El guerrero más noble

Juana Samanes
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La conocida como 'La trilogía del samurái' en la que se enmarca el filme de Yoji Yamada titulado 'El ocaso del samurai' tiene un tono crepuscular que se asemeja al que poseen los 'western' de la última etapa de este género

El guerrero más noble - Foto: x

Según la definición del diccionario de la Real Academia, samurái es, en el antiguo sistema feudal japonés, un guerrero perteneciente a una clase inferior de la nobleza que estaba al servicio de los daimios (nombre que recibían los soberanos más poderosos desde el siglo X al XIX en el país nipón). El primer director cinematográfico que se percató del atractivo indiscutible de estas figuras fue uno de los maestros, Akira Kurosawa, que los convirtió en los protagonistas de películas memorables como Los siete samuráis o Rashomon, pero el testigo de este cineasta clásico lo recogió, años más tarde, Yoji Yamada, creando una de las sagas más impresionantes de la Historia del cine conocida, sencillamente, como La trilogía del samurái, que engloba El ocaso del samurái, The hidden blade y Love and honor. Todas ellas reúnen valores y sentimientos como el amor, el honor, la amistad o el respeto hacia los demás, que son temas universales. Si hiciéramos una semejanza con el género del western podríamos decir que Kurosawa sería el representante de la etapa épica, dorada, en el tratamiento de estos guerreros, mientras Yamada los recoge en su época crepuscular. 
Deteniéndonos en la primera de ellas, El ocaso del samurái (2002) , sigue los pasos de Seibei Iguchi, un samurái de bajo rango, pobre de solemnidad, que trabaja como burócrata y se mantiene alejado de la mundanidad. Viudo, malvive como puede con dos niñas a las que adora y una madre senil. Pero su existencia se altera cuando vuelve a entrar en ella Tomoe, su amor de infancia, que se ha divorciado de su cruel marido tras soportar toda clase de vejaciones. Por una serie de circunstancias Sebei, que odia la violencia, se verá abocado a demostrar, de nuevo, sus dotes de guerrero.
Exquisita sería la palabra que mejor definiría la primera entrega de esta singular trilogía, un drama basado en una obra del conocido escritor japonés Shuhei Fujisawa, un auténtico especialista en relatos de samuráis. En ella, todos los elementos encajan a la perfección: el sentido del honor (omnipresente en la sociedad nipona), el amor, la ternura, la sutileza, a la par que un buen estudio sobre el sin sentido de la violencia.
Considerada una obra maestra por cualquier estudioso del cine, sin embargo se pudo ver en las salas españolas en 2005, tres años más tarde de su estreno en Japón. 
 En su desarrollo, algunos encontrarán cierta influencia del mencionado Kurosawa, pero la película de Yamada incide mucho más en lo sentimental que en lo épico. Así, es maravilloso contemplar la tierna relación paternal que el samurái mantiene con sus pequeñas hijas o el sublime respeto que profesa a la mujer amada, a la que ve casi como inalcanzable, o a su madre senil, a la que cuida con esmero.
Narrada en primera persona por la hija pequeña del protagonista, El ocaso del samurái enlaza argumentalmente en este punto con otros clásicos del cine norteamericano como Matar a un ruiseñor, porque en ambos dramas encontramos a un padre admirable, con cargas familiares, nada ambicioso y empeñado en la lucha por mejorar su entorno, como única forma de ofrecer a sus hijos un mundo mejor. Todo ello narrado en imágenes con sensibilidad y poesía.