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Apuntes históricos sobre La Guardia: el caso del Santo Niño

José García Cano*
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El motivo del secuestro del pequeño Juan, según los testimonios que expresaron al Santo Oficio los inculpados en el proceso, era practicar un hechizo con el cual «morirían todos los cristianos y prevalecería la ley de Moisés»

Antiguo documento sobre el Niño de la Guardia.

Como indicábamos la pasada semana vamos a continuar desgranando una parte de la historia de La Guardia, centrándonos en esta ocasión en el caso del martirio del Santo Niño, el cual es además patrón de la localidad. Su historia es además de interesante, polémica, ya que el contexto en el que ocurre (finales del siglo XV) es un momento clave en la historia del antisemitismo en España. El proceso se ha reproducido en diversos libros y crónicas desde hace siglos, por comparársele al propio martirio de Cristo, ya que lo que le ocurrió al jovencito Juan (o Cristóbal como también le llamaron posteriormente) se asemeja en bastantes puntos con el martirio que se le dio a Jesús. La historia comienza con el secuestro del pequeño Juan, que contaba con 3 ó 4 años, hijo de Alonso Pasamontes y de Juana la Guindera, al cual arrebataron de su madre en la puerta del Perdón de la catedral de Toledo. Juan había sido bautizado en la toledana parroquia de San Andrés. El motivo de tal secuestro y según los testimonios que expresaron al Santo Oficio los inculpados en el proceso, era practicar un hechizo con el cual «morirían todos los cristianos y prevalecería la ley de Moisés». Para realizar tal hechizo, un tal Benito García de las Mesuras (vecino de La Guardia) y procedente de Francia, había contactado con otros vecinos y simpatizantes judíos a los cuales les había hablado de otro caso que se dio en aquél país, en el cual se utilizó un corazón de un niño cristiano y una hostia consagrada, para conseguir envenenar fuentes y ríos, para así acabar con la población cristiana y por extensión con los inquisidores que tanto estaban presionando a la población sefardí. De ahí que Benito junto a Juan (o Yucé Franco) y otros judíos y cristianos de La Guardia, Tembleque y Quintanar, decidiesen preparar el secuestro de un niño al que someterían al martirio de Cristo, encontrándonos por tanto ante un caso de sacrificio ritual de un niño y sobre el cual encontramos multitud de bibliografía al respecto. Sorprende, aún hoy en día, que algunos autores e historiadores duden de la veracidad de la historia del Santo Niño de La Guardia, atribuyendo la historia a una excusa dada a los Reyes Católicos y a la sociedad del momento, para poner aún más contra la pared, a la población judía y consolidar el odio y los sentimientos antisemitas que venían gestándose desde mucho tiempo atrás.

Analizando la historia sobre lo ocurrido al Santo Niño, sabemos que fue el citado Juan Franco, vecino también de La Guardia, el que perpetrara su secuestro, cuando se encontraba jugando junto a la catedral de Toledo, mientras su madre ciega estaba orando. Juan Franco engatusó al niño, ya que llevaba en su carro «ciertas fruslerías» (según el doctor Martínez Moreno, 1786), con las que poder atraerlo y al cual le dijo que era su tío poder engañarlo. Tuvieron al niño secuestrado hasta que llegó el mes de marzo, momento en el cual realizarían el execrable crimen, para asemejar aún más el martirio del jovencito toledano con el de Jesucristo. En las declaraciones que posteriormente hicieron los culpables ante la Santa Inquisición de la ciudad de Ávila, se indica claramente que además de diversos castigos físicos y heridas realizadas al pobre niño, le colocaron una corona de espinas, le hicieron cargar con una cruz y le crucificaron posteriormente, para finalmente extraerle el corazoncito para utilizarlo en aquél extraño conjuro o sortilegio. Cuenta la tradición que cuando Benito García de las Mesuras iba a abrirle el costado derecho para sacarle el corazón, el joven le preguntó: «¿Qué buscas judío? Si buscas el corazón yerras buscándolo en esa parte, búscalo al otro lado y lo encontrarás…», demostrando la crudeza y sentimiento que el pequeño Juan sentía en aquellos momentos.  Posteriormente parecer ser que los judíos sepultaron el cuerpo del Santo Niño (que por cierto no apareció cuando fueron a desenterrarlo) en una viña cerca de la iglesia de Santa María de la Pera y se hicieron con una hostia consagrada que les facilitó un cristiano converso llamado Juan Gómez, sacristán de la iglesia. Poco después Benito García de las Mesuras partiría hacia Zamora a consultar a los sabios rabinos de aquella ciudad sobre como debían proceder, llevando consigo tanto el corazón del niño como la hostia consagrada, la cual quedó custodiada en Ávila, donde aún sigue hoy, concretamente en el convento de Santo Tomás. Benito hizo una parada en Ávila donde la Inquisición le detendría y le haría confesar los delitos cometidos. A raíz de su testimonio fueron detenidos el resto de culpables, entre otros Hernando de Ribera, Juan de Ocaña y el citado Juan Franco, los cuales fueron detenidos por los oficiales del Santo Oficio. Los siete procesados vistieron -como era lógico- los sambenitos que como herejes les colocó la Inquisición, y que estuvieron a la vista en la iglesia de Santo Tomás de Ávila. Muy poco después de hacerse pública la sentencia por parte de la Inquisición, desde la localidad de La Guardia comenzaron a denominar al niño como Santo, derribándose además la casa de Juan Franco, ya que en la cueva que en ella había era donde el niño había recibido los primeros azotes y tormentos. En esa cueva compusieron un altar y posteriormente se edificó una iglesia, en la que en el siglo XVIII había tres altares con los pasos o Misterios de la Pasión de Cristo y que en aquella época denominaban la ermita de Jesús. También se edificó otra ermita pequeña junto a la iglesia de Santa María de la Pera, en el valle, en el lugar en el que el Santo Niño fue sepultado; también se levantó otra ermita en la cueva del cerro donde fue crucificado.

La fama del Niño de La Guardia también llegó hasta los oídos del mismísimo Lope de Vega, el cual escribió una obra titulada El Niño Inocente de La Guardia, el cual seguramente conocía la crónica que redactó fray Rodrigo de Yepes, monje de San Jerónimo el Real de Madrid, publicada en Madrid en 1583, titulada Historia de la muerte y glorioso martirio del Sancto Innocente que llaman de La Guardia. Otras interesantes crónicas sobre el suceso del Santo Niño las escribieron por ejemplo el licenciado Sebastián de Nieva Calvo, notario y comisario del Santo Oficio de la Inquisición y natural de la villa de Tembleque en 1628 o la Historia del Inocente Trinitario, el Sancto Niño de La Guardia, natural de la ciudad de Toledo y oriundo del Reyno de Aragón, escrita por el P. Antonio de Guzmán en Madrid en 1720.

Cada 25 de septiembre los vecinos y devotos no solo de La Guardia si no de muchísimas partes de nuestra provincia, celebran la festividad del Santo Niño, el cual, a pesar de las polémicas y opiniones dispares, es sin duda el mayor ejemplo de fervor y veneración de toda la localidad, convirtiendo la historia de su martirio en una de las más especiales de toda nuestra provincia de Toledo. No en vano desde hace siglos se le atribuyen cientos de milagros que desde prácticamente el siglo XVI se fueron recopilando por los estudiosos y cronistas del Santo Niño.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.