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«Tenemos un sistema educacional y cultural muy insalubre»

M.G
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La actriz Marta Poveda, coprotagonista junto a Aitana Sánchez-Gijón en la obra 'Malvivir', desgrana la magia del texto de Álvaro Tato y la brillante dirección de Yayo Cáceres. Habla de teatro, de su compañera de tablas y de la situación cultural

La actriz Marta Poveda - Foto: David Ruiz

Marta es puro teatro, como diría la famosa canción de los sesenta, pero lo suyo es teatro de verdad, del bueno, del de las emociones y los aplausos sin fin. Con un lado interpretativo salvaje, como ella misma define, y muchas ganas de comerse las tablas cada vez que levanta el telón y de vivirlo, esta vez con Aitana Sánchez-Gijón, con quien comparte obra, escenas e incluso personaje, cada una a su manera. Esta actriz igual hace clásicos que películas y series de televisión y en todos los géneros aprende y aprovecha esa energía natural que desde pequeña la mantenía pegada a la televisión, al teatro o al cine para disfrutar de buenas historias.

'Malvivir' llega al Palacio de Congresos de Toledo el domingo. Una jornada especial en la que se celebra el Día Mundial del Teatro.  ¿Hay mucho por decir?

En estos tiempos en los que la pandemia y las crisis económicas repercuten en todo, que la cultura siga estando vigente significa que los seres humanos necesitamos ese alimento. Tengo la sensación de que el teatro nunca muere y ha superado de todo. A pesar de todo, goza de buena salud porque estamos llenando los teatros. Lo celebraremos con gusto y en una ciudad tan bonita como Toledo.

¿Cobra más intensidad subirse a un escenario en estos dos años de pandemia?

Para mí, sí. Si ya subirse a un escenario es algo que me parece mágico, sobre todo, por el hecho de que haya personas que dediquen dos horas de su tiempo para ver el trabajo de otras personas, ahora más. Cada vez que me subo a un escenario desde que existe la pandemia y veo esas caras embozadas en las mascarillas, me parece que hay una necesidad de seguir alimentando y se me parte el corazón de amor cuando  veo los aplausos y tengo la necesidad de aplaudir yo también al público.

Antes comentabas que 'Malvivir' está llenando los teatros. Las críticas son buenísimas desde que se estrenó en otoño. Una de ellas, del Diario de Navarra, asegura que se trata de «un montaje excelente y burlón»... Y así todas. Imagino que anima mucho.

Sí. Cuando empezamos a ensayar la obra el texto ya nos dejó locas a Aitana y a mí. Había que estar a la altura trabajando con un director como Yayo Cáceres, muy exigente, dicho en el mejor de los sentidos. El sentido del espectáculo era sensibilizar almas y divertir. Trabajamos en ello y el texto, que es grandioso, nos ha ayudado a conseguirlo y estamos muy contentas.

La obra está ambientada en la cara más oscura del Siglo de Oro.... La hambruna, la discriminación, la marginalidad, las luchas de poder, la picaresca...

En la supervivencia. Es la España del siglo XVII, que a veces tampoco dista mucho del XXI, llena de bajezas y una mujer que tiene todos los obstáculos que se pueda imaginar y tiene que superarlos:la pobreza absoluta, la vejación y la humillación por el mero hecho de ser mujer, esas cositas que pasaban antes y ahora pasan menos aunque todavía tenemos esa lucha.

¿Tiene moraleja en este sentido? ¿Manda en cierto modo un mensaje sobre la búsqueda de la libertad, de la visibilización de la mujer?

Desde el punto de vista femenino se habla de la constante cosificación de la mujer en esos momentos y también plantea un dilema moral, que no sé si desencadena en moraleja o no, que tiene que ver con saber hasta dónde es lícito lo que uno tiene que hacer para salvar su propia vida. Más allá, el público tiene que decidir. Es muy fácil empatizar con Elena, pero también es una mujer muy herida y con cierta necesidad de venganza.

Llevas muchos años de experiencia teatral. ¿Has observado si al público le cuesta acercarse al teatro clásico?

No lo sé. Todos los años que he estado en el clásico he tenido la suerte de que los teatros se han llenado. Hay un público al que le gusta muchísimo el clásico y esta función, por ejemplo, también la estamos llenando. Aun así, ojalá en España se hiciera lo que se hace con Shakespeare y Molière en Reino Unido o Francia, que aprovechan muchísimo los clásicos e incluso cinematográficamente están en auge. Pero en España, que tenemos el mayor legado literario, no se explota de esa manera.

Me entristece mucho ver que las nuevas generaciones se están perdiendo leer estas maravillas que te hacen crecer desde el punto de vista filosófico, sociológico y humano. Me encantaría que se explotara tanto el teatro clásico como el fútbol, que puede ser un deporte maravilloso, pero no te lleva a la introspección humana y las artes sí.

¿Falta enganche emocional de los jóvenes con el teatro?

Todos tenemos que trabajar en ello y vivimos en unos tiempos muy extraños y la tecnología nos tiene a todos atontados, no solo a los jóvenes. No a todas las generaciones emergentes les sucede así, pero estamos en grave peligro cultural, político y de perder aún más la libertad. Me preocupa muchísimo lo que se viene encima.

Quizá si desde etapas tempranas se les acerca al teatro, el resultado sería distinto.

Totalmente. No es lo mismo ver Peppa Pig en un ipad que llevar a un  niño a un teatro a ver a otros seres humanos interrelacionándose con ellos. No hay nada más fascinante. Es como ver el campo en la tele y flipar cuando ves a una vaca de verdad. Es muy insalubre el sistema cultural y educacional en España.

Interpretas varios papeles en 'Malvivir'... ¿Cuál es más complicado?

Quizá el personaje de Montúfar es el más complicado porque me pongo en la piel de un hombre,  que siempre es más difícil encarnar el otro sexo que el propio, y tiene una dicotomía maravillosa porque lo amas y lo odias a la vez, es un encandilador y un maltratador. Me pongo en la piel de defender al personaje, pero no de defender su moralidad porque es el público el que tiene que decidir que es un hijo de puta.

Tanto Aitana Sánchez-Gijón como tú interpretáis a Elena de Paz, la protagonista, en esta obra.  ¿Cómo se lleva eso de que las dos actrices compartáis al mismo personaje?

Es una cosa muy chula que se le ocurrió a Álvaro Tato (el dramaturgo) porque quería contar la vida de Elena de Paz, un personaje inventado basado en las novelas y pensó que sería precioso que yo hiciera desde que Elena nace hasta la mitad de su vida y Aitana hiciera desde la mitad hasta que muere. Así que mientras una interpreta a este personaje, la otra hace todos los personajes que pululan a su alrededor.

En el momento central tenemos una especie de cambio muy teatral y el público está viendo en vivo como los personajes se intercambian. Y ese intercambio es una de las cosas que más está sorprendiendo de la función. Además, tampoco nos tenemos que igualar Aitana y yo, cada una la interpretamos de una manera distinta.

¿Qué aprendes de la Elena de Aitana? ¿Y Aitana de tu Elena?

Como actrices, tanto Aitana como yo tenemos una manera muy parecida de vivir y de ver el teatro, pero somos muy diferentes y nuestra energía también. Yo tengo una energía como más asalvajada, más primaria y Aitana la tiene más estilizada y elegante. Creo que conjugar estas dos energías han convertido a Elena de Paz en un personaje completo al tener una cosa un poco animal y de brillantez al mismo tiempo. También en la vida somos un poco así las dos (risas).