Paro y éxodo en la raya toledana del Tajo

Álvaro de la Paz
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Las localidades ribereñas del río que une Toledo con Talavera reducen el tamaño de sus poblaciones en la última década. Los municipios del sur de la comarca de Torrijos mantienen una elevada tasa de desempleo

Paro y éxodo en la raya toledana del Tajo


La crisis económica aún se conjuga en presente en aquellas localidades en las que sus efectos siguen siendo visibles y la recuperación no ha llegado o lo ha hecho solo en forma de alivio. Los datos sobre la evolución de la población y del desempleo en el conjunto de la provincia muestran la existencia de diferentes ritmos de crecimiento en el territorio. La marcha de estas dos variables, notablemente relacionadas, señala la existencia de zonas prósperas y enclaves deprimidos. Mientras que la ciudad de Toledo y su área de influencia, la comarca de La Sagra y aquellas localidades toledanas más septentrionales y situadas junto a la A-4 (Ocaña y Ontígola) y la A-5 (Valmojado y Casarrubios del Monte) despuntan en ambos indicadores, el área occidental y buena parte de la franja manchega decaen. La zona central de la provincia, aquella que emerge paralela al cauce del Tajo, también se ve afectada: el paro sigue alto y su población se reduce.
El triángulo que forman Toledo, Talavera y Torrijos es el corazón geográfico del territorio provincial. El Tajo atraviesa esta porción del mapa privilegiada por la cercanía de tres ciudades de notable tamaño pero afectada por una crisis que comenzó hace más de una década. La recuperación, visible en términos de empleo y recuperación del tejido empresarial en Toledo, esquiva a una zona que trata de volver a las buenas cifras pretéritas pero lo hace a un ritmo más lento: los padrones municipales caen y las poblaciones locales menguan y envejecen.
Pocas localidades ribereñas escapan de esta realidad decreciente. La mayor parte de los pueblos rayanos con las orillas del río son más pequeños ahora que al inicio de la década. Núcleos como Cebolla, El Carpio de Tajo o Malpica de Tajo ejemplifican esta pérdida de atractivo. Las tres localidades tienen entre un 15% y un 20% menos de habitantes que en 2010. Los municipios señalados mantienen un censo que se expresa en millares en los tres casos, pero la suma de los residentes en los tres pueblos acumula 6.778 vecinos en 2019. Son 1.360 menos que hace diez años, cuando su volumen conjunto incluía hasta 8.138 personas. Esta situación se acentúa en el cercano ayuntamiento de Domingo Pérez: el recorte de su censo sobrepasa el 29%.
El camino natural que une las dos grandes urbes de la provincia, levantadas a orillas del río más largo de la península ibérica, continúa sufriendo los estragos de un paro muy elevado. El elemento desempleo despunta como el factor decisivo que explica el letargo en el que se ha sumido esta zona de la provincia encajada alrededor de la ribera del Tajo y retirada del paso de autovías (los trazados de la A-5 y la A-40 se alejan algunos kilómetros de las localidades más afectadas). La alta tasa de paro que soportó la zona durante el quinquenio 2011-2015 se ha reducido lentamente y sigue siendo superior a la de otras áreas toledanas. La falta de trabajo, las pocas posibilidades para incorporarse al mercado laboral desde alguno de estos municipios y las dificultades para el reciclaje profesional están detrás de la huida de una parte de sus vecinos.
El paro en Cebolla se mantiene por encima del 40%. Este dato, correspondiente a diciembre de 2019, explica por sí mismo la situación del municipio, una condición negativa que puede extrapolarse a los pueblos contiguos. La cifra de desempleo en Cazalegas, también ribereño y dependiente en buena medida de Talavera, se sitúa en torno al 33%; en Torrijos, localidad en la que el padrón ha aumentado muy levemente en los últimos años, supera el 21%.
falta de oportunidades. Las pocas oportunidades laborales se han materializado en la pérdida de atractivo residencial. Las industrias tradicionales de la zona, que incluyen, principalmente, las actividades agroalimentarias y aquellas relacionadas con las manufacturas, vieron comprometida su propia pervivencia por el parón del consumo y la debilidad de la demanda interna. Pocas iniciativas nuevas han complementado a estos sectores ya asentados y maduros.
Así, la proximidad del río y la condición de la zona de punto intermedio entre las dos cabeceras toledanas no han sido argumentos suficientes como para mantener su tamaño y su pujanza. La potencialidad del río, un recurso natural que ha favorecido el asentamiento de núcleos de población colindantes a lo largo de la historia, se adivina inútil en este caso. Las localidades ubicadas en esta porción de la provincia, varias de ellas entre los 1.000 y los 5.000 habitantes, padecen una pérdida de talento que puede comprometer su futuro: jóvenes y personas en edad de trabajar se marchan hacia las capitales buscando un horizonte que la realidad de sus pueblos les niega.