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Alejandro Ruiz

EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


'Pecunia non olet'

06/10/2022

El dinero no huele. Tito reprochó a su padre, el emperador Vespasiano, que obtuviera dinero con el impuesto sobre el uso de los orines de las letrinas, que se utilizaba para curtir pieles, dado que el amoniaco descompone el material orgánico. Vespasiano le dio a oler una moneda de oro y le preguntó si tenía un hedor molesto y su hijo respondió que no. Y sin embargo procede de la orina, le dijo Vespasiano. El dinero no huele.
Es curioso, pero generalmente, se da un proceso mental de justificación de la procedencia del dinero, por muy indigna que sea, que lleva al blanqueamiento mental con la pretensión de que sus ilícitos perceptores puedan conciliar el sueño por las noches, además del correlativo blanqueamiento real, en los casos de corrupción, con el fin de eliminar totalmente cualquier rastro de su origen inmundo. El dinero vale por sí mismo, independientemente del grado de reprobación de su origen, al margen del que procede de la retribución legítima del emprendimiento y del trabajo.
Cuando se recurre a un fondo de inversión totalmente legal, por ejemplo, para invertir delegando en un gestor la capacidad de decidir dónde hacerlo, poca gente se plantea dónde y en qué va a decidir invertir el gestor. Uno entrega su dinero para que una red de analistas y especialistas en inversión, que pueden cubrir los mercados de España, Europa, Norteamérica, Japón, la región de Asia-Pacífico, o la constelación de Orión, lo inviertan a su antojo con los mejores objetivos de rentabilidad y riesgo, importándoles un carajo, como a todo hijo de vecino, cualquier tipo de control social de sus inversiones. En la condición personal del inversor, sea la que sea, la de granuja o la de hombre honesto, que nunca se sabe, se superpone dominante la inexorable fuerza del dinero, que lo absorbe para justificar cualquier cosa.
El dinero no huele ni tiene ideología, de ahí los casos de corrupción política, siempre blanqueados o ignorados por los correligionarios sectarios a diestra y siniestra. Es inoloro para todos, también, o especialmente, para los cuentistas que no paran de darnos la murga de la revolución pendiente anticapitalista. Recuerden el caso de Gaspar Llamazares, pesadilla de la que no consigo olvidarme pese al paso de los años, que mientras en el Congreso de los Diputados afirmaba que «los que deben pagar la crisis son los que la han provocado, los especuladores», centrando su discurso en «el dictado de los mercados, entidades financieras, fondos de pensiones, fondos de inversión, entidades económicas», y abogaba por «la eliminación de las actividades especulativas y por la gestión del riesgo adecuada a la función social», resulta que tenía 83.487 euros en fondos de inversión, lo que transmite  una clara idea de la contundencia ideológica de algunos y de la innegable naturaleza inolora del dinero.