Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Talavera en la Guerra de Sucesión

La llamada ‘Guerra de Sucesión’ entre las principales potencias europeas, divididas en su apoyo a los Borbones y su candidato Felipe de Anjou o al archiduque Carlos, representante de la Casa Austria, para ocupar el trono de España tras la muerte de Carlos II, el Hechizado, será, además, una dura contienda civil en nuestro país entre los seguidores de uno u otro pretendiente.
Las tierras de Talavera, al igual que toda Castilla, toman el partido Felipista, en contra de la causa del archiduque Carlos. Por su situación estratégica Talavera será el camino ineludible al frente militar de la importante campaña que se desarrolla en Portugal y, por tanto, paso frecuente y obligado de tropas de uno y otro bando, lo que la llevaría a sufrir de manera gravosa los desmanes de unos ejércitos extranjeros que no se caracterizaron en ningún momento por sus buenos modos.
Hay dos temporadas negras para la ciudad: la que se inicia el día 23 septiembre de 1703 en que llega el primer regimiento de dragones franceses y al que se añaden poco tiempo después cinco regimientos de caballería, mandados por el Príncipe de Sedastillo, que instalan sus campamentos en la isla grande del Tajo y los últimos días de diciembre de 1705 en que suben de Portugal más de 20.000 soldados en dirección a Cataluña y que permanecen en Talavera tres largos días con sus noches, aunque el trasiego de tropas, tanto del rey como del pretendiente, son continuas. Todas ellas dejaron un rastro de onerosas contribuciones de guerra en dineros, pero sobre todo desmanes, abusos, violaciones, epidemias y enfermedades venéreas. Como venganza a estos actos, los vecinos de Talavera se tomaron la justicia por su mano en numerosas ocasiones, asesinando en esos periodos a más de un centenar de soldados de ambos bandos, una cifra muy considerable y haciendo desaparecer sus cadáveres o bien arrojándolos al río Tajo o bien enterrándolos en los corrales de las propias casas.
El rey Felipe V y la reina María Luisa de Saboya, en varias ocasiones, permanecieron en Talavera durante días en su paso hacia la campaña de tierras portuguesas, siempre recibidos y agasajados por sus autoridades de manera extraordinaria: no faltaron iluminaciones, toros, fuegos artificiales, oficios religiosos, mascaradas, torneos y abundantes regalos.