El Casco vuelve solo al ralentí

C. S. Jara
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Zocodover y la calle Comercio concentran el escaso movimiento del Casco Histórico. Muchos establecimientos no se han decidido a levantar el cierre y otros lo han echado de forma definitiva. En la Judería el parón es aún más notable

El casco vuelve solo al ralentí - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

Pasear estos días por el Casco Histórico de Toledo es una vuelta al pasado. No al de las épocas antiguas de sus diferentes monumentos, sino a uno más reciente y seguramente también más olvidado. Desde la entrada en la Fase 2 hace dos semanas, el Casco ha vuelto a finales del siglo pasado, cuando la llegada masiva de turistas era un sueño que parecía inalcanzable. Los diez mil habitantes que resisten en el barrio histórico y un número todavía escaso de trabajadores que empiezan a acudir a organismos oficiales, comercios y otros servicios, se quedan muy cortos para dar a sus calles la vida que acostumbraban a tener.   
La plaza de Zocodover con las entidades bancarias y la calle Comercio y su entorno concentran buena parte de ese movimiento.  Hay varias tiendas de moda abiertas, al igual que los establecimientos de cadenas internacionales que se incorporaron la semana pasada a la actividad. La limitación de aforo y la distancia interpersonal que es obligado guardar en los establecimientos provoca la imagen de clientes esperando, pese a que a la afluencia es más bien reducida.
A las primeras terrazas que se han decidido a abrir se sumaron ayer algunas más y otras que lo anuncian para los próximos días, así como varios restaurantes, que hasta ahora se han podido dedicar solo a la comida para llevar. La hostelería tardará mucho en recuperarse de los estragos de estos meses, pero no será por falta de gana  
El casco vuelve solo al ralentíEl casco vuelve solo al ralentí - Foto: VÁ­ctor BallesterosLa cara B está en la otra parte del barrio histórico, en la Judería, en la que son muy pocos los que han levantado la persiana y donde se empiezan a ver locales vacíos, que han tirado la toalla tras estos meses de parón. El cierre de locales es, no obstante, un mal que se empieza a hacer notar ya en cualquier punto del Casco. Con un comercio orientado en buena parte al turismo y las calles vacías, el futuro a corto plazo se presenta incierto. Los precios de los alquileres, instalados en tiempos prepandemia, están contribuyendo también a adelantar en algunos casos la toma de decisiones. 
En toda la judería escasean las puertas abiertas y en pleno Santo Tomé apenas se podía ver ayer alguna terrazamontada. Están cerrados monumentos y museos y tampoco la popular pastelería que toma el nombre del barrio ha levantado el cierre desde mediados de marzo. La actividad comercial se reduce a las pocas tiendas de alimentación que abastecen a un vecindario envejecido y arraigado en el comercio de proximidad de toda la vida. 
A estas alturas, se tendrían que estar colocando los últimos adornos para la procesión del Corpus, que se celebraría en poco más de una semana. Pero esta vez, el jueves que reluce más que el sol se quedará un poco en penumbra.


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