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Unas manos que rebosan siglos de historia

Jaime Galán
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María Dolores Díaz de Miranda se encarga de restaurar documentos históricos en el Hospital de Tavera. Su éxito es que su trabajo pase desapercibido.

Unas manos que rebosan siglos de historia - Foto: Yolanda Lancha

No es una persona conocida o famosa, ni busca serlo, pero su labor en la ciudad y en el país es fundamental para preservar lo que nos hace ricos, nuestro patrimonio. Ella es María Dolores Díaz de Miranda, una monja benedictina asturiana de nacimiento que, por cuestiones de trabajo, se encuentra en Toledo. Concretamente, desempeña sus funciones en el Hospital de Tavera, donde la ubicó la Fundación Casa Ducal de Medinaceli al situarse allí  el Archivo Histórico de la Nobleza, uno de los más importantes del país.

En su día a día, María Dolores se encarga de realizar los diagnósticos de los diferentes documentos que llegan a su taller de restauración, ya sean para encuadernarlos, recuperar el texto de sus páginas, o incluso hacerlos injertos si están demasiado deteriorados. Ella misma reconoce que por sus manos han pasado documentos «de todos los reyes, desde Alfonso X, ahora sobre todo, hasta de Isabel II o de los monarcas más actuales». De hecho, apunta que el elemento más antiguo que ha pasado por su taller sería del siglo IV, tratándose de «fragmentos de pergaminos del Medio Oriente sacados del Evangelio de San Lucas».

En general, ella se dedica a restaurar papel, pero dentro de esta categoría entran pergaminos o papiros de diferentes características y épocas. Como anécdota, ella cuenta que su formación es Medicina, solo que por circunstancias de la vida también se formó con el doctorado de Restauración en Papel y en Teología. Entonces, narra como con su orden monástica de Oviedo empezó a hacer labores de encuadernación y restauración, y ahí fue donde entendió que ese trabajo era el que había estudiado inicialmente, solo que cambiando personas por libros. «Cuando yo llego al taller lo primero que tengo que hacer es un diagnóstico con bisturí en mano. El paciente es el libro o documento en cuestión y el objetivo es su recuperación. Además, ahora me encuentro en el Hospital de Tavera, antes se trataban a personas y ahora a estos ejemplares» relata Díaz de Miranda.

Unas manos que rebosan siglos de historiaUnas manos que rebosan siglos de historia - Foto: Yolanda LanchaEn esos diagnósticos mencionados, la restauradora busca «ver de qué padece cada ejemplar», es decir, si presenta rotos, humedades, manchas o arrugas, dado que muchos de estos elementos se guardan durante siglos doblados o plegados. Según el tipo de papel, María Dolores puede obtener hasta 114 datos referentes a su fecha, autor o reinado, entre otros. Dependiendo de la patología del mismo,  el proceso a elaborar es uno u otro ya que por ejemplo, solo con el material el pergamino está hecho a base de piel animal, mientras que el papiro son fibras vegetales. 

En el caso de documentos con colores, es complejo conservar sus pigmentos con el paso de los siglos, por lo que debe evaluar la estabilidad de los mismos ampliando la vista con lupa para poder valorar sus capas pictóricas.

Como ejemplo puso un pergamino de Fernando III El Santo que se expuso en la pasada muestra 'El linaje del Rey Sabio' en el propio Museo de Tavera. Al medir este tres metros de largo, María Dolores cuenta que para humedecerlo tuvo que convertir todo el taller en un invernadero.

Unas manos que rebosan siglos de historiaUnas manos que rebosan siglos de historia - Foto: Yolanda LanchaLa restauradora también ha trabajado en numerosas ocasiones para la Catedral de Toledo, especialmente para restaurar sus cantorales. De hecho, Díaz de Miranda narra como en uno de sus primeros trabajos para el Templo Primado «sufrí mareos y malestar» por el mal estado en el que se encontraban. Aunque reconoce que «fue posible restaurarlos». Esto se debió a que se conservaban en un espacio a gran temperatura, algo que aunque no lo parezca influye en el proceso. Tal es así que María Dolores desvela que un mismo material no se conserva igual en Asturias que en Toledo, porque la humedad relativa puede rondar los 90 grados en el norte y los 30 en Toledo, lo que afecta a su humedad o hidratación.

Este trabajo de restauración, además, tiene un componente sentimental en determinadas ocasiones. Díaz de Miranda destaca que no todos los elementos son del mismo tipo, unos son meros registros de pacientes del hospital, otros son cartas pueblas firmadas por reyes o, incluso, «son cartas de despedida de un hombre a su pareja porque este va a la guerra, así como otros testimonios que relatan el sufrimiento humano».

En definitiva, la labor de María Dolores Díaz de Miranda no se puede resumir en unas pocas líneas, pero ella deja claro que su función es ser invisible, «cuanto menos se aprecie mi huella en un documento, más valioso será».