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José Luis Arroyo

Rayadas Millennials

José Luis Arroyo


¿Disparar o escoltar?

15/03/2022

Estimado lector, nunca pensé que como 'aficionado' dirigirme a ti desde esta columna semanal de casi cuatrocientas palabras, me supusiera un ejercicio de responsabilidad y maduración tan importante en la elección de los temas y por supuesto en el modo de exponerlos. A ti que me lees, he de agradecértelo, más cuando me haces un comentario agradable sobre su contenido, te atreves a poner un 'me gusta' en Facebook e incluso a compartirla.
Esta semana, como ya viene siendo habitual en las anteriores, apuro hasta el último momento para terminar de escribirla; hago varios intentos e incluso decido cambiar el tema. Un ritual que parece que ha venido para quedarse en mis quehaceres cotidianos.
Sin duda, esta situación me ha hecho reflexionar, concluyendo que escribir deja de ser una tarea fácil cuando se asume una responsabilidad con la persona que te lee; y por supuesto, deja de ser una tarea indispensable, cuando están en juego la libertad y la democracia.
El asesinato del periodista Brent Renaud como consecuencia de una acción bélica de Vladimir Putin en Ucrania es un acto deleznable que nunca puede pasar desapercibido, ya que los profesionales de la prensa y su trabajo en una guerra, además de ser un ejemplo de valentía, son los ojos, los oídos y la voz que la opinión pública posee sobre el terreno para no quedar paralizada frente al horror.
En el año 2021 cuarenta y cinco periodistas fueron asesinados en diferentes lugares del mundo, miles de ellos cada día sufren alguna forma de persecución y censura, lo que convierte al periodismo en una profesión de alto riesgo también en pleno siglo XXI.
En un momento en el que gran parte de nosotros jugamos en las redes sociales a atribuirnos el rol de epidemiólogos, vulcanólogos y últimamente hasta de expertos en diplomacia y relaciones internacionales, debemos ser conscientes de que el poder contar con la profesión periodística y medios de comunicación libres, tanto en el ámbito local como en el global, es una garantía para preservar un modo de vida donde se respeten los derechos humanos, la democracia y podamos permitirnos libremente expresar nuestras aireadas opiniones.
Decía Winston Churchill que «en tiempos de guerra la verdad es tan preciosa que debería ser protegida de las mentiras por un guardaespaldas». Así pues, debemos asumir que las redes sociales y el mundo de la comunicación se ha convertido en un campo de batalla más, donde precisamente cada uno de nosotros podemos disparar a veces sin piedad y sin hacer una mínima reflexión de si nuestro post puede formar parte de un arma de destrucción masiva o por contra, podemos asumir la responsabilidad de escoltar la honestidad contrastando lo que compartimos desde nuestros perfiles.