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Ana Nodal de Arce

Me la juego

Ana Nodal de Arce


Todas las mujeres

10/03/2022

Es  necesario celebrar el Día de la Mujer pare recordar que seguimos sufriendo un nivel de desempleo más elevado que el de los hombres, que en la senda hacia la igualdad caminamos con excesiva lentitud y que no estamos dispuestas a soportar las directrices de una sociedad en la que ellos han gobernado, han marcado las pautas y han decidido. Es preciso tenerlo en cuenta cada 8 de marzo y cada día de nuestra vida. Otra cosa es que yo no me sienta representada con el modelo que nos atenaza y que marca un prototipo femenino, alejado del espíritu crítico y rebelde del que debemos hacer bandera.
En estos últimos tiempos, en los que se cambian el Día de la Mujer para llamarlo Día de las Mujeres, no sé a cuento de qué, no nos van a imponer corrientes  sectarias lo que el feminismo ha ido conquistando sin pausa, con talento y mediante una generosa labor, alejada del odio y del rencor, durante décadas. Las que vienen a adoctrinar no han entendido que muchas de nosotras hemos decidido que nuestro pensamiento, nuestra mente, vaya más allá de los discursos vacuos de Irene Montero, con sus todes y elles, que podemos admirar a Almudena Grandes sin necesidad de ponerle su nombre a la estación de Atocha, que siempre será la estación de Atocha por otro lado,  y que nos ofende que algunas mujeres que mandan se limiten a reivindicar su protagonismo, incluso detrás de una pancarta. Ese afán por figurar es ejemplo del más rancio machismo.
Y muchas de las que no suscribimos que se nos diga que el rosa 'oprime' o que debemos decantarnos por estudiar ciencias, aunque nos gusten las letras, nos hemos empapado de historia y hemos querido resaltar el papel de mujeres a las que robaron la vida, como Juana I de Castilla, o nuestra heroína comunera María Pacheco, quien, por cierto, sigue esperando la estatua que le prometió la alcaldesa Tolón hace unos cuantos años y que tal vez se haga realidad cuando acabe con el cemento para adecentar las calles antes de las elecciones.
Apuesto  por las mujeres que alcanzan el poder, sí, siempre que demuestren capacidad y empatía, aunque me quedo con aquellas que han conquistado los templos del saber, de la ciencia o, simplemente, las que reinan en su casa, sin que nadie les ponga trabas ni les sugiera las consignas que deben  repetir para ser políticamente correctas.
La mujer ha de ser respetada, merece ser libre y marcar el techo de sus propias ambiciones. Y es obvio que más allá de teatrillos, recitales o alguna amalgama de actos propagandísticos de los que se celebran estos días, con algunas mujeres de dudosa sororidad como protagonistas, es necesario gritar alto y claro que nos queremos vivas, que son precisas medidas contundentes para evitar que nos asesinen. Y, oigan, algo están haciendo mal cuando las leyes no se aplican adecuadamente para proteger a las víctimas. Es una asignatura pendiente que cuesta muchas vidas, demasiado sufrimiento y un número insoportable de huérfanos.
Un último apunte: esta semana en la que se conmemora la lucha de la mujer, no nos quiten derechos a favor de otros colectivos y demuestren que ese camino que nos queda por recorrer no será de privilegios para otros, sino de reconocimientos para nosotras. Con independencia de ideologías. Porque es de justicia.