Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Los gansos voladores

02/07/2020

Todas las previsiones anuncian una fuerte contracción de la economía para este año que se llevará por delante gran parte del crecimiento acumulado desde 2014. Conocemos la causa principal y que entre sus consecuencias están la caída del consumo, la menor inversión y la reducción de las exportaciones de bienes y servicios. Hay mucho que negociar y muchas decisiones difíciles que tomar pero también soluciones sencillas que llegan tarde o no se toman y trámites lentos e impracticables. Nada como en China que según he escuchado han vuelto sin más, tras años de prohibición,  a permitir el ‘top manta’ para que los comerciantes, que no pueden pagar el alquiler por no tener ingresos debido al confinamiento, mantengan una actividad que les proporcione recursos para sobrevivir.
La situación nos hace más consciente de la relevancia de preservar las cadenas de suministro para la economía. Percibimos la reformulación de los flujos que generan, su automatización y digitalización creciente y como se apresura el ritmo al que se incorporan nuevos segmentos de actividad al comercio electrónico. Es patente el desarrollo de la inmologística para proporcionar nuevos espacios o de las aplicaciones tecnológicas como el blockchain que permite la trazabilidad a tiempo real de todos los que cooperan en una cadena de suministro eficiente.  
A la cadena de suministro no le sientan bien los tratamientos proteccionistas ni las actividades que se ponen a resguardo de la competencia. Le favorece más el multilateralismo y la cooperación internacional para que los intercambios sean lo más fáciles, previsibles y libres de obstáculos posible, sin restricciones discriminatorias y con normas transparentes, a pesar de que esta situación promueva los discursos proteccionistas y las posiciones unilaterales.
Un ejemplo interesante de cooperación es el desarrollo económico de Japón, Corea del Sur y Taiwán que les convirtió en potencias tecnológicas a finales del siglo XX al impulsar sus sistemas de innovación tras la Segunda Guerra Mundial. Japón lideró a los demás como a una bandada de gansos voladores, siguiendo el modelo que en los años treinta el economista japonés Kaname Akamatsu había proyectado observando el comportamiento económico de los países. Los países suelen comenzar importando un bien de tecnología sencilla, luego aprenden a producirlo y, finalmente, lo exportan. Un proceso de importación-producción-exportación que era replicado por el país que venía detrás, favoreciendo que el país anterior se dedicará a otro bien de tecnología más compleja y dejara la producción del producto más básico. De esta manera, alcanzaron su condición de potencias tecnológicas.
Lógicamente para que el proceso pudiera comenzar se necesitaba financiación para invertir en modernizar su tecnología. En esta ocasión, procedía de Estados Unidos que por aquella época demandaba todo tipo de productos. Japón que encabezaba la alineación ofreció su eficiente sistema de innovación, basado en una política tecnológica acordada con el sector privado y favorecido por la cultura japonesa cooperativa, a las siguientes líneas de gansos: Taiwán y Corea del Sur. Estos copiaron el sistema de innovación japonesa, aunque en Corea del Sur la imprescindible cooperación devino en rivalidad entre importadores, productores y exportadores, dando como resultado que este ganso volará más bajo.