NUEVO SURCO

Javier López


Hora de gigantes

03/06/2020

La hora de la reconstrucción será la hora de los gigantes como lo ha sido el momento de la resistencia en el duro confinamiento. Gigantes como los que ponía en valor La Tribuna este domingo con motivo del día de Castilla-La Mancha, nuestros gigantes cotidianos en la tierra del Quijote, pero con la certeza y la esperanza de que  esta vez sí que venceremos a los molinos de viento por más que se nos presenten con las formas atroces de un virus extraño y poliédrico, asesino y correoso.
Covid-19 ha sido un inesperado visitante en un tiempo que ya era convulso y venía marcado desde hace unos años por el signo de lo incierto. Habrá que hacer indagaciones de fondo para ver con exactitud que tiene que ver su propagación con unas formas de vivir y consumir que nos llevan a un desfiladero, sin respetar los equilibrios, violentando la naturaleza para alimentar más y más un consumismo sin freno, pausa ni cabeza. Será ese el debate de fondo al que estamos irremediablemente abocados, pero lo inmediato es que la maquina de la más estricta supervivencia económica comience a funcionar, y lo haga con la mayor agilidad posible. Llega ahora el momento de reabrir tiendas y bares, pequeños negocios que lucharán para llenarse de nueva vida. A buen seguro que los autónomos y pymes, que son el tejido primordial de nuestra estructura económica, serán los gigantes de los próximos meses.
Antes lo ha sido el personal sanitario, desde los que limpian los pasillos de un hospital que tantos contagios han evitado hasta  el doctor o la doctora más reputada. Gigantes han sido también los miembros del Ejército, cuya labor encomiable les pone sin ninguna duda en la primera línea de un patriotismo serio y con contenido práctico. Gigantes han sido los agricultores,  los empleados del sector de la alimentación, los camioneros que han asegurado nuestras despensas transitando por carreteras desiertas, como recordaba García-Page  este domingo en un acto del día de la región irrepetible en el que estuvieron presentes  representantes de nuestros gigantes esenciales durante el confinamiento. Gigantes han sido los que se han ido por lo que hicieron en su vida, y los que se han quedado, como la toledana Justina Sánchez Pinilla, 86 años, superviviente del virus y dispuesta a seguir dando guerra.
Ahora los gigantes serán los que tengan que levantar su negocio o tengan que reintegrarse en su trabajo con más incomodidades que  antes y más miedos. Gigantes serán los que tengan que afrontar la vida con un Ingreso Mínimo Vital que es muy  justo que se haya aprobado, como ocurre ya en otros países europeos, aunque hay que vincularlo a la autoestima personal, y a los trabajos comunitarios a la vez que a la búsqueda activa de empleo.
La crisis del Covid-19 será un fortalecimiento de nuestros país como espacio de solidaridad si conseguimos que de toda esta gran catástrofe se refuerce nuestro Estado del Bienestar, se fortalezca la sanidad pública, la educación pública y nadie se quede sin recibir lo mínimo de la comunidad de la que forma parte. En ese punto, la autoestima será colectiva. Entonces nos haremos mucho más grandes como pueblo y como una nación digna del nombre de España.
Tendremos, sin embargo, grandes problemas en el frente político, que es el que está flojeando de una forma alarmante con espectáculos bochornosos en la Carrera de San Jerónimo. Es aterrador el nivel. Un gobierno con dos almas, una que trabaja, con mayor o menor acierto, y la otra, presidida por el vicepresidente segundo, que hace propaganda. Una oposición que insulta todo el tiempo y a todas horas, y otra que sabe diferenciar los modos y las maneras. España está partida en dos. A un lado los responsables;  al otro, la frivolidad, la irresponsabilidad y el postureo. Y de todo hay, a diestra y siniestra.
Está claro que hubo errores graves en los primero meses del año. La crisis del Covid-19 nos pilló a por uvas a todos, también a muchos periodistas que estábamos abonados a la teoría de la ‘gripe gamberra’. Habrá que depurar esas responsabilidades, pero la hora de los gigantes exige concentración en el gran objetivo de poner a España en el punto culminante de su reconstrucción. Si somos capaces de hacerlo habremos ganado al virus pero también habremos puesto definitivamente un rumbo cierto hacia la consecución de otros cuarenta o cincuenta años de éxitos si no nos lo impide una naturaleza a la que maltratamos y está al límite. Avisos nos está dando.