La bravura de López Gibaja destaca en el Alfarero de Plata

Dominguín
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Gran tentadero el vivido en Villaseca de la Sagra, con importante afluencia de público y novilleros con posibilidades de estar en la final de junio. Debutó en el coso de La Sagra la ganadería de López Gibaja

La bravura de López Gibaja destaca en el Alfarero de Plata - Foto: Joaquin Romera Garcia

Cada día que se abren las puertas de la plaza de toros de Villaseca de la Sagra, se escribe una nueva historia en sus profusas vivencias taurinas. Lo bonito y único que tiene la tauromaquia que cada evento es irrepetible, que nada está predispuesto a pasar, que las condiciones unidas de muchos factores, hace que lo que ocurre sea en cada momento escrito para siempre. Por sexta vez comienzan los tentaderos del Alfarero de Plata, por sexta vez se viven las mismas ilusiones de 25 chavales que aspiran a la gloria, por sexta vez, la gente acude al cómodo coso taurino a ver la cantera del toreo, los que en pocos años, estarán ocupando los puestos más destacados de las ferias taurinas.
Todo esto es posible al empeño y dedicación que Jesús Hijosa, alcalde de Villaseca, pone en la organización de lo que son sus pasiones, los toros y su pueblo. Tuvo el apoyo de Carolina Agudo, secretaria regional del Partido Popular, que quiso mostrar el apoyo que profesa a la tauromaquia y a las tradiciones con su asistencia a este primer tentadero de la nueva edición. Allí coincidieron los dos últimos novilleros que se han alzado con el afamado galardón, Jorge Molina y Borja Collado y numeroso público que asistió en una tarde de agradable temperatura.
Pisaban el ruedo de La Sagra por primera vez las reses de Antonio López Gibaja, ganadería extremeña, de origen domecq, que tuvo muchas cualidades para el toreo y dejó ante las muletas de los actuantes el buen momento en el que se encuentra. De manera perfecta, fue el propio ganadero dirigiendo el tentadero, micrófono en mano iba indicando tanto al director de lidia, al picador y a los novilleros, cuáles eran las acciones a desarrollar en lo que era la prueba de fuego para los seis animales embarcados a Villaseca.
“El Primi”, fue el novillero que abrió tarde y certamen, un novillero solvente, de corte clásico, toreo fácil y que conectó con los tendidos en su trasteo de muleta. La vaca “Berrisquilla” se lo puso fácil, pues el animal embistió con franqueza y ritmo, abriéndose a los vuelos de los engaños y permitiendo un toreo clásico, puro y por bajo. Fue un animal que desarrolló una buena condición y que puso al novillero en un lugar destacado entre los actuantes de la tarde. “Risquilla” fue la segunda res del tentadero, un animal exigente, que quería que se le hicieran las cosas sin dudas, lo que agradecía embistiendo con todo y por debajo. Álvaro Chinchón fue el novel al que le correspondió en suerte, alumno aventajado de la Escuela de la Fundación “El Juli”, que tuvo una actuación a más que caló entre los aficionados por su técnica y gusta ante la de López Gibaja. Con la panza de la pañosa fue toreando en tandas largas por ambos pitones, que cuanto más baja arrastraba las telas por la arena el novillero, mejor embestía el animal. Gran actuación de otro delos novilleros que deben ser tenidos en cuenta por el jurado que otorga los finalistas.
El tercer novillero, jugaba en casa, Miguel Zazo era el primero siete novilleros de Toledo que actuará en el certamen. Una vaca burraca le correspondió en suerte, “Simpatica” de nombre, pero que fue todo lo contrario en su condición, antipática. El animal fue el de peor condición de tentadero, aun teniendo posibilidades de un toreo inteligente, tapándole los defectos y poder sacarle muletazos de mérito. El novillero de Ventas con Peña Aguilera, tuvo momentos de lucidez sobre todo con la diestra en varias tandas por bajo y con poder que gustaron a los aficionados. Actuación que no pasará a la historia del tentadero, pero que le sirve al torero de nuestra tierra para ir evolucionando en su camino como novillero.
La cuarta res, de nombre “Labrada”, otro animal de gran condición que fue para el murciano José María Trigueros. Ante la colorada toreo a placer por ambos pitones, en trasteos intermitentes que tuvieron que tener algo más de temple con la pañosa. Pero a pesar de ello, el novel puso ganas y disposición, se encajó en los embroques y se gustaba cada vez que se la pasaba por la faja. Para acabar con la actuación de los novilleros, saltó a la arena “Jaspeada”, que le correspondió a Sebastián Marín. Un novillero extremeño con personalidad y corte artista, que imprimió su sello particular a su faena. Hincado de rodillas, comenzó su labor con siete muletazos por ambos pitones, que dejaron la tarjeta de visita de sus intenciones. Incorporado, ligó muletazos con pellizco y sabor, torería y gusto, que no se vieron en toda la tarde. No realizó una faena ortodoxa de un tentadero en sí, sino que quiso que el público y en especial el jurado, viesen su dimensión y sus posibilidades en la arena ante esta vaca y lo que pudiera ser un novillo. Se enrosco a su oponente a la cintura en varias ocasiones, destacando la facilidad con la que baja las manos toreando por ambos pitones. Las tandas fueron cortas y los remates variados, una apología de su particular tauromaquia con reminiscencias de toreo artista. Otro de los actuantes del tentadero que dejaron en las retinas de los asistentes el toreo que Marín lleva dentro.
La última res, fue para Esaú Fernández, director de lidia del tentadero, que estuvo muy pendiente de los chavales en todo momento. Paro las cinco vacas anteriores y las puso al caballo que montaba Benedicto Cedillo. En su animal, de nombre “Horquillera”, estuvo simplemente soberbio, perfecto, para enamorarse de su toreo. Antes quiso brindar su faena a los cinco novilleros que le precedieron. Tuvo un temple prodigioso, animado en todo momento por el ganadero Antonio López Gibaja, que durante toda la tarde quiso en primera persona, llevar las riendas de la tienta, sabedor de lo que se jugaban sus animales y queriendo que se les hicieran las cosas de manera perfecta. Hubo una simbiosis maravillosa entre Esaú y la res que le correspondió, toreo profundo y hondo, de mano baja y sentimiento que encandiló al respetable que salió encantado del broche final del tentadero en Villaseca.