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¡Basta ya!, veinticinco años de un clamor

F. J. R.
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Un encierro de NNGG exigiendo la liberación de Miguel Ángel Blanco congregó a centenares de personas de otros partidos y asociaciones que, una vez se confirmó la muerte del edil, desembocó en una de las mayores manifestaciones vividas en Toledo

José Bono y Agustín Conde se colocaron al frente de la pancarta de la manifestación en Toledo contra el asesinato de Miguel Ángel Blanco. - Foto: Dominguín

Todo el mundo recuerda dónde estaba ese día. No falla con las grandes tragedias o los acontecimientos que están llamados a cambiar el mundo. Y en esta ocasión eran ambos. El 13 de julio de 1997 toda España salió a la calle para gritar a la banda terrorista ETA: «¡Basta ya!». Toledo no fue una excepción. La situación ya estaba revuelta desde hace tres días, cuando Miguel Ángel Blanco Garrido, concejal de la localidad vizcaína de Ermua por el Partido Popular, fue secuestrado por tres etarras cuando bajaba del tren para acudir al trabajo. 

La banda exigió el acercamiento de todos sus presos a las cárceles del País Vasco. No había margen de negociación, o se cumplía su requerimiento en 48 horas o el joven edil sería ejecutado.

Todo el país vivió esos dos días con el corazón en un puño, identificándose con Miguel Ángel Blanco y sintiendo el desgarrador dolor de su familia. 

Por toda España comenzaron a surgir movilizaciones espontáneas de gente cansada de tanta barbarie, primero pidiendo la liberación del concejal y luego, una vez se consumó la tragedia, exigiendo el fin de ETA.

La banda terrorista no titubeó. A las 16:50 horas del 12 de julio de 1997, en un paraje de la localidad de Lasarte-Oria, Miguel Ángel Blanco fue asesinado con dos disparos en la cabeza. Estaba de rodillas y con las manos atadas a la espalda. Su cuerpo, aún con vida, fue encontrado por dos vecinos que paseaban por el campo.

De la esperanza se pasó al dolor, y finalmente a las cinco de la madrugada del 13 de julio de 1997 falleció Miguel Ángel Blanco.

En Toledo esas últimas horas se vivieron con la respiración contenida. Los más jóvenes del PP optaron por concentrarse en la sede del partido. Otras organizaciones juveniles, de diferentes signos políticos, no dudaron tampoco en sumarse a ese encierro, dejando al margen sus diferencias políticas.

El presidente entonces de Nuevas Generaciones (NNGG) en Toledo, Emilio Santiago Martínez Morales, recuerda para La Tribuna que todo en esas horas fue «una autentica conmoción, un shock», aunque destaca que le llamó mucho la atención «la extraordinaria unidad entre las fuerzas políticas y la sociedad civil».

«Fue un basta ya al terrorismo desde todos los sitios. Sindicatos, empresarios, asociaciones... todos se unieron», afirma Martínez Morales, que se encargó de gestionar en esos lamentables días las distintas concentraciones espontáneas que terminaron desembocando en una gran manifestación desde la plaza del Ayuntamiento hasta Tavera.

El entonces concejal responsable de la Policía Local, Ángel Muñoz, reconoció que la centralita del Ayuntamiento había colapsado ante el número de llamadas de ciudadanos. «¿Dónde nos concentramos?», ¿A dónde acudimos?» eran sus preguntas horas antes de acudir masivamente a la plaza del Consistorio.

Desde la noche de antes se habían colocado allí velas en memoria del concejal, y fue el lugar elegido para una explosión de rabia contenida. Impotencia, dolor, ganas de hacer algo, de decir lo que en esos momentos sentían, de demostrar que estaban allí, que las víctimas del terrorismo no estaba solas y, lo que fue aún más importante, de hacer ver a los asesinos que ellos eran más.

Hasta el escritor uruguayo Mario Benedetti, que se encontraba en Toledo esos días en un curso sobre literatura, no dudó en manifestar a la agencia Efe que el secuestro de Miguel Ángel Blanco era «una situación atroz», llamando a la liberación del joven y pidiendo una solución antes de llegar a la violencia.

Pero el problema es que ETA sí quería la violencia, y eso precisamente fue lo que les desenmascaró ante una sociedad vasca que, años atrás, había aceptado sus excesos. «Fue la primera vez en el País Vasco que gente que en otros momentos no tuvo valor de salir a la calle por miedo en esa ocasión sí lo hizo. Eran asesinos que estaban en minoría, pero que se creían mayoría», explica el antiguo responsable de NNGG en Toledo, Emilio Santiago Martínez.

Con el entonces alcalde de  la ciudad, Agustín Conde (PP), y el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono (PSOE), a la cabeza de la manifestación, Toledo enarboló una enorme pancarta en la que se leía: «Basta ya». Un jovencísimo Emiliano García-Page caminaba a escasos metros de la cabecera, en la que había una nutrida representación del Partido Popular, pero en la que se integró a todo el mundo, desde sindicatos a empresarios. Las calles del Casco colapsaron y fueron testigo de un clamor espontáneo que, 25 años después, nadie de los que estuvo allí olvida.