Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


¡Ay Filomena!

18/01/2021

De todas las generaciones serán muy pocas los que olviden la intensidad de una borrasca que tiñó de blanco con exageración y mala baba una amplia extensión de nuestro territorio.
Entró con avisos de todos los colores y cumplió con creces los mapas meteorológicos anunciados con bastante anticipación. Y en muy pocas horas pasamos de recibirla con agrado, a casi maldecirla por el destrozo y la brutalidad con la que arrojó la siempre esperada precipitación, al menos para nuestro campo, para nuestros ríos, para nuestros acuíferos y para la atmósfera.
Filomena ha sido otra de esas señales que lanza la madre naturaleza para decirnos quién manda realmente, y para advertirnos del roto que venimos produciendo en su corteza y en las diferentes capas con nuestro modelo de vida.
Porque la virulencia con la azotó al olivar, en medio de la recolección de la aceituna, deja graves daños en madera que mermarán la capacidad productiva de muchas hectáreas no solo para este año, sino para muchos venideros. Ramas tronchadas sin compasión como si hubieran perdido el pulso contra los elementos que nos han dejado helados, enmudecidos ante el desastre solo reparable parcialmente en lo económico para los afectados que tuvieran seguro agrario.
La Consejería de Agricultura no aprecia de momento un daño productivo considerable al calcular en 10.000 toneladas de aceite las que ya no llegarán a molturarse. Si fuera así, no se habrá perdido tanta cosecha. Pero el mapa, a medida que la nieve permite divisar el horizonte es cambiante.
En cualquier caso, Agroseguro asume el daño al tiempo que reconoce que no es precisamente esta la póliza que mejor funciona en contratación; apenas un 10 por ciento del olivar está asegurado pese a haber realizado cambios en el condicionado y mejorado determinadas coberturas para cubrir los rendimientos de varias campañas. Algo falla. La línea no tira.
En el viñedo, pese a agradecer la nevada por las reservas que deja en su raíz y en el suelo hasta la brotación, hay que esperar un poco más hasta que den la cara las posibles heladas que ha tenido que soportar durante varias noches. Temperaturas de -14 grados el domingo, de -12 el lunes y el martes, o de -8 en las madrugadas siguientes, mantienen a la misma compañía en alerta porque sabe que los partes acabarán presentándose.    
 Pero el viticultor parece haber tomado nota del riesgo en este monocultivo que cuida todo el año y que da el rendimiento en poco más de un mes. Sabe que las cartas se juegan en una partida, justo las semanas previas a la vendimia.
Lo hemos visto con pedriscos, lluvias torrenciales y otros fenómenos locos que evidencian que algo le pasa al planeta. Y de ahí la respuesta que se ha producido este año con una mayor contratación del seguro de uva de un 6 por ciento más. También en cereal que será el menos dañado.
En el ajo no parece que la gran nevada del siglo haya dejado daños importantes, pero aquí asegura todo el mundo. Al menos a día de hoy pese a tener a los productores en vigilia hasta que aflore la planta sobre la gruesa capa helada que aún conservan las principales comarcas productoras. En cuanto se deshaga, eso sí, tendrán que retomar las siembras del morado.
En ganadería, la penetración de la póliza de explotaciones es mejorable y los que hayan perdido chotos u ovejas, tendrán indemnización. Otra cosa serán los daños en las instalaciones por hundimiento de cubiertas y techumbres como desgraciadamente hemos visto en tantos pueblos. Ahí solo queda esperar a una hipotética declaración de zona catastrófica en la que trabajan muchos ayuntamientos y la propia Junta de Comunidades de Castilla -La Mancha. El Estado tiene la última palabra.
En definitiva, Filomena queda para los anales. Y para que todas las partes hagan una reflexión profunda sobre la política del seguro agrario que necesita de un presupuesto fuerte como han incrementado la administración autonómica y nacional, y de una revisión de las garantías para cautivar a esos productores que todavía se encomiendan a Santa Bárbara cuando en realidad el trueno viene con otros nombres como ahora el de Filomena.