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Pilar Gómez

MIS RAZONES

Pilar Gómez


La Semana Grande de Sánchez

18/07/2022

Languidecía la militancia socialista con el espíritu alicaído tras la gran bofetada andaluza. Una derrota sin paliativos, anuncio de un futuro nada esperanzador. Los simpatizantes de la izquierda mostraban también su desánimo a tenor de las encuestas, coincidentes todas en una escalada más que notable de las fuerzas del centro derecha. Algo había que hacer y Pedro Sánchez, el rey de la repentización, aprovechó el momento más oportuno, el debate del Estado de la Nación para modificar el escenario. Ciertamente, lo consiguió. Al menos en una primera instancia. Procedió a anunciar una serie de iniciativas, como el bono gratis para cercanías, la paga de 200 euros, o, sobre todo, el impuestazo a bancos y eléctricas, que reanimaron a su espectro electoral y despertaron cierto entusiasmo entre las bases. Sánchez absorbía los planteamientos de Podemos, giraba abiertamente a la izquierda y le plantaba cara a la derecha con una actitud de corte abiertamente populista. De 'progreso' dicen ellos.
El caso es que el improvisado paquete de medidas (los ministerios aludidos apenas se enteraron unas horas antes de hacerse públicas) tendrán algunas dificultadas a la hora de ser aplicadas y es posible que alguna de ellas incluso sean rebajadas antes de concretarse, como los impuestos.
Es lo mismo, Sánchez vive al día y trabaja tan sólo para las horas siguientes. No planifica, no tiene proyecto de país, carece de un plan serio para atajar la inflación que nos devora o para paliar la crisis energética que producirá enormes sufrimientos este otoño. Es lo mismo, le da igual. Su línea de acción es la propaganda, su marco de gestión es el eslogan. En eso estamos. «Sánchez ha cohesionado su Gobierno», repiten los titulares y analistas. Es posible, pero se trata de una cosecha nimia de dimensión efímera. Al día siguiente, vuelta a la realidad. El pacto con Bildu sobre la Memoria Democrática, una ofensa a la Transición y a los pilares de nuestra democracia, amen de una bofetada a las víctimas del terror. A Sánchez le da igual. Y el viernes, el encuentro con Pere Aragonès para negociar asuntos que permanecen secretos. Nada de transparencia. Así trabajan en el Ejecutivo sanchista. Un panorama incómodo para los socialistas que habrán de enfrentarse a elecciones regionales y locales en mayo. Abrazos con los hermanos políticos de los asesinos y pactos ocultos con el representante de los golpistas catalanes.
Es posible que el presidente del Gobierno cumpla su objetivo ce completar la legislatura. Todo dependerá de si Bruselas sigue comprando deuda española o, en el caso de que el oso de Moscú cierre definitivamente el grifo de gas a Europa, las cosas se pongan tan feas que producirán efectos muy negativos. Entonces, será la hora de sufrir. Y España es el país que peor salió de la crisis de la pandemia (pese a que La Moncloa predique lo contrario) y de los que peor está afrontando la embestida inflacionista. Con Sánchez es inútil hacer predicciones. Pero esta semana de júbilo sanchista no ha terminado bien. Y los próximos meses es de temer que irán peor. Al menos para la mayoría de los españoles, esa masa acrítica y algo anestesiada, que es nuestra sociedad.