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Bargas en su línea, seriedad y buen toreo

Dominguín
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Sergio Serrano y Ángel Téllez salieron a hombros tras cortar dos orejas cada uno. Serio e interesante encierro del Conde Mayalde, que fue el mayor reclamo para los aficionados que asistieron a la corrida.

Salida triunfal de Serrano y Téllez en Bargas. - Foto: Dominguín

Bargas ha sido otro de estos municipios que en sus fiestas patronales, decidieron no celebrar toros durante el año 2020. La empresa que rige el coso, comandada por Manuel Amador, ha vuelto a apostar sobre seguro, repitiendo un encierro del Conde de Mayalde. La ganadería toledana está de moda y en racha, y por algo será.

En los chiqueros de Bargas toros más propicios para la plaza de toros de las Ventas de Madrid, que para un pueblo sagreño que ama el toro serio. Pero la cosa está así, en la ganadería estaban los toros de mayor trapío y envergadura esperando que Bargas celebrase toros. Y para allá se embarcaron.

Hasta su plaza decenas de aficionados venidos de los municipios colindantes y caras conocidas a la que no les pesa echar kilómetros para ver in situ este magnífico espectáculo que es una corrida de toros.

La terna de toreros era consciente de la responsabilidad de torear estos serios toros y más si el festejo es retransmitido en abierto por CMMedia. Miradas al infinito, soplidos al liarse los capotes de lentejuelas y ánimos entre ellos antes de romper plaza y salir al ruedo a conseguir el éxito.

Los tres lo tuvieron en sus manos, esa ansiada puerta grande. Pero sólo dos lo lograron, Serrano y Téllez, mientras que la espada le cerró la opción a Escribano.

Lo mejor de la tarde lo vimos en el tercero del festejo. El torero moracho sorteó un precioso toro sardo al que recibió con gusto y relajado. Lo hizo por verónicas, asentadas y rematando el recibo con gusto. Quite en los medios ajustado, sin menear las zapatillas del albero, avisando a los tendidos con las ganas con las que venía. Doblones junto a tablas, largos y templados para fijar la embestida, Luego empezó a mandar con la diestra, a un animal que obedecía bien a los toques. Supo Téllez cogerle las distancias y con suavidad toreó al natural como los ángeles. Fueron varias tandas que hicieron crujir los tendidos. El matador moracho, sabedor de que la entrega con el toro estaba teniendo su resultado, echo más leña y se paso al burel por su cintura en un final apoteósico. Se tiró tras el acero y logró la estocada que le facilitó que el palco le otorgase las dos orejas del gran Mayalde. La presidencia premió con la vuelta al ruedo a un toro que fue todo entrega y nobleza.

Con el cerró plaza lo tuvo que poder todo de su parte Téllez, pues el animal algo más reservón no le dio las facilidades de crear una gran faena. No obstante, el arrimón fue de aúpa y la tanda final junto a tablas por naturales caló en los tendidos. Podría haber vuelto a tocar pelo, pero el fallo con la tizona lo dejó en una cálida ovación. En banderillas puso dos espectaculares pares de banderillas Jesús Aguado, banderillero de Sonseca, obligado a desmonterarse junto con su compañero por el público asistente.

El otro triunfador del festejo fue el albaceteño Sergio Serrano. Casi nadie se dio cuenta, pero cuando el torero recibía de capa a su primero, el toro de Mayalde le metió el pitón izquierdo en la taleguilla, descosiéndosela en décimas de segundos. Pudo suceder algo grave, pero siempre hay alguien que protege a los toreros. El toro toledano, con cuajo y hondura, tuvo embestidas francas que Serrano supo templar y pulsear para logra una faena interesante. Las tandas de naturales fueron lo más destacado de su labor, siendo premiado con una oreja al pasaportar al toro.

Como quinto salto al ruedo un toro espectacular de capa, sardo, y veleto cuasi cornipaso. La gente enloqueció a aplaudir de salida al burel, aunque se aquerenció demasiado pronto en tablas. Firme ando Sergio Serrano con él. Porfió por ambos pitones en el tercio hasta que acabó en donde quería el astado. Mató de media y otra oreja le concedió la presidencia.

Sorteó Escribano un buen toro de salida, de nombre ‘Escultor’ como su hermano de Villaseca que tan buen juego dio. El animal, que claudicó en varias ocasiones, se fue reponiendo y asentándose, hasta entregarse por momentos en la muleta de Manuel Escribano. El animal se entregaba más cuanto más le mandaba y le corría su mano. Tras la estocada Escribano paseó un trofeo.

Otro serio colorado de Mayalde le correspondió a Escribano en cuarto lugar. El animal cantó su bondad y nobleza desde que cogió las primeras telas. El torero entendió bien al burel que pese a costarle repetir, cuando lo hacía le regalaba al toreo un perfume de bravura para que le meciese en sus telas con suavidad. El torero se cerró el mismo la puerta grande al no acertar en la suerte suprema, recibiendo una cálida ovación de los presentes.

Con la noche echada, Serrano y Téllez fueron alzados en volandas y sacados por su puerta grande entre vítores y aplausos de decenas de aficionados que agolpados esperaban móvil en mano su salida triunfal.