PP y Vox podrían gobernar en CLM con los resultados del 10-N

J.A.J
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Los 'populares' sólo aventajarían en un escaño, con 10 en total, a Vox, que obtendría 9, en la Cámara autonómica. El PSOE quedaría primero con 13 y UP tendría 1.

PP y Vox podrían gobernar Castilla-La Mancha a medias - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

La extrapolación del resultado de las elecciones generales del pasado domingo a unos comicios autonómicos dejaría un escenario inédito en la historia de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Se trataría de un gobierno a medias entre dos formaciones con fuerzas similares. Serían el PP, con 10 escaños (los mismos que cosechó en mayo), y Vox, con uno menos, que de llegar a un acuerdo formarían un gobierno sustentado sobre 19 diputados, la misma mayoría absoluta de la que disfruta el socialista Emiliano García-Page hoy en solitario.
Lo de la necesidad de un acuerdo entre fuerzas que serían muy parejas es un matiz digno de tener en cuenta. El PSOE, de acuerdo a la extrapolación, salvaría la posición de partido con más escaños aunque sólo tendría 13. Ganarían en todas las provincias, con tres diputados respectivamente en las provincias de Toledo, Albacete y Ciudad Real, y dos respectivamente en Cuenca y Guadalajara. Pero un retorno de Unidas Podemos al Parlamento regional, con un solitario diputado por Toledo, no le bastaría sin más  para retener el Gobierno regional. Sí le ayudaría el artículo 14.5 del Estatuto de Autonomía, con su proverbial cláusula antibloqueos que garantiza el Gobierno para el partido con más escaños si otros no logran conformar una alternativa con mayoría absoluta.
Y no hace falta tener una mente calenturienta para prever un duro tira y afloja entre los ‘populares’ y la extrema derecha si tienen que entenderse para gobernar teniendo cada parte fuerzas similares. Es  un panorama en el que no pueden descartarse arreglos imaginativos como que cada partido se turne dos años en la Presidencia de la Junta, o para que una fuerza lidere el Gobierno regional deba compensar a la otra con la Presidencia de las Cortes. Por  no hablar de un reparto de consejerías que, desde la apariencia de unos números parejos, debería hacerse al 50 por ciento.
Y es que, a pesar de ser el PP la segunda fuerza más votada en cuatro de las cinco provincias, la asignación de escaños a través de la Ley D’hont rebaja su ya de por sí mínima ventaja en votos sobre Vox. Los conservadores empatarían a dos diputados con los ultraconservadores en Albacete y Ciudad Real, y sus dos diputados en Cuenca sobre uno de Vox quedan contrarrestados por un resultado inverso en Guadalajara, dos para los de Abascal por uno para las huestes de Casado. Hay que llegar a Toledo, la provincia con más diputados, para que el empate se deshaga, con tres diputados para el PP y dos para Vox. Aún así, el partido de Abascal  experimentaría, si repitiera estos resultados en unas autonómicas, un importante ascenso. La extrapolación de sus resultados en las elecciones generales de abril le otorgaban cinco diputados regionales, si bien cuando tuvieron lugar los comicios regionales de verdad, en mayo, sus escaños quedaron en cero. No está de más recordar esta flaqueza de los de Vox cuando se trata de elecciones autonómicas, inversamente proporcional a la fortaleza que muestra el PSOE en este tipo de comicios en comparación con los generales.


Ciudadanos, otra vez extraparlamentaria.

La extrapolación de los resultados de las últimas elecciones generales también dejaría fuera del parlamento regional a Ciudadanos, actualmente con cuatro diputados, tal y como le ha ocurrido en el Congreso. Los comicios de este pasado 10 de noviembre han confirmado la cuesta abajo en que se mueve el partido naranja. Así, la extrapolación de los comicios generales de abril a unas autonómicas le daban seis diputados regionales, dos más de los cosechados efectivamente en mayo. A partir de ahora, los liberales deben esperar un cambio de tendencia a partir de la dimisión de su líder, Albert Rivera.