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El impulso que hizo a Unai Simón levantarse de la lona

Roberto Morales (EFE)
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La pifia del portero del Athletic no le hundió, le fortaleció y fue la clave para la victoria

El impulso que hizo a Unai Simón levantarse de la lona - Foto: STUART FRANKLIN

«El fútbol son más aciertos que errores, pero existen, y cuando un portero comete uno se ve más agrandado». Es una frase de Unai Simón tras debutar con España en la Eurocopa. Su error grave llegó en octavos. La fortaleza con la que se levantó de la lona, impulsó a la Roja a cuartos de final con dos paradas decisivas que frenaron a Croacia.

El vitoriano quiso que la tierra se lo tragase y aparecer en cualquier otro punto del planeta. Se tapó la cara con la camiseta en segundos de pulsaciones disparadas, en los que por la cabeza le pasaron mil pensamientos sin entender cómo no podía haber controlado la cesión (innecesaria) de Pedri, que se envenenó con un bote. El balón le golpeó en la espinilla y siguió el camino hacia su propia portería sin que hubiese tiempo material para su reacción.

Ya había fallado en un partido en Kosovo, tomando riesgos con balón en una salida que costó un gol y reabrió el eterno debate de la portería para el exterior, porque dentro de la selección no existe.

Su nombre se sumaba a la lista negra de porteros españoles con errores de bulto en grandes citas. Estrenada por Arconada en la final de la Eurocopa'84 ante Francia. Extendida por Zubizarreta ante Nigeria en el Mundial'98. Que marcó a Molina en el debut de la Eurocopa 2000 ante Noruega.

España quedó tan tocada como su portero tras un gol que cambió el rumbo de un partido que dominaba con autoridad y al que solo le faltaba pegada en dos ocasiones claras que había desperdiciado. Y los cerca de dos mil aficionados que acudieron al Parken de Copenhague lo sintieron. Era el momento de dar un ejemplo de apoyo a su selección, dejar en el olvido los silbidos en Sevilla a Morata para mostrar máximo apoyo a Unai. Como el que le trasladó su 'rival' en la concentración, De Gea, que se pegó a él en el camino hacia vestuarios. 

Su mano al zurdazo de Gvardiol y su parada salvadora en la prórroga a Kramaric, con todo igualado en momentos que decidirían el partido, acabaron siendo la reivindicación para rebajar la crítica a un portero que encadena 11 titularidades consecutivas con Luis Enrique.