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El bordado de Lagartera va camino del BIC

Efe
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La Junta ha iniciado el expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural, promovida por el Ayuntamiento, la familia García Alía y otras personalidad de la localidad de la Campana de Oropesa

El bordado de Lagartera va camino del BIC - Foto: Manu Reino

El Gobierno de Castilla-La Mancha ha iniciado el expediente para declarar Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Bien Inmaterial, las labores de Lagartera, una artesanía textil que se remonta a época medieval y que está documentada en textos desde el siglo XV.

La resolución de la Viceconsejería de Cultura y Deportes, publicada este miércoles en el Diario Oficial de la región, explica que la declaración de BIC de las labores de Lagartera se justifica porque sus vecinos han sabido preservar tradicionalmente esta «sobresaliente manifestación cultural con su esfuerzo y dedicación».

La solicitud de declaración ha sido presentada por Ana D. Navarro con el apoyo del Ayuntamiento de Lagartera, la familia García Alía, en especial la maestra artesana Pepita Alía, y otras personas de la localidad.

Las labores de Lagartera se han transmitido y adaptado de generación en generación desde época medieval y a partir del siglo XVI hay referencias documentales de estas labores, en concreto un documento que vincula a Juana de Toledo, condesa de Orgaz, con tres mujeres lagarteranas a las que acudió para que decoraran algunas prendas litúrgicas con punto de espíritu. 

Otra referencia histórica está en el confesor de los Reyes Católicos, fray Hernando de Talavera, quien en el siglo XV alude en el tomo VII de 'Demasías en el vestir y en el comer' a las ricas y excesivas decoraciones de las indumentarias en Lagartera.

A tenor de la terminología que se utiliza para estas labores, algunas mujeres de Lagartera señalan que antiguamente se llamaba costureras a las mujeres que bordaban, y que a los hombres y mujeres que se dedicaban al comercio de las labores (normalmente eran familias) y distribuían las telas e hilos por los domicilios de las costureras se les llamaba traperos o manteleros.

Según la profesora Guadalupe Fernández, hasta la Revolución Industrial el bordador y el encajero era un oficio de hombres y tenía «mucho prestigio social», ya que eran considerados artistas, pero la Real Orden de 1779 facilitó y alentó el empleo de la mujer en trabajos de bordados, encajes y manufacturas y éstas pasaron a ser consideradas actividades femeninas artesanales y no artísticas. 

Guadalupe Fernández también subraya que aunque fuera considerado un oficio de hombres, no significa que las mujeres no bordaban: lo harían, con toda seguridad, en el ámbito familiar.

Esta investigadora apunta, en el expediente, que la manufactura de los bordados en Lagartera nació en la Desamortización de Mendizábal, ya que en 1853 el Ayuntamiento vende parte de las propiedades comunitarias del pueblo y la población empieza a vender piezas útiles, trajes, dechados, en tiendas de Madrid y Sevilla, principalmente, para salir de la pobreza.

Un trabajo de campo realizado por la directora del Museo de Lagartera, María del Prado Calatrava, basado en entrevistas directas a varias familias, detalla que a principios de siglo XX las lagarteranas comenzaron a hacer viajes a diversas ciudades españolas, con un gran esfuerzo y pocos recursos, para vender primero sus paños y después sus bordados. 

Estas mujeres llamaban la atención con sus indumentarias, que era su vestimenta habitual, y poco a poco lograron consolidar una clientela fija, que, a su vez, difundía las labores adquiridas en sus círculos sociales y profesionales y de esta manera las lagarteranas ampliaron su comercio que, además, pasó muchas veces de generación en generación, hasta la actualidad.

Desde antes de la Guerra Civil y hasta mediados de los años 60 hubo en Lagarteras más de 40 casas-talleres, donde las niñas a partir de los 11 años aprendían las técnicas; los hombres eran, por lo general, los planchadores y cortadores, y las mujeres comerciaban y hacían muestras, a veces fijándose en cerámicas u otros objetos.

Los pueblos cercanos también trabajaban para las familias comerciantes de bordados de Lagartera, de modo que en los años 60 y 70 del siglo pasado había costureras en pueblos de la Jara, del Campo Arañuelo y de La Vera.

La demanda de esta producción bajó a finales del siglo XX y en este momento quedan «muy pocas familias» que se dedican en exclusiva a este comercio y también se va perdiendo la transmisión del oficio de madres a hijas pero todavía hoy las mujeres de Lagartera «sienten un alto grado de apego por el traje de su pueblo» y se sienten muy identificadas con él y conectadas con sus generaciones antepasadas al vestirlo. 

El expediente para declarar BIC estas labores conocidas internacionalmente incluye la clasificación y descripción de las técnicas que se utilizan para las labores, las prendas que incluyen la indumentaria tradicional y los ajuares (domésticos y litúrgicos) o el ritual en el vestir, entre otros aspectos.

La Viceconsejería de Cultura ha abierto un plazo de información pública de un mes para examinar el expediente y presentar alegaciones.