EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


El Estado soy yo

24/11/2020

Parece que Sánchez piensa convencidamente: ‘El Estado soy yo’, como Luis XIV cuyo fastuoso narcisismo llenó de espejos el Palacio de Versalles y era llevado en efigie alzado bajo arcos de triunfo. Si el monarca francés pasó a la historia como ‘El Rey Sol’, Sánchez irá a la sentina oscura de la memoria democrática. Sus titulaciones, sus declaraciones, sus proyectos y sus maniobras forman una tiniebla de falsedades y sin visión autocrítica pues creo que incurre en la categoría diagnóstica de ‘desalmado’, de escaso de alma, pues carece de compasión y de sentimientos que no sean de autocomplacencia. Por ello -como dijo Ignacio Padilla en ‘Amphitryón’ sobre Adolf Eichmann- «carece de la conciencia para entender la autentica dimensión de los males que él mismo estaba dispuesto a desencadenar».
Sus simpatizantes, pasando por alto las trampas de su carrera política, creen que ostenta la Presidencia según la ley, y eso es formalmente cierto pero sólo bajo la aritmética electoral y no según la moralidad, pues cometió fraude al incumplir sus promesas de gobierno haciendo las contrarias, con el imprescindible apoyo de extremistas y separatistas mediante la compra de voluntades a un alto precio, que pagamos otros. Para cumplir con sus acreedores pone en venta la integridad nacional, la salud institucional y la calidad de la democracia. Es capaz de arrinconar a la lengua española en su propio país de origen, acabar con el orden constitucional, la monarquía parlamentaria y la conciliación de la transición. Y llega a pactar con ERC a la que le «importa un comino la gobernabilidad de España» y con Bildu que «Vamos a Madrid a tumbar el régimen en beneficio de los pueblos».
Estamos ante un proyecto totalitario disfrazado de democracia cuyas herramientas son el control de la libertad de expresión, la interpretación arbitraria de la historia, la imposición de la opinión políticamente correcta, la norma de que todo disidente es un fascista, el soborno a los medios y la corrupción de la justicia, con la fiscalía a su medida, los jueces juzgando de conveniencia y el legislativo dictando leyes ‘de caso único’ para condenar o amnistiar a medida y retroactivamente. Sánchez marca al enemigo, decide lo que al pueblo le conviene y se atribuye la facultad de discernir lo verdadero de lo falso, montando su propio Ministerio de la Verdad.
Hablando del Gobierno de Sánchez, Juan Luis Cebrián dice que estas democracias no liberales «se deslizan culpable y peligrosamente a convertirse en autocracias, que son el umbral de las dictaduras». ¿Qué hacen ahora los afiliados del PSOE ante esta inmoralidad que ellos no votaron? ¿Qué hacen sus cuadros ante esta rendición a la destrucción de España, que traerá consigo la devaluación de un partido tan representativo de nuestra historia? ¿Qué hacen los ciudadanos? Hay una masa indiferente cuya pasividad la cultiva el poder. Decía el filósofo marxista Antonio Gramsci: «Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido […] La indiferencia es el peso muerto de la historia».
Por eso, es necesario reflexionar, oponerse a los dictados y luchar por la libertad.