Suelos agrarios, fertilización sostenible

Vidal Maté
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Agricultura prepara un decreto para controlar el abonado de la tierra y evitar su degradación por el abuso o mal uso de nutrientes

Suelos agrarios, fertilización sostenible

En el marco de la filosofía de las  estrategias comunitarias  “Biodiversidad UE 2030” y “De la granja a la mesa” donde se esbozan nuevas directrices en materia de medio ambiente, de la sostenibilidad y donde, entre otros  objetivos se plantea una reducción  del 20% en el uso de fertilizantes, del 50% en el empleo de fitosanitarios, pasar del 5% al 10% en el abandono  de Superficies de Interés Ecológico o llegar un 25% en  las superficies destinadas a la producción ecológica, el  Ministerio de Agricultura tiene en cartera un proyecto de real decreto  por el que se establecen normas para la nutrición sostenible de los suelos; en  otras palabras, el empleo de fertilizantes en los mismos, desde los abonos inorgánicos a los  estiércoles. Con esta disposición se pretende lograr la reducción de emisiones de gases efecto invernadero, evitar la contaminación de las aguas, impedir la acumulación  de metales pesados en los suelos y además preservar sus propiedades biológicas o la biodiversidad de los mismos. Otro objetivo más, es regular  el manejo y la distribución de estiércoles,  lo que ya ha levantado las protestas entre explotaciones ganaderas, especialmente en vacuno de leche en Galicia. 
Este nuevo proyecto de real decreto parte de una realidad como es el  aumento en la utilización de  fertilizantes inorgánicos, sin rotaciones de cultivos suficientes, todo lo cual  está forzando a la tierra a producir más año tras año sin descansos,  provocando  procesos de desertización, mineralización, salinización y acidificación de los mismos  donde la materia orgánica está por debajo de un 2%, además  de incrementar los costes de explotación empleando  dosis de abonos sin conocer exactamente las exigencias  o necesidades  de cada tierra y cultivo. Según los datos manejados por el Fondo Mundial para la Naturaleza, todos estos procesos ya han supuesto que un 40% de los suelos  se hallen degradados y que un  75% sean  susceptibles de desertización. En España, desde la Asociación Suelos Vivos se advierte sobre el mismo problema. 
Comenzando  por el inicio de la  cadena, la nueva disposición  de Agricultura contempla  el establecimiento de una forma coordinada de una red de laboratorios para los análisis de los suelos para tratar de  acabar  con una situación donde las analíticas son la excepción y los controles se hallan escasamente implantados. El sector necesita un sistema  que posibilite las analíticas de los suelos de una forma sencilla, sin burocracia y a pie de campo por las Comunidades Autónomas. Abonar como siempre se ha hecho  es una práctica que todavía  sigue dominando en una buena parte de la actividad agraria más extensiva y cuyo cambio se pretende desde algunas iniciativas como la impulsada por Upa con su proyecto Mosoex. 
 Como una segunda pata, esta iniciativa legislativa contempla impulsar la política de asesoramiento a pie de campo más allá de las promesas, recuperando  la política de asesoramiento  que llevaron a cabo las Agencias de Extensión Agraria  en el tardo franquismo con efectos  positivos innegables  y que en la primera parte de la democracia se eliminaron bajo su nombre como residuos del régimen  anterior pasando sus competencias a las Comunidades Autónomas donde han tenido un  diferente trato y recorridos distintos. Para ser asesor de  fertilizantes  será  preciso estar registrado como tal en el Registro de Fabricantes y Operadores de Productos Fertilizantes, trabajos que podrían llevar a cabo técnicos de organizaciones agrarias y de cooperativas con personal preparado al efecto.
Para el desarrollo de una  fertilización  correcta, importante es también disponer de la mejor información sobre la composición exacta de los    fertilizantes que se adquieren especialmente cuando se trata de graneles. La nueva disposición crea un Registro General de Fabricantes de Fertilizantes para el control de su oferta.
En base  a la  futura normativa, al agricultor se  le exigirá disponer y tener al día en su Cuaderno de Explotación su Plan de Abonado para saber  qué volumen y tipo de fertilizante se está utilizando y la composición de los mismos a efectos de seguridad alimentaria para evitar los altos contenidos en metales pesados, además de la rotación de cultivos. En la misma línea se contemplan normas muy estrictas sobre almacenamiento, manejo y distribución de los estiércoles, todo ello bajo amenaza de elevadas sanciones. El Plan de abonado será de aplicación progresiva a partir de 2026 para  todos los cultivos con exigencias inicialmente para  las explotaciones más grandes hasta  incluir las más reducidas. Estarían exentas explotaciones de  tres hectáreas cuyas producciones no vayan a los mercados
La nueva disposición puede tener un impacto muy importante sobre todo  el manejo y la utilización de los estiércoles para los que, entre otros puntos, se contempla la prohibición de que el apilamiento temporal al aire libre de los mismos  se haga solo en momentos cuando no haya riesgo de lluvia torrencial, lejos de las corrientes de agua, en zonas donde no haya riesgos de infiltración a las aguas subterráneas, por un  periodo no superior a los cinco días o a  24 horas cuando esté a menos de un kilómetros del casco urbano, con un humedad máxima del 40%  y a una distancia mínima de 400 metros de las explotaciones y de  300 de las viviendas. Si contiene una humedad igual superior al 65% no se podrán aplicar con el sistema de plato o abanico, y si tienen  menos del 65% de humedad,  se deberá enterrar en las primeras cuatro horas desde su aplicación. Si se aplica a una pradera, los animales no podrán entrar  en 21 días y si se trata de cultivos, al menos dos meses antes de la cosecha. Si tiene una humedad inferior al 40% no se deberán aplicar a menos de cinco metros de las orillas de un cauce de agua y si la humedad supera el 40%, no a menos de 10 metros de las orillas
La aplicación de la nueva disposición  va a implicar, sobre todo, exigencias en las explotaciones  ganaderas, especialmente en vacuno, tocadas por  la crisis del virus en carne y en leche  y, con ello, la necesidad de llevar a cabo elevadas inversiones  para el manejo de los estiércoles. En las pequeñas explotaciones, especialmente en vacuno, existe una justificada preocupación  por lo que les pueden suponer la nuevas exigencias a la escasa rentabilidad del momento, lo que abriría la puerta al cierre de las mismas .En esta dirección  se debía contemplar la posibilidad de que fondos de Desarrollo Rural jugaran un papel importante a la hora de  apoyar la adecuación de estructuras de miles de pequeñas explotaciones para a  cumplir con esa normativa y  a asegurar su supervivencia.