El Quiñón: el colegio con más alumnos de la región

Álvaro de la Paz
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Las aulas del primer centro educativo construido en el desarrollo urbanístico de Seseña reúnen a 840 estudiantes de infantil y primaria. La escuela cuenta con 55 docentes y crece a partir de un modelo educativo basado en la enseñanza bilingüe

El Quiñón: el colegio con más alumnos de la región

El CEIP El Quiñón lleva el nombre del barrio y refleja en sus pasillos la realidad de la macrourbanización erigida al calor de la expansión económica e inconclusa más de una década después. Aquella imagen de ciudad fantasma, símbolo de los excesos y decorado artificial, se diluye ante una realidad que marcan la elevada ocupación de las casi 5.100 viviendas construidas -se proyectaron más de 13.500- y la notable proporción de juventud entre sus residentes. Parejas de treintañeros y niños forman el paisaje humano más habitual en sus calles de trazado cuadriculado.
La escuela se inauguró a finales de 2007 y fue una de las primeras dotaciones públicas en levantarse. Doce años después, el colegio El Quiñón presume de la mayor cifra de alumnado matriculado en la región en los niveles de segundo ciclo de infantil y primaria. Hay unos 840 escolares distribuidos en 34 clases, aunque el total varía a lo largo del curso. La plantilla de docentes incluye a 55 maestros. En el barrio hay otro colegio público de reciente construcción -aún sin nombre, CEIP número 7- y otro centro concertado que alivian la presión sobre el ya veterano centro, el referente educativo para un vecindario que supera los 8.000 habitantes.
Buena parte del alumnado procede de familias madrileñas que han recalado en Seseña ante la imposibilidad de residir en la capital. Entre los progenitores conviven perfiles económicos y formativos muy variados. «Se puede decir que vivir aquí es muy democrático: hay de todo, también gente con mucha formación», apunta Pablo Gómez, jefe de estudios del colegio El Quiñón. La escuela reúne, además, a una importante proporción de niños de origen foráneo. La población extranjera en esta localidad del norte de la provincia roza el 20% del total.
El jefe de estudios alude a la importancia que tienen «el arraigo y aquellas cosas que hacen que las familias se que queden a vivir» en El Quiñón. No hay pasado ni legado sobre el que reconocerse. Gómez, sin embargo, apunta a que la carencia de memoria compartida se viene paliando en las ‘urbas’, como dicen los alumnos. La estructura que forman los bloques de pisos favorece la creación de vínculos entre los más pequeños, un lazo que se extiende a sus padres. Las manzanas se cierran sobre sí mismas «y dentro no hay coches ni problemas de seguridad». Piscinas y zonas comunes son lugares de socialización. Al colegio llegan siendo amigos.
La implicación del barrio con el colegio es fundamental para el éxito. Los profesores agradecen a madres y padres el apoyo recibido. Seguir incrementando un nivel comparativamente más alto que en los tiempos pretéritos es un reto compartido. «Queremos que cada año mejore el proyecto, que haya profesores con continuidad y repitan», proclama Llanos Rodenas, secretaria del CEIP El Quiñón. «Siendo el centro más grande de Castilla-La Mancha tenemos que ser un ejemplo», explica Rodenas. Quien también es la máxima responsable del programa de bilingüismo desgrana sus intenciones de presente y futuro para un centro al que percibe más útil para la sociedad desde la enseñanza de idiomas de calidad.


BILINGÜISMO.

El inglés es una de las banderas del colegio. Rodenas define a su escuela como un «cole dinámico, activo y con un profesorado joven». Abrió sus puertas en diciembre de 2007 para escolares de infantil e inició su primer curso completo, incluyendo primaria, en septiembre de 2008. El programa de bilingüismo se inició hace seis años. Cuenta Rodenas que los alumnos que abandonan el centro en sexto de primaria «tienen ahora un nivel superior» a quienes salían «hace dos o tres años».
El proyecto crece conforme pasan los cursos. «Soy una defensora brutal de la enseñanza bilingüe: es la oportunidad de disfrutar de una educación de calidad sin tener que pagar por ella», remarca la secretaria de la escuela. «Los niños que estudian en un bilingüe mantienen un nivel de inglés superior cuando terminan la secundaria». Tanto Rodenas como Gómez se refieren a las capacidades «cerebrales y estratégicas» que se activan con la conexión de dos lenguas distintas.
El profesorado de El Quiñón participa «en diferentes cursos de formación y cuenta con una consolidada acreditación de idiomas». De los 55 maestros del centro, 22 tienen un alto nivel demostrado: ocho poseen un diploma C1 y el resto atesora un B2. Este año, una profesora estadounidense se ha sumado al plantel como auxiliar. En el colegio defienden «la enseñanza bilingüe real con el inglés real del nativo» que enseña Briana Kvasnicka en infantil. Les gustaría que pasara más horas en el centro -hace 12 cada semana- y han decidido emplearla «en esa etapa en la que los niños son esponjas y no tienen vergüenza». Kvasnicka ayuda a los profesores en cualquier área que se imparte en inglés, también música o psicomotricidad. En primaria, por su parte, el inglés es la lengua en la que se imparten la materia homónima, las ciencias, la música y la educación física. La idea de la gerencia es sumar a la oferta la educación artística.
Desde el colegio lamentan las dificultades de los alumnos para continuar su itinerario bilingüe. «El instituto Margarita Salas les pilla lejos». Otra posibilidad que señalan pasaría por convertir al más cercano IES Las Salinas en un centro bilingüe. Los profesores de El Quiñón no quieren que el recorrido en inglés de sus alumnos se detenga en sexto de primaria y piden que se alargue hasta el final de la enseñanza obligatoria.


ESTANCIA EN DUBLÍN.

Noelia Lapeña, Laura Rodríguez y Sacra Bueno, tres profesoras del colegio El Quiñón, viajaron hasta Dublín enroladas en el programa europeo Erasmus+. Participaron en cinco jornadas dobles, con aprendizaje matutino sobre didácticas y vespertino de metodologías y recursos. «Ahora tenemos que trasladar lo aprendido al resto del profesorado». En las próximas semanas, lo expondrán compilado en una memoria y una presentación por diapositivas en las que incorporarán los recursos y materiales recibidos durante su estancia en la capital irlandesa. El dossier permanecerá disponible para todos los profesores del colegio.
Las tres profesoras aplauden el espíritu de la beca recibida para su formación en el extranjero. Dentro de unos meses viajarán hasta otros centros europeos en una actividad de ‘job shadowing’. Otros ocho compañeros docentes del colegio se han sumado a la red eTwinning para el intercambio de experiencias con otras escuelas europeas. Rodenas loa estos programas que permiten no solo «intercambiar idiomas, sino también compartir culturas y enriquecerse a través de ellas». La semana cultural que cada año organiza el colegio en la primavera tiene como protagonistas a las culturas británica y estadounidense.
Lapeña, Rodríguez y Bueno conocen ahora mejor las estrategias propias del Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas Extranjeras (AICLE) y plantean en sus clases mejores propuestas para la inmersión lingüística en otras áreas que no sean el propio inglés. Las tres definen al programa Erasmus+ como un «recurso súper bueno y útil para la actualización lingüística». Las protagonistas agradecen haber «ido a escuelas de otros países para ver diferentes sistemas educativos».


DEMANDAS.

Aún quedan 17 aulas prefabricadas en el centro. El comedor acoge cada día a 250 niños. «Proporcionalmente hacen falta más recursos», asumen los profesores. Los docentes elevan a la administración regional sus quejas sobre la carencia de «recursos personales y materiales suficientes»: lamentan que solo haya un maestro especialista en pedagogía terapéutica, la falta de un salón de actos y la escasez de pizarras digitales. También exigen más personal en dirección para descargar de trabajo a los que ejercen en un centro cuya comunidad roza el millar de personas.