La batallas de Mora y Consuegra

José García Cano*
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El 22 de febrero de 1809 el Ejército francés llegó a Consuegra provocando que nuestros soldados tuvieran que empezar a posicionarse hacia el camino de Mora desde donde tuvo lugar el ataque más importante

Panorámica del cerro Calderico con el castillo y los molinos de Consuegra.

Hoy se cumplen 212 años de la conocida como batalla de Consuegra, ocurrida dentro del contexto de la Guerra de la Independencia y uno más de los múltiples ataques y enfrentamientos entre soldados españoles y franceses, la cual se complementa con la acción de Mora, que sucedió el 18 de febrero de 1809. Aquella guerra iniciada el 2 de mayo de 1808 tras el famoso levantamiento de Madrid, supuso un triste periodo histórico repleto de pérdidas humanas, patrimoniales y económicas. Por lo que respecta a nuestra provincia de Toledo, además de las conocidas batallas de Talavera de la Reina, Almonacid y Ocaña, también contamos entre otras con estas dos acciones en las que se enfrentaron las tropas nacionales del duque de Alburquerque contra el enemigo francés; en la de Mora los destacamentos franceses estaban dirigidos por el general Digeon, los cuales tuvieron que batirse en retirada hacia Toledo ante el avance de los españoles. La superioridad numérica de Alburquerque hizo que acometiera confiado el ataque a la villa de Mora, por lo que el general francés ordenó el repliegue hacia la capital, si bien los españoles capturaron casi una centena de prisioneros y al propio Digeon. Lógicamente el enemigo francés no quedó impasible, ya que no estaban dispuestos a que la línea del Tajo quedase en manos de los españoles por lo que el general Sebastiani reunió a sus efectivos para contraatacar a los soldados de Alburquerque. Este último ante la llegada del enemigo desde Toledo, decidió retirarse hacia Consuegra, desde donde podría dominar una buena parte del terreno gracias a la altura de su castillo. Allí llegarían el 19 de febrero desde donde esperarían la llegada de Sebastiani y sus tropas de franceses y polacos. Lo que no esperaba Alburquerque es que el enemigo prepararía su llegada desde dos direcciones; una desde Madridejos y la otra desde Mora, con la intención final de doblegar a las  tropas españolas hacia el sur.

Serían las 9 de la mañana del 22 de febrero cuando el ejército francés llegó a Consuegra provocando que nuestros soldados tuvieran que empezar a posicionarse hacia el camino de Mora desde donde iba a tener lugar el ataque más importante. Se envió hacia el camino de Tembleque a una parte del contingente, así como dos piezas de artillería. Ya a mediodía y después de varias horas de disparo de fuego de artillería por ambos bandos, los españoles supieron del número de soldados que componían el bastión enemigo: alrededor de 11.000 infantes y 3.000 jinetes, ante lo cual ordenó retirarse a sus hombres hacia Ciudad Real, por lo que la infantería buscaría el camino de Fuente el Fresno, mientras otros tantos soldados continuaban el ataque directo hacia el enemigo para conseguir tiempo para sus compañeros. Sebastiani siendo consciente del repliegue de los españoles, no decidió seguirles ya que sabía que las tropas de José Urbina -conde de Cartaojal- se unirían rápidamente a las de Alburquerque. Destacamos el número de bajas en el ejército francés que se acercaría a los 700 hombres y a los 800 caballos, mientras que los españoles apenas contabilizaron unas pocas entre sus filas.

Posteriormente el general Sebastiani tomaría la villa de Consuegra, produciéndose diversos saqueos e incendios, como el de la parroquia de Santa María la Mayor, la iglesia más antigua de la villa, la cual desapareció entre las llamas con toda la imaginería y el archivo, al igual que el palacio prioral al que estaba unida aquella. La mayor parte del riquísimo archivo de la orden de San Juan ubicado en el palacio, también desapareció.

Como agradecimiento y en honor a todos los que participaron en las acciones de Mora y Consuegra, don Gaspar de Vigodet (coronel mayor de órdenes del duque de Alburquerque) solicitó a Fernando VII que se les concediera una condecoración, como así apareció recogido en la Gaceta de Madrid de 9 de enero 1817. Esta medalla debía ser una cruz griega esmaltada en oro blanco, enlazándose en su centro las iniciales M y C (Mora y Consuegra) y en el reverso una A (por el duque de Alburquerque), saliendo de cada uno de los cuatro ángulos que formaban la cruz, una granada de artillería de oro con las llamas de fuego figuradas y en el remate «tendrá trofeos militares también de oro, y se llevará pendiente del ojal de la casaca con cinta blanca». Fue una forma de distinguir a los valientes soldados que participaron en estas dos acciones en las que también perecieron decenas de combatientes y vecinos de ambas localidades.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.