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Ángel Monterrubio

Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Carmen Laforet y el Tajo en Talavera

09/11/2022

Al cumplirse el centenario del nacimiento de Carmen Laforet, septiembre de 1921, se han sucedido las exposiciones y escritos sobre diferentes aspectos de la enigmática autora de la novela 'Nada', primera ganadora del Premio Nadal en 1944. Carmen Laforet tiene raíces toledanas, su madre, Teodora Díaz Molina, era toledana, de familia humilde, hace sus primeros estudios en una escuela de niñas pobres y luego magisterio en la Normal de Maestras, situada en la planta baja del palacio provincial de la Diputación. Allí conocerá a Eduardo Laforet, arquitecto, que daba clases de Dibujo, con el que se casará a los 18 años, Carmen será su primera hija. La familia, que vive en Barcelona, se traslada pronto a Las Palmas de Gran Canaria.
Durante el año 1972 Carmen Laforet fue publicando en el periódico ABC retazos de su vida que titulaba 'Diario de Carmen Laforet'. En el del día 3 de junio habla del impacto de los ríos en su vida y detalla cómo su familia pasaba las vacaciones de verano en una casita entre pinares cerca de Arenas de San Pedro, lindera con el río Pelayo y cómo el río que más la marcó en su vida fue el Tajo en Talavera una tarde de estío en que llegó a la ciudad para conocer a sus primas, que vivían en la ciudad -y a la que volvería en aquellos años con cierta frecuencia- y se fueron a bañar al río.
Espero que perdonen una cita tan larga, pero merece la pena rescatarla. Dice así: «Aún más lejos en mis años está el Tajo en Talavera de la Reina. En Talavera de la Reina el Tajo fue el primer río en que me sumergí, el que me dio contacto con todos los ríos del mundo. El primer día fue una estampa de égloga. Media docena de muchachas de 12 a 20 años de edad. Mis primas, recién conocidas, y yo. Encontramos el lugar más secreto donde el sol se metía en flechas de fuego y deslumbraba en la superficie del agua. Remendó nuestras ropas colgadas de los árboles, descuido y libertad total. Un pastorcillo adolescente apareció de pronto apartando el ramaje de la otra orilla, llevaba su sombrero de fieltro y un perro y un zurrón y le seguía su ganado. Se espantó de nuestros abucheos y nuestras risas y echó a correr después de un salto cómico seguido de las cabras y de nuestras carcajadas más locas».

«El río que más la marcó en su vida fue el Tajo en Talavera una tarde de estío en que llegó a la ciudad para conocer a sus primas»