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Juan Bravo

BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Las mesas las carga el diablo

20/09/2021

Entre los vicios de la clase política española figura el de ocultar la letra pequeña de los acuerdos y tratar a los españoles como si se tratara de un pueblo semianalfabeto. La reactivación, el pasado jueves, de la mesa de diálogo entre la Generalitat y el Gobierno central ha supuesto un motivo de júbilo para las partes (excepción hecha de JxCat, el hilarante socio de ERC), hasta el punto de que el nuevo ministro de la Presidencia, el recién llegado Bolaños, tomándonos por imberbes, pregona a los cuatro vientos que el procés ha quedado dinamitado, en tanto que su jefe, el señor Sánchez, aunque no tan eufórico, habla de una negociación a largo plazo, ‘sin prisas pero sin pausas’. Y lo más chusco del tema es que Pere Aragonès, president de la Generalitat también daba muestras de satisfacción en su comparecencia ante los medios, luego de  ordenar por lo bajini a un ordenanza o funcionario que, con cautela, cogiera la bandera de España y se la llevara allí donde no produjera escozor.
En lo que se refiere al gobierno Central, dudo, y dudo bien, que estos dos relevantes mandatarios hallaran un hueco en la diplomacia británica (que a sagaz no le gana nadie), pregonando acuerdos a los cuatro vientos y poniéndose medallas que deberían tener buen cuidado en ocultar. Pero es evidente que la prudencia no es lo suyo, como no lo fue de Pablo Iglesias. Menospreciar al contrincante no es propio de seres inteligentes, y a fe que Aragonès, perfectamente apoyado por Junqueras y un partido que las ha visto de todos los colores, conoce perfectamente el terreno que pisa.
La clave aquí, como en la anterior reunión de la mesa, sería conocer la letra pequeña; o sea la factura que han acordado pagar en ese continuo chantaje al que desde Barcelona se está sometiendo al Gobierno en cuestión de dinero contante y sonante, en prestaciones de toda índole y en transferencias. Pasada ya la época del iluminado de Waterloo, la política de ERC adopta como modelo la del PNV, basada en la paciencia (y  la extorsión calculada), con el fin de constituirse como modelo de Estado, allegándose todas y cada una de las transferencias, hasta conseguir el tan ansiado (para ellos, claro está) apoyo del 70% de la ciudadanía, lo que supondría la independencia de facto.
Hay que sembrar para posteriormente sacudir el árbol y ver caer la fruta madura. De ahí la obsesión de los independentistas por la escuela, los institutos y la universidad, instituciones reservadas en exclusiva al catalanismo excluyente. Ahí está la savia del futuro. Ello explica la fobia antiespañola en tales centros y la endogamia sistemática, empezando por la universitaria, que tanto daño ha hecho a la universidad española. Ahora el objetivo son las becas, con el fin de excluir a todo aquel que no comulgue con sus idearios, de sobra conocidos. Evidentemente estamos ante gente tenaz, movida por una inquina feroz para con el gen hispano. Por eso, no dudemos que obtendrán el control de las becas, y obtendrán lo que consideren oportuno con miras a avanzar en su objetivo.
La miopía de Zapatero, Rajoy y ahora Sánchez en este aspecto fue y es inenarrable. En cuanto un mandatario español entra en la Moncloa se siente invulnerable y entra en un proceso acelerado de miopía. Esta mesa, tan demócrata, tan ilusionante, constituye un ejemplo altamente ilustrativo. Que no le extrañe a nuestro presidente que, en breve, muchos otros presidentes autonómicos le pidan, ellos también, una mesa de similares características, especialmente cuando vean cómo los fondos europeos vuelan obstinadamente hacia el mismo sitio. Y que no le extrañe tampoco que la ciudadanía se muestre cada vez más escéptica y desilusionada ante esta deriva de simulacros donde quien más quien menos juega con las cartas marcadas.