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La bellota, alimento y símbolo

J. Monroy
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García Gómez y Pereira presentaron ayer en Toledo un estudio sobre este alimento, que en diversas épocas ha garantizado las subsistencia en la península

En determinados momentos de la historia, gracias a la bellota, sociedades y pueblos han podido sobrevivir. En épocas de carestía de cosecha o carencias por distintas causas, se minimizaron gracias a estos «frutos generosos que nos ofrecen los árboles de género Quercus» y muchos pueblos han podido sobrevivir, en lugar de morir de hambre o tener que emigrar. Estas son algunas de las conclusiones que el doctor en Medio Ambiente Enrique García Gómez  y el profesor de Historia en la Facultad de Humanidades Juan Pereira hacen públicas en su libro 'Las bellotas y el ser humano. Avatares de un símbolo en la península ibérica', que presentaban en la tarde de ayer, a las siete, en la actual Escuela de Arquitectura en Toletvm.

El volumen, concluye García Gómez es un resumen del uso de la bellota como fruto de las diferentes especies de la península (encinas, alcornoques, robles, quejigos o coscojas) de la historia hasta la actualidad desde  un punto de vista cultural, etnográfico o antropológico.

Hace bastantes años que García Gómez Pereira coincidieron en que la bellota es un elemento que aparecía en muchas representaciones, desde la prehistoria, en la Edad de Hierro, en la de Cobre, el Neolítico o época romana. Aparece en distintos yacimientos arqueológicos y en representaciones simbólicas, como collares, pulseras, diademas, escudos, medallas o amuletos. «Era llamativo que un fruto, aparentemente tan común y tan vulgar, fuese tan representativo de todas las épocas pasadas, de las diferentes culturas y grupos sociales que han pasado por la península ibérica», explica el autor. Algo debía de tener la bellota para que el ser humano tuviera esa fijación con el fruto a lo largo de tanto tiempo.

Así comenzó la investigación, los trabajos etnológicos de campo y entrevistas de informantes de zonas de dehesa, donde la vida social y económica sigue girando en torno a la bellota. «Y la verdad es que hemos ido sacando una serie de conclusiones extraordinarias, curiosas y llamativas, que nos hacen ver que a lo largo del tiempo la bellota ha tenido un uso permanente y constante, unas veces con más vigor y otras con menos, pero en ningún momento de la historia ha dejado de tener pujanza la bellota como alimentación, medicina, en el folclore, como símbolo o en otros aspectos», apunta el García Gómez.

El estudio finalmente comprueba que la bellota se ha convertido en un símbolo de muchas civilizaciones y culturas, un elemento de orgullo cívico histórico, incluso hasta épocas muy recientes. En los últimos años ha sufrido una revalorización en espacios como Extremadura.

Los autores. Enrique García Gómez es doctor en Medio Ambiente e ingeniero técnico Forestal. Dirige el Centro Cultural San Clemente y del Sitio Histórico Santa María de Melque, gestionados por la Diputación de Toledo, una institución en la que previamente desarrolló labor como jefe del Servicio de Medio Ambiente. Experto externo como evaluador de los títulos universitarios de Ciencias de las universidades andaluzas, es académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo (Rabacht). Hasta ahora, García Gómez era autor de doce libros y más de 60 artículos en revistas. Suyos son volúmenes como 'La inteligencia de los árboles', 'Plantas singulares de la ciudad de Toledo' o 'El Tajo, un río de contrastes'.

Juan Pereira es licenciado en Filosofía y Letras y doctor en Historia y profesor titular en la facultad de Humanidades. Tiene publicaciones, entre otros temas, sobre la Guerra Civil, la arqueología de la Edad de Hierro o la cerámica pintada.