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El retrato de un aventurero

Francisco Martínez Cabrera
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El Museo del Ejército cuenta con una estampa fechada hacia 1791 donde se retrata a Juan Sebastián Elcano, el primero marino en dar la vuelta al mundo. Al pie aparece una leyenda donde se presenta al personaje y sus hazañas

El retrato de un aventurero

La expedición que iniciasen Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano para encontrar un paso hacia las «islas de las especias» allá por 1519 supuso el inicio de un fenómeno que ha llegado hasta nuestros días y que conocemos como globalización. El retorno de la travesía, de la cual se conmemora en 2022 su quinto centenario, cambiará la forma de entender el complejo mundo que nos rodea. Todas las aventuras que durante este arduo viaje se produjeron, quedaron recogidas por Antonio Piegafetta en su obra 'Relazione del primo viaggio intorno al mondo' (Relación del primer viaje a través del mundo), publicada en 1524-1525, de lectura obligatoria para todos aquellos amantes de las historias de aventuras.

El Museo del Ejército cuenta con una estampa fechada hacia 1791 donde se retrata a Juan Sebastián Elcano. Dicha imagen nos presenta al insigne argonauta apoyado sobre el mástil de la nave, con una representación de más de la mitad de su cuerpo, vestido con un sombrero coronado por una pluma, un jubón, una capa sobre su hombro izquierdo, y una espada y una banda a la altura de la cintura. Al pie aparece una leyenda donde se nos presenta al personaje y sus hazañas y, en uno de los laterales, sus autores, José López Enguídanos, artista valenciano de gran prestigio durante el final del siglo XVIII y principios del XIX, que lo dibujó, y Luis Fernández Noseret, que lo grabó. Pertenece a la colección 'Retratos de los españoles ilustres con un epitome de sus vidas', publicada en Madrid.

A través de la lectura de la obra de Antonio Piegafetta podemos apreciar los efectos de la dureza de tan largo viaje en los marinos:

«Gracias a Providencia, el sábado 6 de septiembre entramos en la bahía de Sanlúcar y de  los  setenta  hombres  que  formaban  la tripulación cuando  partimos  de  las  islas  Molucas,  a nuestro regreso no éramos más que dieciocho, y aun la mayor parte de estos estaban enfermos. Unos desertaron en la isla de Timor, otros fueron condenados a muerte por delitos y otros, en fin, perecieron de hambre».

«Desde que habíamos partido de la bahía de Sanlúcar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestras cuentas, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas y dimos la vuelta al mundo entero, yendo siempre de este a oeste».

A la dureza del viaje que evidencian estas palabras, hay que sumarle la muerte del Capitán General de la expedición, Fernando de Magallanes en Filipinas, que sin duda provocaría una desorganización de la tripulación. Por ello, tiene aún mayor mérito la capacidad de Juan Sebastián Elcano para reconducir la situación y conseguir regresar a tierras castellanas con uno de los navíos, en cuyas bodegas alojaba la suficiente especia como para sufragar los gastos de la expedición.

La importancia de las islas Molucas, conocidas comúnmente como 'la especiería', y los informes de la expedición de Elcano, despertaron el interés de Carlos I de hacerse con los derechos sobre este territorio para la corona de Castilla. Para asegurase su control, se prepara una nueva expedición comandada por García Jofre de Loaisa. Al mando de una de las siete naves de la expedición, la Sancti Spiritus, Juan Sebastián Elcano ostentará los cargos de Capitán y guía de la expedición.

Una vez alcanzado el estrecho de Magallanes, una fuerte tormenta sorprendería a la expedición, reduciendo la misma a solo cuatro navíos. Elcano, tras el naufragio de la nave que el capitaneaba, se verá obligado  a trasladarse a la Santa María de la Victoria, navío en el cual falleció debido a una enfermedad, seis días después de la muerte de Loaisa, cuando ya ostentaba el cargo de Capitán General de la Armada.

 

Francisco Martínez Cabrera

Alumno de prácticas curriculares de grado en Historia