Nada particular

Jesús Morales


Desaparecidos guardas

24/11/2020

Ya no se pueden dejar regalos navideños al pie de los guardias de tráfico como hace años se hacía en determinados lugares de Talavera, donde regulaban el tráfico como en los cruces de Cuatro caminos o en Muñoz Urra con la N-V, ni mucho menos que una chica le dijera a algún tío pesado y baboso eso de que como continúe usted siguiéndome llamo a un guardia. La razón es muy clara, sencillamente ya no hay guardias, se acabaron, se terminaron, desaparecieron de nuestras calles o de nuestros parques y de nuestras vidas; respecto a los parques es legendario el dominio que el recordado Telesforo ejercía sobre el parque talaverano del Prado, solito sin ayudad de nadie más que de su legendario garrote. A decir verdad no sé en qué momento se produjo tal desaparición de aquellos esforzados funcionarios municipales de uniforme que resultó tan discreta como siempre lo fue en cualquiera de sus intervenciones en la ciudad. Creo que la cuestión tiene que ver con los presupuestos menguantes de los ayuntamientos en España, mientras los gastos subían y subían para celebrar algún evento importantísimo y representativo del espíritu regional como ver quien tira el pipo de aceituna más lejos. Por cierto que este tipo de competición se ha repetido en varias localidades, algunas de Castilla La Mancha. Lo cierto es que han sido muchos los municipios que han prescindido de sus funcionarios uniformados de sus guardias, por cámaras de vigilancia según dicen los alcaldes y otras historias de nulo efecto tranquilizador.
El otro día yendo por la calle me cruce con un sujeto bastante mal encarado y sin duda con ganas de pelea, exactamente al cruzarnos tosió varias veces escupiendo a mi paso; se trataba de una ocasión perfecta para dar una queja a algún guardia que estuviera por allí pero no, no había tal, en Talavera los guardias patrullan en coches y si tienes suerte responden a alguna llamada y si no tiene suerte te quedas con tres palmos de narices.
Así está El Prado, seguramente en el peor momento desde que se inauguró, dejado de la mano de Dios, y las calles llenas de los regalitos de los perros cuyos desaprensivos e incívicos amos pasan de recoger y así todo querida alcaldesa. Dice un proverbio anarquista que la Anarquía es el orden perfecto, yo añadiría que además se requiere para ello la educación perfecta y esa perfección en la educación está cada día más lejos tras los nefastos planes educativos que cada gobierno se dedica a empeorar. Además como escribía antes, los dedicados a mantener un poco el orden cívico han desaparecido en España, por lo menos en Talavera. ¿Se imagina alguien París sin gendarmes, Londres si bobis? En fin, que las cosas mal hechas mal están y que estas calles vacías, sin alguien que vigile si los vecinos caóticos e irresponsables llevan o no careta, si los jóvenes necios hacen botellón en la calle cuando les peta o si los ya no tan jóvenes alquilan pisos y naves para hacer fiestas clandestinas, verdaderos focos de transmisión del coronavirus, están a merced desgraciadamente de la educación y el espíritu incívico de alguna gente que no saben qué es tal cosa.