Bienvenidos al reino zombi

Gerardo Medina
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Netflix ofrece lo último de Zack Snyder, 'Ejército de los muertos', que es pura 'serie B' del género de los muertos vivientes, pero a lo grande

Un comando de élite un tanto peculiar se propone conseguir un tesoro en el corazón de Las Vegas, en el lugar más peligroso del mundo.

De entrada, Ejército de los muertos es una rara avis dentro de la trayectoria de Zack Snyder. Al menos en lo que a nivel estilístico se refiere. Esos créditos iniciales color rosa sobreimpresos sobre unas imágenes luminosas donde predominan los tonos claros y el colorido, muy alejados del tono solemne y oscuro que lleva más de una década tiñendo el trabajo del responsable de Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia o Sucker Punch.

Algo ha cambiado en el cine de Snyder, y la respuesta está en la ausencia de la compañía a la que lleva sirviendo desde los tiempos de su particular Watchmen. Ejército de los muertos nos muestra al fin qué pasaría si el cineasta se viera libre del yugo de Warner/DC. Y lo que resulta es su filme más libre en años, que no el mejor, fruto de su amor por el género, donde se resiste a dar más de lo mismo.

Que nadie espere otro Amanecer de los muertos, especialmente porque aquí no está James Gunn al guión. Eso se traduce en menos dosis de gamberrismo por segundo de metraje -que hay escenas e ideas gamberras, no nos preocupemos por eso- y una muestra más de la solemnidad y la grandilocuencia de su responsable. Snyder lleva la serie B a las grandes ligas, al blockbuster y al cine mainstream, mirándose mucho en el cine del gran John Carpenter, de 1997: Rescate en Nueva York y su secuela. Pero, sobre todo, de Fantasmas de Marte, con la que guarda no pocas similitudes. Y lo hace con su grandilocuencia habitual, esa que hace que sus detractores se rasguen las vestiduras y sus defensores aplaudan con las orejas. 

Los ‘no-muertos’ tienen hasta una reina. Los ‘no-muertos’ tienen hasta una reina. En ese sentido, Ejército de los muertos es cien por cien Snyder, en su desmesura y autoconsciencia como producto que intenta ir más allá del entretenimiento. Esto se ve potenciado por su metraje, que podría ser uno de sus mayores hándicaps. Cerca de 150 minutos que se pasan en un suspiro, pero que pueden dejar la sensación de que el ritmo decae en los numerosos momentos en los que el dramón se adueña de la función.

 

Propuesta original

Pero también una grandeza que trasciende el cine de zombis en sí mismo, y que puede no congeniar con lo que está acostumbrado a engullir el público medio afín a Netflix. El director de 300 desarrolla su particular concepto de zombi, que va más allá del no-muerto atleta de su anterior incursión en el género. Lo que nos brinda es a una nueva especie dominante de un emergente reino, como ese nuevo orden social con el que Richard Matheson coronara su Soy leyenda. Todo ello en una ruinosa ciudad de Las Vegas bañada por la luz de la prodigiosa fotografía del propio Snyder, por referencias al western, al cine de acción y robos, al cómic y al cine de Romero y el Aliens de Cameron.

Zack Snyder se muestra cómodo, libre, sin ataduras, en la que quizá sea su cinta más personal de la última década, con permiso de esa La Liga de la Justicia con la que ha hecho realidad un sueño personal y el de millones de fans. Pero es también una de las más arriesgadas. Por su duración, por su sobredosis de drama, por esa luminosidad que lo envuelve todo, y porque no todos los espectadores recibirán con los brazos abiertos los conceptos sobre los muertos vivientes que introduce. El tiempo igual sí lo hace. Unos conceptos tan de serie B como ese tigre zombi del que un servidor es ya fan. Pero lo que no vamos a negarle es su amor por el cine de género. Bienvenidos al nuevo reino zombi, entre casinos y tragaperras, en el que el director de Wisconsin es el macho alfa.

En definitiva, Ejército de los muertos nos ofrece a un Zack Snyder libre de ataduras que lleva a los zombis y a la serie B a una categoría superior, suponiendo una de las más arriesgadas de su realizador. Puede que le sobren momentos dramáticos y metraje, pero no se hace pesada en ningún momento, y demuestra el amor de Zack Snyder por el género, un género que no termina.