"La Iglesia tiene que tener tolerancia cero ante los abusos"

Inmaculada López / Guadalajara
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Entrevista al periodista Juan Ignacio Cortés: «Ante los abusos a menores, la Iglesia lo que necesita es aplicar una política de tolerancia cero, transparencia mil».

"La Iglesia tiene que tener tolerancia cero ante los abusos" - Foto: JUAN LAZARO

Juan Ignacio Cortés (Guadalajara, 1970) fue el primer periodista español en atreverse a realizar un riguroso y arduo trabajo de investigación sobre los casos de pederastia en el seno de la Iglesia católica de nuestro país. El resultado fue Lobos con piel de pastor, un libro publicado hace un año que sigue estando de plena actualidad y que, además, se ha convertido en una referencia obligada a la hora de indagar y hablar sobre la que es, sin duda, la mayor crisis que el clero ha vivido en todo el mundo.
¿Por qué decide adentrarse en esta laboriosa investigación periodística que es Lobos con piel de pastor?
Fue idea de Mari Ángeles López, la actual directora de la editorial San Pablo. Es una periodista de raza y amiga mía desde hace muchos años y fue ella quien me lo propuso. Me dijo que era un libro necesario y que pensaba que yo lo podía hacer bien. Al principio, no me sentía con fuerzas para comenzar la tarea porque verdaderamente es un tema antipático, del que todos nosotros como personas y, en conjunto, como sociedad tendemos a relegar y a no mirar a la cara, frente a frente. Tuvo que insistirme para que aceptara el encargo y, bueno, tras dos años de trabajo, el libro ahí está.
Fue el primer periodista español que decidió profundizar en este asunto recopilando documentación, entrevistando a víctimas, psicólogos, sacerdotes y eclesiásticos. ¿Qué fue lo más difícil del proceso de preparación del libro?
Lo más difícil fue, por un lado, encontrar datos sobre España porque, hasta hace unos meses, éste era un tema totalmente tabú, del que no se hablaba. Todos sabíamos de la existencia de los grandes casos de pederastia dentro de la Iglesia en Estados Unidos, en Irlanda, en Alemania... pero era algo que sucedía en otros países, lejos de aquí. Ésa era una visión que a la Iglesia española le interesaba fomentar y que, en general, la gente daba por buena. Por ello, fue muy complicado encontrar datos sobre España. De hecho, el libro no llega a ninguna conclusión en cuanto al posible número de casos que existen en nuestro país porque es muy difícil saberlo, precisamente, porque ese gran escándalo todavía no se ha producido. La otra dificultad fue enfrentarme al horror de la historia cuando leía libros sobre lo que ha pasado en otros países y, sobre todo, al horror de los testimonios cuando entrevisté a víctimas que habían sufrido abusos sexuales.
Desde que su libro salió publicado, ha habido novedades y avances. ¿Cómo valora esa histórica Cumbre contra la pederastia celebrada en el Vaticano hace 15 días?
En un primer momento, despertó grandes expectativas. Después, según el mismo Papa iba haciendo declaraciones contradictorias, esas expectativas se fueron enfriando. La Cumbre debía ir en paralelo a todo un proceso en las conferencias episcopales de los distintos países donde se supone que los obispos responsables debían encontrarse con víctimas y remitir un informe a la Comisión Pontificia para la Tutela de Menores sobre cómo estaban afrontando el problema. Que se sepa, en España, nada de eso ha sucedido. No se ha hecho público el informe que la Comisión Episcopal Española, supuestamente, tenía que remitir al Vaticano. Lo único que se anunció en su día fue la formación de una comisión para la reforma de los protocolos de actuación de la Iglesia Católica española, unos protocolos de 2010 que son vergonzosos porque las víctimas son tratadas como una amenaza más que como personas que necesitan atención y cuidado, que merecen justicia y reparación porque sus derechos han sido violados. De esa comisión tampoco sabemos nada. Lo único que los obispos españoles han anunciado después de la Cumbre del Vaticano es que ellos no van a investigar los casos de pederastia que han sucedido en el pasado, que no van a hacerlo como Conferencia Episcopal, lo cual es un poco más de lo mismo. Yo suelo decir que, ante los abusos a menores, la Iglesia lo que necesita es aplicar una política de tolerancia cero, transparencia mil. Y no sé si estamos ante tolerancia mil, pero sí ante transparencia cero. 
¿Puede hacer algo la Iglesia para resarcir el dolor que ha causado a tantas víctimas en todo el mundo?
Lo primero que se debería hacer es acoger a las víctimas, preocuparse por sus necesidades, entregar a los culpables a la Justicia y no encubrirlos, poner fin a la impunidad como ha sido una práctica habitual hasta ahora. Y, luego, levantar el secreto pontificio que rodea a todo este asunto. 
En concreto, ¿qué opina de la actitud que está tomando el Papa Francisco ante esta lacra? 
El Papa ido dando bandazos, no ha seguido un línea muy coherente. En el fondo de su corazón, creo que le duelen los abusos y sabe que la Iglesia se juega su credibilidad en este asunto. Sin embargo, él que tuvo tanto valor para convocar esta Cumbre, luego no lo ha tenido para llevarla hasta sus últimas consecuencias. De hecho, víctimas como Miguel Ángel Hurtado, abusado en el Monasterio de Montserrat, dijo que el discurso de clausura del Papa fue una bofetada para las víctimas. La Cumbre del Vaticano se quedó en meras palabras, en meras declaraciones de intenciones que no llevan a ningún sitio. El tiempo de la palabras ya ha pasado y, ahora, lo que se necesitan son hechos. 
¿Cree que investigaciones como la suya junto con informaciones publicadas en otros medios han sido determinantes para que hablar de pederastia en la Iglesia haya dejado de ser un tema tabú y para que las víctimas se atrevan a contarlo?
En todos los países donde ha saltado el escándalo, donde se hablado del escándalo y donde las víctimas han salido al frente se ha debido a dos factores. Primero, al valor de las víctimas que han denunciado y, después, al valor de los medios de comunicación que han contado sus historias, que les han hecho caso, que les han creído y que han apostado por poner el tema encima de la mesa. Esta historia se repite en Irlanda, en Estados Unidos… En España, por ejemplo, la Conferencia Episcopal anunció la creación de una comisión para modificar sus protocolos de actuación a raíz de que los grandes medios empezaron a publicar artículos sobre el tema desvelando nuevos casos. 
¿Cree que quedan todavía muchas víctimas ocultas?
En España, quedan muchísimas víctimas ocultas, casi todas. Ahora mismo, se conocen unos 80 casos con poco más de un centenar de víctimas. Pero, por ejemplo, otras 200 víctimas han escrito a El País contando sus testimonios que están siendo verificados para ser publicados. Hasta ahora, lo que conocemos es sólo una parte ínfima.
¿Considera que este escándalo está pasando factura a la credibilidad de la Iglesia incluso entre sus propios fieles? 
Creo que sí. La Iglesia Católica proclama estándares morales muy altos y no siempre ella misma los cumple. El caso de la pederastia deja en evidencia muchas cosas como es la hipocresía que tiene la doctrina de la Iglesia con respecto al sexo en general y, en concreto, con respecto a las personas que tienen tendencias homosexuales. 
¿Está satisfecho con la acogida que está teniendo su libro?
Sí, la valoración es muy positiva. Este libro es una iniciativa muy valiente de una editorial católica y pequeña y es un libro que aborda un tema espinoso, muy duro. Incluso gente muy cercana a mí me ha dicho «he tenido que parar de leer» o «lo estoy leyendo por partes porque llega un momento en que no soporto los horrores que describe». Evidentemente, no es el libro que uno se llevaría a la piscina, tiene que haber un interés por leerlo. Está teniendo unas ventas dignas, muchas más de las que esperaba y, sobre todo, lo importante es que ha tenido repercusión, ha dado lugar a entrevistas como ésta y a hablar del tema en otros medios de comunicación.
Muchos medios españoles le toman como especialista en este asunto. ¿Se siente un referente?
No lo sé. Lo que sí siento, y en eso tengo cierto orgullo creo que merecido, es haber hecho una contribución a poner este tema encima de la mesa, a sacarlo de debajo de las alfombras y de dentro de los armarios. En ese sentido, el libro ha cumplido su objetivo con creces.
A nivel laboral, siempre ha estado vinculado a temas sociales, al mundo de la cooperación, al desarrollo del Tercer Mundo… ¿Qué le motiva relacionar su profesión con los más desfavorecidos?
Mis padres eran unas personas con un sentido de la justicia, de la solidaridad y de la hospitalidad bastante grande y eso ha tenido un impacto en mi personalidad. Digamos que la semilla que plantaron mis padres ha crecido.
¿Cómo valora el panorama actual del periodismo? ¿Hace falta más periodismo de investigación?
Creo que el estado de la profesión es manifiestamente mejorable. Los medios invierten muy poco en periodistas, no se valora la calidad de lo que se produce sino que se valora mucho más el impacto que puede tener en términos de clicks, de audiencia… Eso es un factor importante, pero que el posible rendimiento económico sea lo que determine cómo informas y de qué informas es muy triste. Y, luego, la precariedad económica en la que vivimos la mayoría de los periodistas pues, claro, fomenta la docilidad, es más difícil defender una historia cuando ves que lo que está en juego es tu supervivencia.
¿Trabaja en otro proyecto periodístico de este tipo?
En estos momentos, estoy trabajando como consultor de comunicación para algunas empresas en Madrid y para otras en Italia como es el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola. Pero no descarto repetir algún trabajo más en esta línea. En todo caso, producir este libro supuso una dedicación de dos años y hay que medir fuerzas. Además, un año después de su publicación, Lobos con piel de pastor sigue teniendo recorrido. Afortunadamente, el tema sigue de actualidad porque están saliendo a la luz nuevas víctimas que denuncian. El libro aún está vivo y esta entrevista es prueba de ello.