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Pedro Carreño

La Ínsula

Pedro Carreño


El retrovisor

28/06/2022

Mañana es San Pedro y San Pablo, santos de mucho empaque. Una fecha apropiada para felicitar a los agraciados que responden a esos nombres clásicos, legados por el pescador y el recaudador de impuestos.
Responder hoy al nombre de Pablo o Pedro, ya no es muy habitual. Según el registro civil -o las voces que cada vez se oyen menos en los parques-, llamarse Pedrito o Pablete no parece estar muy a la última. Las modas también afectan a los nombres de los niños y de las niñas.
Pero tranquilícese el lector: la columna de hoy no va por los gustos y tendencias en el momento de adjudicar nombres a los chiquillos. Lo de recordar aquí el santoral, en esta semana que decapita junio, va por otro carril.
Los santos de mañana nos aproximan a una fecha que encierra un hecho inexorable, y que se repite año tras año. Nos aproxima a una hoja del calendario a punto de caerse, que nos recuerda que estamos en el ecuador del año. Una cita con esa línea invisible que divide los 365 días de hogaño. Con ese recuerdo que nos trae a la memoria las seis veces que hemos transitado por el calendario anual. Un tic tac que nos dice que se ha ido la mitad de este año. C´est la vie.
Desde la atalaya del santoral de mañana, se divisan dos horizontes. Lógicamente, el que tenemos delante y el que dejamos atrás. Si miramos lo que dejamos a la espalda, no parece que lo consumido en este año sea para tirar cohetes. Entre otras cosas, porque ya los están tirando -muchos y sin sentido- en Ucrania. Lo que está pasando en aquel país, ha marcado y marcará este año. Seguramente, también los siguientes.
El espejo retrovisor del almanaque ya quemado, deja más imágenes. La de un Pablo Casado saliendo por la puerta de atrás de Génova, y la de un Feijoó haciendo la ruta Xacobea en camino inverso. También, la de un presidente del Gobierno presumiendo de 'equipazo'; la de muchos terroristas regresando a sus pueblos entre vítores y aplausos, y la de los condenados por el procés festejando su salida de prisión.
En la retina del semestre, también se guarda la derrota histórica para las huestes socialistas más allá de Despeñaperros. Y otra, algo más dulce allá por febrero, en los campos de Castilla y León.
Los seis primeros meses del año han secado muchos depósitos de gasolina, vaciado muchas neveras y alzado al cielo el recibo de la luz. También hemos conocido una nueva forma de tratar a nuestros vecinos del Sur. Pocas veces, por no decir ninguna, hemos tenido de morros a Marruecos, Argelia y a los del Polisario a la vez.
Esta primera parte del año también deja más cromos. Para los libros de ciencia, quedará en la memoria el fin de las mascarillas, y la supuesta victoria sobre el Covid. También, nuestra olvidada vinculación darwiniana con el simio y sus enfermedades.
Ahora toca mirar a lo que resta del calendario. Por San Silvestre (este nombre si que no suena en los parques y guarderías) habrá que volver a mirar atrás, para hacer una balance más completo de este año repleto de patitos.
Ahora, clavar la vista en el horizonte, da vértigo.