CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


La débil fortaleza de Podemos

24/10/2020

Pablo Iglesias no sale bien parado de la moción de censura. A su público, en términos generales, le gustó la idea de poner a cuatro portavoces mujeres para responder a Santiago Abascal, al que consideran el símbolo del machismo exacerbado. El que falló fue Pablo Iglesias, empeñado en intervenir en un debate que ni le iba ni le venía, y en el que demostró que de estrategia política sabe lo justo. Tanto, que ni siquiera prestó atención a algo tan elemental como cuidar las alusiones, sobre todo cuando fueron a un Pablo Casado que pidió derecho de réplica y dejó maltrecho al vicepresidente segundo. Cuánto mejor le habría ido si se limitara a hacer lo que correspondía, defender al gobierno ante la moción de censura y poner todo su empeño en criticar las políticas de Vox.

Casado le dio a Iglesias en toda la frente, y también donde más duele: el movimiento del 15-M, origen de Podemos. En puridad nació en la facultad de Políticas de la Complutense, pero el empujón inicial se lo dio el 15-M, con sus centenares de jóvenes y no tan jóvenes que pretendían cambiar el mundo. No querían líderes hasta que se acercó Iglesias por la Puerta del Sol y empezó a politizar aquello mucho más de lo que ya estaba, pescando en aguas bien preparadas para apuntarse a un partido de gente que sumaba universidad y Vallecas y sentía furia ante una clase política acomodada en sus escaños y despachos, la “casta”. Ese movimiento, se lo recordó Casado a Iglesias, ya no le apoya, o al menos no como antes. Y si dolía la afirmación era porque Iglesias sabía que no erraba el presidente del PP: él ha pasado a ser parte de la casta, ante la decepción de una gran parte de sus seguidores. Se ha visto en los resultados electorales de los últimos tiempos, y lo confirman los sondeos, que auguran derrotas mayores.

Tiene citas pendientes con los tribunales. Se ha archivado la causa por la que se investigaba el destino del dinero que los altos cargos donaban “voluntariamente” para fines sociales, sigue abierto el caso Dina, que no está claro que deba inquietar al líder de Podemos; pero la cosa está regular tirando a mal en lo referente a la financiación del partido, donde se mueve una figura tan controvertida como Juan Carlos Monedero, con estrechas conexiones bolivarianas.

Pablo Iglesias ya no es la figura indiscutible de la izquierda populista, y el partido sufre sangría de seguidores hace tiempo. Su fortaleza es formar parte del gobierno, el poder une mucho, pero el poder depende solo de que Sánchez siga considerando imprescindible el apoyo de Podemos. Si la Justicia imputa a Podemos, o un día Sánchez se levanta con el pie cambiado y empieza a barajar posibles acuerdos con el PP en cuestiones de Estado, Pablo Iglesias estará kaput. Cosas más impensables han ocurrido.