos prefieren que quede oculto y bajo el polvo del olvido, porque si se conoce y se desempolva a algunos, bastantes, se le caen los palos del sombrajo, el curriculum falso y se le quedan con las vergüenzas al aire.
Reconciliación y futuro eran las palabras que más le oí repetir cuando, para escribir la biografía de don Antonio, pasé largas horas a su lado en su casa de la calle Diez Porlier en Madrid, grabadas están, entre sus cuadros y recuerdos, inolvidable el de Miguel Hernández, y dónde y cómo lo realizó. Su empeño no era otro en todo momento al contarme su vida, trágica y terrible en tantos momentos. ¿Saben, por ejemplo, que su padre, militar de carrera, comandante en nuestra academia de ingenieros, culto y liberal, fue fusilado en Paracuellos por los republicanos y que él, combatiente con la República, en el Jarama entonces, no pudo llegar a tiempo a salvarlo? Buero, luego condenado a muerte por los franquista, dos veces entregó su pipa a otro preso pensando que el siguiente en «sacar» era él, no podía dejar de pensar y de martirizarse en ese trance con la similar muerte y asesinato de su padre.
Porque eso fue la Guerra Civil. Asesinados y asesinos. Los unos por los otros y los otros por los unos. Y eso es lo que amén de transformar la vocación de Buero, de luminoso pintor a dramaturgo donde la tiniebla y la oscuridad eran paisaje, presidió su memoria y soldó su determinación de luchar porque tal cuajarón sangriento desapareciera para siempre de la vida de España y jamás se volviera a repetir.
La necesidad de desterrar el odio, de conseguir la reconciliación entre los españoles y restablecidas la libertad y la democracia pasar definitivamente página y poder avanzar como personas, ciudadanos y como Nación. Aquella fue la gran lección de vida, de compromiso y de esperanza que don Antonio me dio, en aquellos días y en otros después en que aún le pude admirar y tratar. El tergiversar y manipular ese legado resulta algo verdaderamente miserable y mendaz. Y eso es lo que se perpetró en el lugar donde se le rinde homenaje y donde, en realidad, y a pesar de las zalemas, se le insultó. Porque manipular y mentir sobre su mensaje vital y final es el peor de los insultos. En ese mismo lugar, además, donde también como pregonero, en 2016 su hijo Carlos Buero, quien ha legado generosamente a la ciudad de Guadalajara, obras y recuerdos de su padre de enorme valor, reivindicó el otro gran legado, el ético y vivencial de su padre, en un discurso de enorme profundidad y altura intelectual. ¡Qué inmensa diferencia con el grosero mitin de esta vez!
 Donde, tampoco lo voy a dejar pasar sin poner la verdad ante la mentira gobbelsianamente repetida, el intento de heroificar lo que no fue sino un acto de coacción, amenaza y imposición totalitaria y por la fuerza contra el derecho a la libertad de expresión impidiendo en anterior ocasión el pregón de la escritora Almudena de Arteaga. Que ése parece ser el concepto de libertad y democracia de algunos. Que solo la suya es la que tiene derecho a ejercerse y que la de los demás se puede impunemente aplastar.
Lo dicho, lo del Buero en este año de 2019 no fue en absoluto un pregón para toda una ciudad y sus ciudadanos al inicio de sus fiestas. Fue un obsceno mitin preñado por la mentira y el odio. Malos hijos puede dar.