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Alejandro Bermúdez

Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


¿Por qué no defendemos nuestros principios?

04/11/2022

Llevamos muchos, demasiados años, huyendo de la confrontación y para ello hemos renunciado a defender públicamente nuestras ideas, lo que provoca una apariencia de que la filosofía preponderante es la que practican las minorías, en algunos casos minorías bastante exiguas.
No sé quién tiene interés en esta situación que tanto sufrimiento y decadencia social genera, pero lo cierto es que el estruendo que estas minorías producen, sin contestación alguna por parte de otras ideas más racionales, está provocando una expansión por inducción de verdaderas aberraciones. Lógicamente este seguimiento inducido se da infinitamente más entre la población joven, más permeable, más idealista y más inocente.
Pasó en los años setenta y ochenta con las drogas. Se difundía que la prohibición era fruto de los poderes capitalistas que no dejaban ser libre al pueblo. Para justificar la inocuidad de su consumo se comparaba en cuanto a sus efectos con el tabaco y el alcohol, como si el alcoholismo y el tabaquismo fueran bendiciones del cielo. Pero aun así el sufrimiento provocado por los estupefacientes generó tragedias personales, familiares y sociales indiscutibles, mientras su consumo era defendido incluso por personalidades respetadas socialmente. ¿Recuerdan el 'a colocarse' de Tierno Galván? Si una personalidad defendía el consumo y otras personalidades más sensatas permanecían calladas, el resultado estaba cantado. Sin embargo la realidad es la realidad y por muchos progres que se posicionen en contra de la ley de la gravedad, los cuerpos seguirán cayendo. Pero el daño se hizo y mucho.
Ahora pasa con la alimentación, el sexo y tantas cosas. Algo tan indiscutible como la Naturaleza, cuyas leyes son evidentes, estamos permitiendo que se pongan en tela de juicio. El resultado será el mismo que ya sufrimos con las drogas. La que llaman 'ley trans' cuyo nombre la única alusión lógica que hace es transgredir la razón, creará un sinnúmero de tragedias en nuestra inocente juventud. Pero cuando la realidad ponga de manifiesto estas atrocidades, las autoridades que lo están favoreciendo ya no estarán, como ya no está Tierno Galván, pero el daño ya no tendrá reparación posible.
Nadie duda de que en la naturaleza se dan las disfunciones. Hay personas que teniendo ojos no ven, que teniendo oídos no oyen y que teniendo órganos de un sexo no hacen su función, pero estas disfunciones no se dan a miles. Obviamente estas disfunciones no se pueden ni evitar ni elegir, de tal forma que el que no ve, no ve y el que no camina, no camina. No se elige ser sordo o paralítico y tampoco se elige la tendencia sexual, se tiene la que se tiene y no se puede evitar.
Actualmente hay una aberrante propaganda que induce a que personas de un sexo se sientan de otro, como si gente que oye perfectamente se declarara completamente sorda. Ello es obviamente fruto de la moda y lo que es consecuencia de una moda que se sigue, sobre todo por los jóvenes, caduca con los años. Sin embargo, cuando se den cuenta de que su transexualidad no es real sino inducida, ya no habrá solución, el daño será irreparable.
Nada tiene que ver lo que estoy denunciando con quienes sí son transexuales realmente, a quienes obviamente hay que respetar y comprender en esta circunstancia.
¿Por qué tantos fomentan estas barbaridades? ¿Y por qué guardamos silencio?