Ruta de trampantojos, murales y grafitis

Belén Monge
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El museo al aire libre de Moranchel se ha convertido ya en destino turístico para curiosos y amantes del arte en la calle.

‘La Floristería’ es la última creación, pintada sobre la única fachada que todavía mantiene la puerta original. - Foto: Javier Pozo

Se encuentra abierto todos los días del año y se ha convertido en un atractivo turístico más de algunos pequeños y grandes municipios. Son los conocidos museos al aire libre donde artistas de técnicas muy diversas toman sus útiles y crean murales, trampantojos y grafítis que construyen generalmente a modo de grandes lienzos y que decoran  paredes, muros, ventanas y garajes de edificios. En unos casos se realizan con fines puramente decorativos y culturales, y en otros, para tapar zonas degradadas. Es lo que se viene en llamar, arte callejero. 
Si las paredes hablasen, relatarían todo tipo de historias. Detrás de cada trampantojo de Asun Vicente se desvelan las ilusiones ópticas que crea el ojo a  través de estas tarjetas postales. También en los lienzos confeccionados con espray se descubren batallas de época y reivindican añoranzas o sueños. Todo es arte urbano y va ganando poder de atracción. 
En  Guadalajara, se pueden ver algunos ejemplos en al menos media decena de municipios. El primero en iniciar su andadura a lo grande, allá por los años ochenta, fue Escariche. A él han seguido Moranchel, Driebes o La Toba, entre otros. Todos ellos forman hoy parte de la ruta de muchos turistas deseosos de disfrutar del arte urbano incrustado en muros de callejuelas y rincones castellanos. 
 ‘La Panadería’  fue una petición de un vecino de Moranchel. ‘La Panadería’ fue una petición de un vecino de Moranchel. - Foto: Javier PozoEn el diminuto municipio alcarreño de Moranchel, pedanía de Cifuentes con apenas una docena de vecinos en invierno, vive Asun Vicente, una reputada artista de Bellas Artes que, con  el único propósito de ver su pueblo bello y alegre, comenzó en el año 2006 una andadura que acaba de dar por finiquitada cuando más conocida es su obra. En estos años, Asun ha convertido fachadas de piedra y adobe en  alegres y bonitos trampantojos.
La floristería ha sido el último que ha pintado y también el más grande. Lo hace de manera altruista, aunque admite ayudas para pagar la pintura acrílica que utiliza e incluso le invitan a algún café. Aunque reconoce que la gente es muy amable y agradecida, tiene decidido que es el momento de cerrar una etapa y abrir otra nueva. Sus trampantojos, no del todo realistas sino con algo de fantasía y mucho colorido, la han hecho famosa. En cada uno hay una bonita historia colmada de luz, brillo y brochazos finos del color de la lavanda. El único fin de la artista era ver su pueblo «bello y mantener vivo el recuerdo de elementos tradicionales». Así, en sus murales -de gran formato,  mediano o pequeño- se puede ver claramente ese toque apegado al folklore y la tradición de Moranchel: farolas, llaves antiguas, herrajes, banquetas, harinosas, los membrillos asados que se comían antaño o las antiguas ventanas y puertas de madera de las casas. 
Su primer trampantojo data de 2006. Lo tituló Calle Busca Ruido por ser la zona la más animada del pueblo. Representa una casa antigua y en sus ventanas se observan un niño y una niña jugando a juegos en los que intercambian roles. A este mural de gran formato le seguiría en similares dimensiones La Panadería, pintado a petición expresa del hijo del último hornero del pueblo. Y el último que ha realizado ha sido La Floristería, un trampantojo repleto de colorido en el que también la lavanda toma un protagonismo especial. 
‘Calle Busca Ruido’ fue su primer trampantojo.‘Calle Busca Ruido’ fue su primer trampantojo. - Foto: Javier PozoSabe que su arte no durará toda la vida pero no le duele. «Lo he hecho para dar alegría a mi pueblo, no para atraer turismo, aunque esto ha venido después», afirma tras reconocer con humildad que sus murales son ya un reclamo más incluido en el recorrido turístico de la comarca. Incluso los niños del pueblo han tomado apunte y hacen sus pinitos en este arte allá donde se lo permiten los padres. 
Santiago Gálvez, uno de los vecinos, admita lo que hace Asun. «Se merece un altar. «Ojalá todos los pueblos estuvieran así», dice. Lo cierto es que con sus pinceles de colores ha roto del todo la célebre frase del nobel Camilo José Cela, que lo situaba Moranchel como un pueblo gris y pardo; ahora está lleno de color. Los propios lugareños admiran lo que hace. Desde que sus trampantojos visten las paredes del pueblo, algunos mayores incluso han cambiado el recorrido de sus rutinas diarias para ver la ‘mini meca’ de pinturas de esta amante de lo bello. Algo que agradece también la artista alcarreña, quien seguir pintando, pero ya no trampantojos de grandes dimensiones sino otros caprichos. Su propio marido reconoce que hay momentos en los que se desanima porque «lo da todo y se le viene encima», afirma. 
Por su parte, el alcalde pedáneo de Moranchel, Rafael Martínez, valora la publicidad que Asun da al pueblo y el turismo que ha atraído. Pero pese a que le «encantaría»  poder apoyarla económicamente, señala que no hay presupuesto para ello, aunque si está en sus planes plantearlo ante la Diputación. Lo cierto es que Moranchel hoy es un poco más conocido que años atrás. Ya no solo se va a pescar sino a visitar los trampantojos de Asun.


El Jardín de los Pájaros’ destaca por su colorido.
El Jardín de los Pájaros’ destaca por su colorido. - Foto: Javier Pozo