En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Dignidad, reparación y justicia

24/09/2020

El eurodiputado de Vox Hermann Tertsch, contra quien el Tribunal Supremo  ratificó en julio una sentencia por vulnerar el derecho al honor del difunto abuelo del vicepresidente Pablo Iglesias, es adicto a la polémica dialéctica. Ello, a priori, no es malo, si no fuese porque suele desbarrar con verborrea rayana en el ridículo, cuando no trufada de falsedades, maledicencias o tergiversaciones. Esos mimbres tejen la carta que ha dirigido a los miembros del Parlamento Europeo tras la aprobación por el Consejo de Ministros del anteproyecto de ley de Memoria Democrática, considerando que se basa en una «clara y muy peligrosa construcción ideológica comunista», con la que el Gobierno «pretende satisfacer sus intereses actuales concibiendo el pasado nacional como un recurso puramente estratégico para sus fines políticos e ideológicos».
La misiva, pródiga en lindezas, califica, cómo no, de ‘socialcomunista’ al actual Ejecutivo y considera que la nueva ley impone una versión de la historia «parcial, unilateral, injusta, manipulada y sectaria, ‘advirtiendo’a los eurodiputados de que en España se va a crear una ‘fiscalía especializada’ y que «todo ciudadano que no apoye, siga y obedezca le versión tendenciosa y falsa de la ‘verdad gubernamental’, la del Frente Popular, sobre el pasado, la República, la Guerra Civil y el franquismo será severamente sancionado». Tilda como profanación, el traslado de los restos de Franco del Valle de los Caídos y aboga por mantener el estatus actual de esta abadía, insinuando que las pretensiones del Gobierno recuerdan «la persecución de los cristianos en los años treinta».
Cada vez que se intenta avanzar en la recuperación de la memoria democrática, lo más rancio del país se pone de uñas. Y lo hace con tal excitación que, en vez de dar solidez a sus argumentos, los desvirtúan hasta la inconsistencia más pueril. ¿Tanto les cuesta a Tertsch y a cuantos como él se prodigan, incluidos algunos columnistas de este diario, como llevamos días comprobando, que esto no va de revanchismo ni de reabrir heridas, ni de cortinas de humo para ocultar la gestión de la pandemia, sino de dignidad, reparación y justicia hacia las víctimas de la Dictadura? Pregunten, coño, a las familias de cuantos desaparecidos permanecen aún en cunetas y fosas comunes, ¡que se nos va el vino en catas!