Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


Decisiones difíciles pero maduras

26/10/2020

 La petición de ‘Estado de Alarma’ que las comunidades autónomas se han visto obligadas a reclamar para controlar la segunda ola de la maldita pandemia, dibuja a las claras la anormal nueva campaña navideña que se avecina, también para el sector agroalimentario.
 Si tenemos en cuenta que es el primer contacto de cooperativas e industria con el mercado para ofrecer las nuevas elaboraciones del año, si hablamos de los vinos jóvenes de la última vendimia, de los primeros aceites de cosechas extra-tempranas, los quesos manchegos que siempre ganan valor en las cenas y eventos familiares, o las exquisitas carnes de cordero, cabrito o vacuno que llegan a los hornos para abastecer las copiosas cenas de empresa -otra vez en el aire-, es lógico pensar que el pesimismo se instale de nuevo en el sector en el peor momento, justo cuando los pedidos empezaban a llegar a nuestras bodegas, cooperativas, almazaras y resto de empresas que representan uno de los grandes motores de la economía.
   El sábado, la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, justificó ‘A Pie de Campo’ la decisión del presidente de delegar en las regiones la gestión y cogobernanza de la crisis para, entre otras muchas medidas, limitar contactos y horarios en restaurantes, bares y cafeterías que son los principales lugares de encuentro social, de reunión y escaparates de la alimentación; primer punto de cata y consumo en definitiva para esas fechas. Dijo que precisamente se trataba de reaccionar ahora para salvar la mejor campaña del año, turismo aparte.
   Un paso inevitable mientras suben los contagios frente a semanas tan difíciles como las que avisa Pedro Sánchez que llegarán, aunque dejando pasar un tiempo precioso para decretarlo en todo el país como le vienen pidiendo una gran parte de territorios, dada la situación, y evitar así esperpentos políticos como los protagonizados entre alguna autonomía con el Estado.
   En un ámbito más sectorial, las cooperativas insisten en tomar la decisión más dolorosa para que no colapsen los depósitos del vino nuevo del año. El próximo martes, volverán a convocar a las 215 bodegas asociadas a una asamblea virtual para explicarles cómo proceder si optan por derivar parte de la producción, recientemente transformada, a mosto y a partidas vínicas sin IGP o varietales y retenerlas hasta abril. En total, unos 5 millones de hectolitros.
   La medida no tiene precedente en la historia cooperativa de la comunidad porque los antiguos almacenamientos que pagaba Europa en campañas complejas tenían como elemento diferencial eso, que se compensaban con dinero público. Ahora, cada uno, soportará el coste de ese inmovilizado en un año crítico donde el consumo se desploma por el cierre de dichos establecimientos. Y eso ocurre aquí y en toda Europa.
   Por tanto, ¿qué hacer ante los meses que se avecinan?
   El carácter voluntario de la propuesta que el Ministerio de Agricultura podría autorizar en las próximas semanas, significará una verdadera prueba de fuego y sobre todo de madurez para un agricultor que, al fin y al cabo, es el dueño de su propia empresa junto al resto de socios.
  Si acepta diversificar y retirar temporalmente la mitad de ese volumen, estará dando un respiro a los gerentes para negociar probablemente en mejores condiciones unos precios dignos para toda la producción. Si prefiere arriesgar y apostar todo el esfuerzo a una baza, las pérdidas o supuestas ganancias serán también para su propio bolsillo.