En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Lo de ‘nación de naciones’ no es de hoy

Empeñados en colgarle sambenitos al ex presidente Zapatero, y de paso reventar el camino de Pedro Sánchez hacia su investidura, algunos sostienen que el ‘España, nación de naciones’ fue ocurrencia suya. Pero la cosa viene de atrás. La autoría intelectual del aserto corresponde a Anselmo Carretero, ingeniero, escritor y socialista, quien en los años cincuenta, exiliado en México, defendió la integración nacional de las ‘Españas’. Centró sus ensayos en los procesos históricos que conformaron los diferentes pueblos que la constituyen, así como las contradicciones entre la naturaleza plural del país con el centralismo impuesto por las oligarquías durante siglos.
En los debates para redactar la Constitución, Gregorio Peces-Barba, ponente socialista, sostuvo que nacionalidad era sinónimo de nación, por lo que, como Carretero, debía hablarse de ‘nación de naciones’. Aquel planteamiento, demasiado fuerte para Fraga y otros constituyentes, derivó en algo menos rotundo, reconociéndose y garantizándose el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran la nación española, patria común e indivisible de todos.
En sus ciento cuarenta años de historia, el debate sobre cómo dar respuesta a nuestra diversidad territorial ha estado presente en el PSOE. Es el único partido estatal que de vez en cuando se atreve con ello. En 2013, Rubalcaba, por entonces secretario general, armonizó las diferentes sensibilidades internas en la Declaración de Granada, atisbando al federalismo, previa reforma consensuada de la Constitución, como salida a tal asunto. Ese sentimiento no era nuevo. Hace ya un siglo, en su undécimo Congreso, los socialistas aprobaron una moción de corte federal pidiendo no ignorar la convivencia de las regiones que tienen personalidad y características diferenciadas unas de otras.
Andalucía, Aragón, Comunidad Valenciana, Galicia, Islas Baleares, Canarias, Cataluña y País Vasco se definen en sus Estatutos como ‘nacionalidad’. La palabra ‘federal’, que para muchos huele a azufre, proviene del latín ‘foederare’, unir por medio de alianzas. El federalismo moderno nació para adherir estados independientes con la articulación de instituciones comunes, sin renunciar a entidades propias. Alemania, Suiza o Estados Unidos son ejemplos de ello. Alguna vez deberemos ponerle cascabel a este gato.