Editorial

El paulatino regreso a la normalidad exige un control mucho más férreo

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El próximo lunes nuestro país recobrará cierta sensación de normalidad, dentro de la absoluta y durísima anormalidad impuesta por la pandemia del Covid-19. Volverán a ponerse en marcha los sectores de la construcción y la industria, al concluir el periodo de permisos retribuidos para las actividades consideradas no esenciales. Esa medida dará cierto respiro a la economía nacional, pero conllevará riesgos que hay que intentar minimizar con todos los medios al alcance de empresarios, empleados, responsables institucionales y fuerzas de seguridad.
Si ya estos días se viene notando una cierta relajación en la observancia de las medidas de confinamiento, con más gente en las calles, que podría aumentar con la llegada de los días festivos de Semana Santa y la mejoría del tiempo, a partir del lunes la cosa tiene todos los visos de empeorar. Habrá más circulación de vehículos particulares y de empresa y una mayor utilización del transporte público, pero además se producirá la cercanía propia de quienes comparten un mismo lugar de trabajo y esto último exige unas medidas de seguridad que quizá no todos puedan garantizar, a priori. De ahí que exista preocupación entre los trabajadores y sus familias y entre los empresarios que en estos momentos se debaten entre recuperar la producción y la actividad y evitar el riesgo de contagio.
¿Disponen los talleres y las cadenas de fabricación de mascarillas, gafas protectoras, geles desinfectantes, incluso ropa adecuada para uso de sus plantillas, que garantice esa seguridad? ¿Podrán observar de manera permanente la separación de dos metros entre los trabajadores? ¿Y qué pasa con las personas contagiadas, pero asintomáticas, que no se han sometido a ningún tipo de test y pueden ser un foco que extienda de manera exponencial la epidemia, ahora que esta empezaba a mostrar signos de descenso? ¿Tendrán que multiplicar sus controles viarios la Policía y el Ejército para asegurar que solo salen quienes de verdad están autorizados para hacerlo?
Son demasiadas preguntas para las que todavía no hay respuesta. Se empiezan a hacer ahora los test rápidos a sectores amplios de la población, pero esto, como otras medidas, ha llegado con retraso y un poco al albur de los acontecimientos, de manera que ahora mismo es imposible determinar en qué grado se incrementan los riesgos y en cuál hay que elevar los controles. Hay que confiar, eso sí, en la responsabilidad de los propios empresarios, trabajadores, proveedores y clientes y cierto es que la inmensa mayoría la pone en práctica a diario y seguro que la extrema a partir del lunes, pero en este caso, un único garbanzo negro puede arruinar el cocido.