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El POM suprime la Avenida Carlos III para preservar el Circo

M.G
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El documento contempla la posibilidad para descargar la presión de tráfico en la zona si se refuerza la calle Más del Rivero y la intersección con las calles Méjico y Avenida de América. La recuperación del Circo Romano también es prioritaria

El POM suprime la Avenida Carlos III para preservar el Circo - Foto: Yolanda Lancha

El futuro Plan de Ordenación Municipal (POM) mira con especial atención a Vega Baja. Hasta la fecha, desde el equipo de Gobierno municipal se insiste en que el documento pondrá por escrito la prohibición de construir viviendas y los grandes objetivos para este área pasan por preservar y recuperar el parque arqueológico y acercar a la ciudadanía una zona de la ciudad que ha quedado aislada, potenciando el ocio en parte de los terrenos en los que puedan llevarse a cabo distintas actuaciones. 

Los planes para Vega Baja son ambiciosos, su futuro es prioritario y «uno de los grandes retos» del futuro POM. De momento, no está todo por escrito porque acaba de salir a la luz el documento de avance del plan urbanístico,  que incluye una memoria, el diagnóstico y las líneas principales de crecimiento de la ciudad, pero ya se han dibujado los planes para Vega Baja a pesar de que están abiertos a cambios porque se ha planteado un plazo de participación para enriquecer este borrador antes de su redacción definitiva a principios de 2023.

«Vega Baja y el Circo Romano han pasado de ser el posible gran ensanche de la ciudad a convertirse en la mayor zona vacante de la misma, con signos evidentes de degradación en el centro de la ciudad». Así se resume la situación y los técnicos municipales han dejado claro en este avance del POM «la preocupación «por la ordenación» y el futuro de una zona vital que debe aferrarse a unos objetivos muy concretos que compatibilicen «la protección con el desarrollo y puesta en valor del patrimonio cultural y natural», de manera que amplíe su oferta y ayude a «difuminar la presión turística sobre el Casco Histórico».

El futuro urbanístico de Vega Baja, un área de más de 625.000 m2, pasa «por devolvérsela a la ciudadanía para su uso y disfrute» y el primer paso consistirá en suprimir la ordenación aprobada en su momento y fijar la prohibición de usos residenciales en la zona, algo que ya se dejó claro hace años a raíz de la retirada del proyecto de construcción de 1.300 viviendas, pero exige dejar constancia por escrito. 

El segundo paso, sin duda, buscará planteamientos respetuosos y adecuados al entorno, rescatando los valores arqueológicos, paisajísticos, culturales y sociales en las distintas actuaciones. En principio, la zona parte «sin una calificación concreta del suelo» y cualquier planteamiento tendrá que pasar por el visto bueno de las administraciones, ya que hace menos de un año el Ministerio de Cultura, la Junta y el Ayuntamiento firmaron un convenio para el futuro de Vega Baja. 

El avance del POM no se queda en un catálogo de intenciones y señala alguna iniciativa que podría ayudar a reconfigurar el espacio y a devolver la centralidad a Vega Baja. Por tanto, se plantea la posibilidad de suprimir la Avenida Carlos III con el objetivo «de preservar el Circo Romano del tráfico rodado». Si bien, esta opción tendrá que acompañarse de otras medidas para evitar problemas de tráfico, con lo que también se propone reforzar la calle Más del Rivero y la intersección con las calles Méjico y Avenida de América.

Esta última actuación cobraría un significado especial en el futuro planeamiento de la ciudad, puesto que se convertirían en los «ejes básicos» para ordenar Santa Teresa a modo de retícula ortogonal, una oportunidad que perdió el Plan General  del 86 y que aún es posible rescatar para que el barrio se convierta en «una pieza de enlace con el resto del ensanche urbano», teniendo en cuenta que Vega Baja incluye tres BIC -Circo Romano, parque arqueológico y Cristo de la Vega- y el área de la Fábrica de Armas. Esta última zona podría también entrar en parte como BIC en el convenio aunque en principio no lo contemple.

irco romano. Consenso. Es la palabra que más ha repetido el equipo de Gobierno al referirse al futuro de esta zona. El debate del futuro del Circo Romano lleva años encima de la mesa y aún no se ha tomado una decisión al respecto a pesar de que se ha contemplado en alguna ocasión la posibilidad de reconstruir el monumento, de manera similar a cómo se realizó en su momento en el Coliseo de Roma. Por tanto, el camino se allanaría si finalmente se suprimiera la Avenida Carlos III, «de forma que se podría conseguir completar el espacio de este monumento». 

De momento, el Circo Romano no tiene un futuro definido. «Recuperarlo es por sí mismo una propuesta a tener en cuenta» y ahí no hay discusión política ni en otros ámbitos porque todos apuestan por ello. El problema se encuentra en cómo hacerlo. La restauración del monumento exigiría una inversión importante y la iniciativa suscita bastantes críticas por parte de los expertos, pero lo cierto es que la ciudad no puede seguir dando la espalda al Circo Romano y es necesaria su puesta en valor y su entrada en el listado de monumentos que el visitante puede disfrutar en la ciudad.

El Circo Romano no parte de cero. Entre los años 1997 y 2000 se llevaron a cabo obras de excavación arqueológica, datación, y recuperación y protección de los restos que ayudaron a que el monumento cobrara protagonismo, la ciudadanía lo conociera mejor, y sentó las bases de su futura recuperación, y ahí también entra en juego la posibilidad de proteger y poner en valor los restos y ofrecer una recreación virtual que escaparía a posibles problemas legales por una reconstrucción tratándose de un BIC. En este caso, el grupo de investigación ARCYT (Arqueología Romana de la Ciudad y el Territorio ) lleva tiempo trabajando con el Ayuntamiento en el proyecto.

El Ayuntamiento también tiene pendiente cómo operar en la zona del Circo Romano, que ocupa más de 30 hectáreas. La recuperación del monumento «debe pasar por permitir que los todos los propietarios de esta zona puedan ver materializados sus aprovechamientos urbanísticos de una forma coherente sin tener que seguir esperando otro siglo para ello», como indica el avance del POM, con lo que las administraciones tendrán que decidir si quedarse con los terrenos o permitir «una operación urbanística equilibrada».