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José Luis Arroyo

Rayadas Millennials

José Luis Arroyo


La lógica de los patriamen

15/11/2022

La democracia en la que vivimos es un ecosistema colonizado por especies tan genuinas que me veo tentado a analizarlas. Una de ellas, que últimamente intenta proliferar con fuerza, son los patriamen, que se caracterizan por tener la obsesión de intentar atribuirse el monopolio de la protección a la nación, exhibiendo con orgullo alta dosis de testosterona frente a los demás. Frecuentemente, sufren delirios de grandeza que les animan a sentirse percibidos como todo un general romano.  Además, compiten con los de su clase por medio de expresiones arcaicas y con cierto regusto imperial y entre sus poderes, se encuentra la habilidad de advertir sobre enemigos inexistentes, para expandir el miedo, con la finalidad de hacerse imprescindibles.
Decía el flamante galardonado con el Premio Cervantes; Rafael Cadenas, que «la democracia trasciende lo político, porque la persona demócrata lo es en todas partes». Esta afirmación, que encierra una verdad irrefutable, debería calmar los instintos hiperventilados de todos aquellos que se atreven a realizar afirmaciones en nombre del conjunto, en una sociedad abierta y plural como es la nuestra. Por eso, me resultan ofensivas, quizás también ridículas, las afirmaciones que realizan los patriamen, en nombre de los españoles, acusando de traición al Gobierno legítimo de la Nación, sobre todo cuando se llevan a cabo iniciativas, como la adaptación del delito de sedición a parámetros europeos, que se han demostrado muy efectivas, haciendo descender el porcentaje de independentistas a cifras de hace doce años, para favorecer la convivencia entre catalanes y entre estos y el resto de España. Además, existen precedentes como el vivido durante la tregua de la hoy extinta banda terrorista ETA, cuando los patriamen vertieron gravísimas y falsas acusaciones contrarias al interés general y al Gobierno que consiguió poner fin a la barbarie criminal.
Sin duda, a pesar de lo expresado anteriormente, los patriamen se aprovechan de la dificultad que tiene un amplio número de ciudadanos, que vivimos por ejemplo en otras regiones, para entender la opción que toma un gobierno sobre la cuestión catalana, ya que la existencia de tal confrontación nos resulta intrascendente y ajena en nuestro día a día. La misma perplejidad que me produjo a mí, salvo que fuera esto lo que se buscara, que un gobierno, en una sociedad donde el anonimato ya no es una opción, no se enterara de la celebración de un referéndum ilegal en una comunidad autónoma. Y además como consecuencia de la procrastinación como forma de abordar los problemas, un conflicto político interno se acabara convirtiendo en un complejo problema judicial, constitucional e internacional, con prófugos de por medio, a los que las turbas independentistas llaman exiliados y que garantiza eso sí que perdure el enfrentamiento contra el que dicen luchar los patriamen.
En el contexto actual, he de afirmar que los patriamen, que también son perezosos,  se aprovechan de su ficción, entre otras cuestiones, para no cumplir con sus obligaciones, como por ejemplo, la aplicación del artículo 122 de la Constitución relativa al nombramiento del poder judicial, aunque contraste con la actitud del que señalan como enemigo a batir, que no dudó en apoyar la aplicación del artículo 155 de la Constitución, a pesar de los fallos en la gestión, -por ser benévolo en la afirmación-, propiciados por el entonces Gobierno de Patriomen, liderado por Mariano Rajoy, que resultó del todo incapaz de gestionar la tormenta generada por ellos mismo por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut contra el Gobierno de la Generalitat de Artur Mas, al que previamente los patriamen de aquel momento se entregaron como socio preferente, a pesar de estar atenazado por la corrupción.