«La desigualdad es social, económica y de género»

Raquel Santamarta
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Federico Buyolo es el número dos de la Agenda 2030 en España. - Foto: Tomás Fernández de Moya

Federico Buyolo es el número dos de la Agenda 2030 en España

El exdiputado socialista Federico Buyolo (Elche, 1971) apuesta por pensar «en el presente y en el futuro», pero también «en el aquí y en el allá» para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos. Cuando asumió la elaboración de la estrategia española para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el 24 de agosto de 2018, lo hizo con el firme convencimiento de que para transformar el mundo primero debemos transformarnos nosotros desde los valores del humanismo. Una silenciosa utopía que, parafraseando a Eduardo Galeano, nos «sirve para caminar». Una brújula que el pasado miércoles puso a funcionar en la Facultad de Derecho de la UCLM para orientar a la comunidad académica en una Agenda 2030 que, en sus propias palabras, es «el nuevo contrato social global».
Casi cuatro años después de la aprobación de esta hoja de ruta para lograr un mundo justo, pacífico y habitable en 2030. ¿Cuáles diría que han sido los principales avances?
Fundamentalmente en el último año, porque hemos perdido tres, hemos conseguido recuperar el tiempo perdido. Primero para generar una estructura de gobernanza de la Agenda 2030 porque, al ser compleja, requiere un modelo multiactor en un Estado desagregado como en el que vivimos. En segundo lugar, se ha incluido en las políticas públicas para una visión integradora. Y, en tercero, se ha estado trabajando en su difusión para que todo el mundo la conozca y se pueda acelerar su implementación. Porque en las encuesta de febrero del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se recoge un grado de conocimiento del 13,1%.
¿Por dónde está pasando la elaboración de la estrategia española para el cumplimiento de los ODS?
Estamos redactando una estrategia que va a nacer desde el diálogo, la aportación de todos los agentes sociales -más allá de los niveles de gobierno nacional, autonómico y local- y la decisión conjunta en un horizonte de diez años. Buscamos un pacto de Estado por el desarrollo sostenible. Un camino de largo recorrido en el que entendamos que para solucionar los problemas del 2030, tenemos que empezar a trabajar ya.
Sostiene que «generar alianzas» es «lo más complicado» que tenemos por delante. ¿No estamos acostumbrados a esta forma de trabajar?
Estamos acostumbrados a trabajar en ‘departamentos estanco’ y necesitamos ese diálogo que permita a la gente entender que todos tenemos que coparticipar en ese desarrollo. Es imprescindible.
De los 17 ODS, con sus 169 metas, ¿cuáles diría que son los más difíciles de cumplir en tiempo y forma?
Acabar con la desigualdad (ODS 10) es lo más difícil, porque implica cambio climático, innovación... La desigualdad es social, económica, territorial y de género, pero también es generacional. Si no acabamos con ella, no podremos avanzar de una manera homogénea. 
Usted siempre ha defendido y promovido la educación como elemento fundamental para el desarrollo sostenible, tanto «para formar como para transformar». Reduce la desigualdad y ayuda a escapar de la pobreza. ¿Diría que el más importante de todos los ODS?
La educación es el instrumento para desarrollarnos. Yo defiendo un modelo de educación que no solo piense en lo económico para ganarnos la vida, sino que también apueste por una dimensión cultural para integrarnos en la sociedad y  personal para tener herramientas que nos permitan desarrollarnos. Y a eso le añadiría un cuarto fin para transformar el mundo en el que estamos más allá de la adquisición de capacidades tecnológicas. Como expuso Jacques Delors en 1994, debemos aprender a aprender, es decir, aprender a conocer, hacer, convivir y ser. Es un modelo que nos permite readaptarnos y ser críticos con el mundo que habitamos, siendo ejes de transformación.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son herederos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y buscan ampliar los éxitos alcanzados con ellos, así como lograr aquellas metas que no fueron conseguidas. Muchos expertos criticaron entonces que «intentaban atajar los síntomas de los problemas, pero no las causas. ¿En qué mejoran el enfoque los actuales?
Los ODM transferían dinero de los países del norte a los del sur para corregir los desequilibrios. Esa solidaridad del 0,7% del PIB, cuando la solidaridad debe ser nuestro compromiso ético con el desarrollo colectivo. No podemos poner parches a un mal modelo económico, sino hacer un desarrollo que permita que nadie desde el origen pierda oportunidades. El eurodiputado y exministro Ramón Jáuregui habla siempre de que la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) no pasa porque las empresas digan en qué se están gastando sus beneficios, sino cómo los obtienen. 

¿El modelo español de cooperación al desarrollo está agotado? ¿Es necesario aumentar las partidas?
Sin duda alguna. Se tienen que aumentar las partidas presupuestarias no solo hasta ese 0,7%, sino que además hay que trabajar en una manera distinta de entender la cooperación.  Ese modelo  humanitario y asistencialista tiene que ser de alianzas de desarrollo. Desde el norte no podemos decir lo que el sur necesita. Hay que trabajar con aquellos países en los que podamos aportar cosas. Cuáles son tus necesidades y cuáles son mis capacidades. Una relación win-win, donde todos salgamos ganando. Necesitamos más recursos económicos, pero también invertirlos de otra manera sabiendo dónde están los cuellos de botella y atendiendo a las necesidades de todas las personas.
Hambre cero. El desafío es muy grande. Según el informe ‘El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición’, hay 821 millones de personas hambrientas en el mundo. ¿Hemos retrocedido en esta meta? ¿Por dónde pasan sus soluciones?
Alrededor de 74 millones de personas o los dos tercios de la población total que sufre hambre en el planeta viven en 21 países o territorios afectados por conflictos.  Al mismo tiempo, tenemos 1.100 millones de personas con sobrepeso u obesidad y un desperdicio alimentario del 30% en los países desarrollados. Es inconcebible que, teniendo los recursos para alimentar a 10.000 millones de personas en el mundo, esté pasando esto. Hay que repensar los modelos de producción, distribución y consumo, entendiendo que la seguridad alimentaria tiene que estar garantizada en cada país del sur con medidas de desarrollo local. Y entendiendo también que los países del norte no podemos quedarnos con sus beneficios.
El ODS 3 establece que para 2030, las epidemias del sida, la tuberculosis y la malaria tienen que ser historia. Sinceramente, ¿lo cree posible?
Con la malaria estamos muy cerca de conseguirlo. La Fundación Bill y Melinda Gates han invertido mucho dinero en este sentido. No podemos aceptar que la segunda causa de muerte en África sea todavía el Sida por detrás de los accidentes de tráfico. Tenemos los recursos para revertir esta tendencia, porque debemos preservar la vida humana en cualquier parte del mundo y a cualquier precio.
La dependencia energética de España supera el 70% mientras que la media europea ronda el 53%. Sin embargo, nuestra climatología y orografía nos hacen un país adecuado para aprovechar fuentes de energía alternativas y limpias. ¿Por qué no acabamos de hacerlo?
No podemos vivir en un país con un 70% de dependencia energética exterior. La nueva ley de transición ecológica va precisamente encaminada a cambiar esto al fijarse como meta el 45% en el año 2030. Esta transformación lleva aparejada innovación y creación de empleo, más 350.000 puestos de trabajo, gracias a la movilización de 200.000 millones de euros en recursos públicos y privados. Tenemos que promover el uso de energías renovables y aportar por una movilidad sostenible (coches eléctricos, vehículos compartidos, transporte público, bicicletas...). Además, no podemos tener una energía tres veces más cara en comparación con el resto de los países. Eso nos hace ser menos competitivos. No es solo una cuestión medioambiental, sino también social y económica.
Piensa global, actúa local. El compromiso de las ciudades es fundamental. ¿Se está poniendo las pilas? ¿Qué municipios pueden ser tomados como ejemplo?
Ya no es solo pensar de manera global y actuar de forma local». Hoy hay problema globales que requieren soluciones locales y viceversa. El cambio climático es global, pero el mundo necesita que las ciudades se impliquen en su abordaje. Hay algunas como Sevilla, Soria, Valencia o Vitoria que están liderando la lucha contra el calentamiento global. Madrid Central es un claro ejemplo y una apuesta muy decidida por una movilidad sostenible. Estas transformaciones cuestan y son complicadas, pero son inexcusables y, por lo tanto, inaplazables. Y las ciudades son  el primer ámbito en el que las personas nos desarrollamos. Tener urbes compactas, habitables, con zonas verdes y alejadas de modelos obsoletos generará cohesión social.
¿Cómo de comprometidos están los principales partidos políticos españoles con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU?
El partido que no esté comprometido con la ciudadanía y con estos objetivos estará fuera de juego y tendrá que dar explicaciones. La Agenda 2030 es un lenguaje universal que nos permite saber si un líder apuesta  o no apuesta por la transformación. En esta legislatura hemos vivido dos modelos: uno de tres años perdidos  y otro de firme apuesta. El desarrollo sostenible tiene que ser una política de Estado.
Hablamos de gobiernos, pero ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros?
Es una manera de entender la vida. Y no solo a la hora de hacer un correcto reciclaje. También debemos saber dónde compramos, qué consumimos, cómo nos movemos y qué exigimos al partido que votamos.
En la consecución del bien común, ¿es más importante la altura de miras o lo son los principios?
Esto es como preguntar si quieres más a papá o a mamá. Hay que tener una visión holística, porque un desarrollo sostenible no puede medirse en el corto plazo, en el aquí y en el ahora. Hoy sabemos de dónde venimos y dónde queremos ir. Debemos hacer que el camino sea real.