Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Sáhara Libre ¡ya!

23/11/2020

Cuando has nacido y crecido como refugiado, bajo el abandono de España primero, la indiferencia de la comunidad internacional incapaz de hacer cumplir sus propios mandatos, después, para finalmente esperar un futuro de sometimiento y violación de los derechos humanos por parte de Marruecos; ya nada tienes que perder más que la vida. Una vida empantanada en la arena de un desierto que lleva cuarenta años sin escuchar los reclamos de este pueblo. Cuarenta años son demasiados, sobre todo para una juventud que no está dispuesta a vivir la misma vida que sus padres. Son el 60% de la población saharaui refugiada. Niños y niñas que nunca han olvidado su lugar y su causa, que han veraneado entre nosotros, se han formados en universidades de Argelia, Cuba y España, para volver a los campamentos sin ningún futuro. Sus sueños no caben en una jaima. Están hartos de que no pase nada. Hartos de que la vida de exilio en los campamentos, la ocupación de sus territorios y la represión por parte de Marruecos, y sobre todo la eterna espera para una independencia y libertad, que están convencidos de que nunca llegará, sea el precio a la apuesta pacífica que siempre ha mantenido el Ejército de Liberación Popular Saharaui de la República Árabe Saharaui Democrática. La juventud saharaui está dispuesta a que pase algo y así se lo reclaman a sus propios dirigentes. Tienen derecho a tener futuro y a tomar las riendas para defenderlo. Por eso, les hemos visto estos días despedirse en el hombro de sus madres para enrolarse en las milicias del Frente Polisario y responder a las agresiones de Marruecos. Es una imagen que traslada dignidad y determinación pero también el fracaso de la comunidad internacional y especialmente el cinismo y la debilidad de España, que lleva entregando el Sáhara desde la primera vez que lo hizo. La última habrá sido este fin de semana en la que el Ministro Marlaska ha viajado al país alauí para hablar de inmigración. Fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Incapaz siquiera de levantar la voz para defender a quienes fueron nuestros compatriotas. Frente a este comportamiento, una sociedad comprometida, que mantiene lazos importantes con familias saharauis y tradicionalmente ha simpatizado con sus reivindicaciones, empuja a las instituciones a practicar la solidaridad mediante el programa Vacaciones en Paz y a gestionar subvenciones y proyectos de cooperación para hacer más llevadero el abandono. Pero esto no es suficiente. Es ahora cuando hay que demostrar la solidaridad de España con el Sáhara, alzar la voz y que se cumpla el mandato de Naciones Unidas. Es ahora, cuando se está en el Consejo de Ministros cuando hay que presionar para evitar una nueva genuflexión de España hacia Marruecos y que este pueda seguir haciendo lo que le dé la gana con los territorios y la población saharaui. Es ahora y es ya, cuando la juventud saharaui merece una alternativa a la desesperación y la guerra.