Arquitectura y muerte en clave efímera

J. Guayerbas
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El municipio de La Torre de Esteban Hambrán conserva uno de los objetos litúrgicos en desuso más peculiares de la arquitectura efímera, un catafalco del siglo XVIII con origen documentado en 1579.

En la imagen, el aparato arquitectónico efímero expuesto en la parroquia de Santa María Magdalena. - Foto: Jesús del Castillo

La Torre de Esteban Hambrán conserva y expone cada mes de noviembre un objeto litúrgico muy particular propiedad de la Cofradía de las Ánimas Benditas de la parroquia de Santa María Magdalena; se trata un catafalco Rococó del siglo XVI y que a mediados del XVIII la cofradía decide ampliar y modificar para mayor honra de las ánimas del purgatorio. Este aparato arquitectónico efímero es único, tanto por su disposición y simbología, como por su estado de conservación y vigencia, ya que para el mes de los difuntos -noviembre- se sigue montando en el templo parroquial de esta localidad toledana.

Según la investigación documental dirigida por el autor Jesús Gómez Jara, el catafalco data de 1579, cuando la cofradía decide adquirir dicha ornamentación de planta de medio hexágono y alzado piramidal y escalonado, que consta de tres niveles, con nueve lienzos alegóricos sobre la muerte y lo efímero de la vida.

Pero será en 1753 cuando se conciba la obra tal y como ha llegado a la actualidad. A mediados del siglo XVIII la hermandad lleva a cabo una remodelación del túmulo, ampliando la obra un escalón, con sus tres respectivos lienzos, y un nuevo discurso catequético y contenido doctrinal.

De este modo, el catafalco primitivo pasa a ocupar el anverso de la construcción actual, conservándose algunas pinturas, que en la época consideraron de escasa valía por lo que se decide, junto al mal estado de conservación de la misma, ampliar y modificar la concepción original de este túmulo para uso litúrgico en las exequias de los difuntos, tal y como mantiene Gómez Jara en su estudio sobre el patrimonio de La Torre de Esteban Hambrán.

Todas las teorías apuntan al pintor Luis Cosón, afincado en Cebolla, como autor de la obra, ya que en 1743 se le encomendaron los retablos murales de las paredes laterales de la capilla mayor del templo parroquial, que proyectó como un pabellón abierto dotado de copete, idéntico al que aparece como fondo de las figuras del Emperador, el Rey y el Arzobispo en los lienzos del primer escalón del catafalco. He aquí la primera premisa que lleva a Gómez Jara a atribuir el túmulo a Cosón.

La obra puede visitarse hasta este sábado, ya que con el inicio del Adviento se desmonta hasta un nuevo mes de noviembre. Las piezas que forman la crestería y la ornamentación superior del aparato arquitectónico son de marquetería, mientras que los paneles responden a lienzos de diferentes tamaños sobre bastidores de este material noble.

Único y excepcional. El catafalco de La Torre de Esteban Hambrán es una pieza única y excepcional. Así lo destaca el autor Gómez Jara, que incluso llega a afirmar que se aparta de todas las tipologías y modelos conocidos y conservados, ya que no responde al patrón tipo de estructura de madera cubierta con un paño fúnebre, negro y bordado, ni tiene la misión de los catafalcos individuales y ocasionales.

Ahora bien, al tratarse de un elemento arquitectónico efímero, desmontable, choca la calidad de los materiales empleados para su construcción y decoración: madera, lienzos y pintura al óleo, junto al nivel didáctico y catequético que presenta. Bajo estas premisas, todo lleva a pensar que el catafalco se construyó con carácter institucional y con vocación de permanencia en el tiempo.

Con la expresión ‘suntuoso catafalco’ se refiere la propia cofradía en un documento de principios del siglo XIX a esta obra que a través de las inscripciones y los lienzos se convierte en una lección doctrinal sobre las postrimerías y los novísimos, ya que insiste en la muerte y el purgatorio con mayor fuerza que en el juicio final y el cielo, mientras que no aparece, ni se considera, el infierno.

Por tanto, desde la Cofradía de las Ánimas Benditas se acude a esta estructura litúrgica para inculcar y recordar a los fieles el mensaje sobre la incertidumbre de la hora de la muerte. Una hora que a todos llega y convierte en iguales sin importar las posiciones sociales.

En este sentido, la iconografía recorre conceptos doctrinales como la banalidad de la gloria y los poderes terrenales, el Juicio Final, la inmortalidad del alma, la exaltación de la mediación de la Virgen y de los Santos en la liberalización de las almas del purgatorio, y la esperanza de la visión beatífica de Dios en el cielo.

Todas estas apreciaciones llegaban a una Iglesia que en el siglo XVIII sintió la amenaza de la razón Ilustrada frente a un Dios irracional. El culto a la razón desbancaba al poder eclesiástico, hasta tal extremo que en España fueron algunos sacerdotes los responsables de dar a conocer el movimiento Ilustrado francés y el modernismo, con la Compañía de Jesús como abanderada de esta concepción intelectual celebrando en 1748 en Madrid en el Seminario de Nobles un  congreso sobre las ciencias matemáticas, que más tarde repetirían en Barcelona.

Quizá, un freno importante a la razón frente a la fe y a la creencia irracional fuese esta construcción efímera, cercana a los fieles y al pueblo con un marcado carácter doctrinal sin temores ni recompensas, pues la carga simbólica del catafalco omite cualquier alusión al infierno.

Lienzos y leyendas. El catafalco actual mantiene la concepción de mediados del siglo XVIII, mientras que en el reverso se conservan las pinturas primitivas del XVI.

La obra centra su catequesis en las postrimerías, es decir, la muerte, el juicio, el infierno y la gloria; y en los novísimos o la rama de la teología que estudia lo que acontece tras la muerte. Asimismo, las pinturas aluden a la redención de las almas con la figura de la Virgen del Carmen como centro, y con las de San Francisco de Asís y San Francisco de Paula.

El programa iconográfico representa, así, la muerte del poder terrenal escenificado por emperadores, reyes, cardenales, clérigos, nobles, marqueses, arzobispos, obispos y papas.

En el frontal aparece el enterramiento de un papa y coronando el conjunto dos dolientes junto a un alma purificado que entra en la Gloria. En los laterales aparecen esqueletos que portan la guadaña y el reloj de arena en alusión al desconocimiento de la hora en que llegará la muerte y a lo efímero del tiempo.

Las cartelas alusivas a la muerte y sus consecuencias completan el conjunto con citas como: ‘Con todo el mundo me atreuo, de aquesto nadie se asombre, pues me atreui con Dios hombre’ o ‘Aqueste relox de arena, por minutos te convida a pasar a la otra vida’. Una obra única, misteriosa,  que sólo puede visitarse cada mes de noviembre.