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Miguel Ángel Dionisio

El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


Fray Sebastián de Totanés

23/02/2022

Encontré su figura –literalmente, pues la estatua que le recuerda está ubicada a la entrada del pueblo- una tarde otoñal en la que acudí a Totanés. Me llamó la atención el ascetismo que irradiaba, la fuerza con la que elevaba la mirada al cielo, mientras en una mano empuñaba la cruz y en la otra sostenía un libro. Obra del escultor Jorge Lencero, fue inaugurada en 2019. Inmediatamente surgió la pregunta, ¿quién era este fray Sebastián, del que nunca había oído hablar? Indagando, descubrí un personaje fascinante, uno de los más insignes hijos de esa hermosa comarca que son los Montes de Toledo.
Su nombre de pila era Sebastián Gómez de Herrera, y nació en Totanés el año 1688. Muy joven, ingresó en la orden franciscana, en el convento de Fuensalida. Continuó sus estudios en Toledo y a los veintiséis años fue destinado a Filipinas, a la Provincia franciscana de San Gregorio. Antes de llegar a las islas, impartió clases de Filosofía y Teología en la Nueva España, pues el viaje de Cádiz a Manila se hacía a través de México, surcando el Pacífico desde el puerto de Acapulco en el famoso galeón de Manila. En Filipinas desempeñó diversos cargos, que le llevaron a recorrer todo el archipiélago. Nombrado prior del convento de Manila, erigió el nuevo convento de la orden. Fue en estos años cuando compuso la obra por la que ha pasado a la posteridad, la primera gramática completa de la lengua tagala, que publicó en 1745, bajo el título de Arte de la Lengua Tagala y manual Tagalog para la administración de los Santos Sacramentos, que vino a superar intentos anteriores de elaboración. Seguía así los pasos de otro franciscano, Pedro de Buenaventura, quien redactó en 1613 el primer diccionario de dicha lengua. Era esta una práctica muy usual por parte de los religiosos españoles que misionaban, tanto en Indias como en Asia, componer gramáticas y diccionarios de las lenguas indígenas, para facilitar así la evangelización, prestando, al mismo tiempo, un servicio impagable a la cultura.
Pasados veintinueve años en las islas, regresó a España, falleciendo en el convento de San Gil de Madrid, el 12 de febrero de 1748, sin haber logrado su deseo de marchar de misionero a Japón y China. Sus exequias se realizaron con toda solemnidad, expresión del prestigio y la importancia que tenía dentro de la orden.
Que alguien de la categoría de fray Sebastián de Totanés –el Nebrija del tagalo- sea tan desconocido, es una muestra del atroz descuido con que maltratamos nuestra riquísima historia. Sumidos muchas veces en unos incomprensibles complejos ante el mundo anglosajón, ignoramos figuras extraordinarias que no tienen nada que envidiar a otras foráneas que llenan los manuales de historia o ciencia. Es urgente redescubrir nuestro inmenso patrimonio científico e histórico y que ese conocimiento, lejos de catetos chovinismos, nos lleve a potenciar la investigación científica en España.

ARCHIVADO EN: España, Toledo, Filipinas