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José María San Román Cutanda

A Vuelapluma

José María San Román Cutanda


Municipalismo de boquilla

15/11/2021

Apenas quince días. Esa es la franja de tiempo que ha sido más que suficiente al Gobierno de Sánchez para pasarse por el forro del escaño al Tribunal Constitucional y volver a crear un nuevo impuesto de plusvalía municipal. Lo de solucionar el problema de las pensiones y las carencias de la cesta de la compra de los españoles requiere, parece, un proceso mucho más lento. Pero para resucitar un impuesto inconstitucional apenas quince días. Y además, por decretazo, mediante un Real Decreto cuya creación también es inconstitucional. Creo que Sánchez y los suyos se han olvidado de que el artículo 8.a) de la Ley General Tributaria establece reserva de ley para «la delimitación del hecho imponible, del devengo, de la base imponible y liquidable, la fijación del tipo de gravamen y de los demás elementos directamente determinantes de la cuantía de la deuda tributaria, así como el establecimiento de presunciones que no admitan prueba en contrario».

En otro tiempo les habría dicho que me resulta muy sorprendente esta actitud. No, ya no me sorprende ni me asusta casi nada. Lo que sí me hace es mucha gracia. Me hace mucha gracia que Sánchez, que tanto presume de estar a partir un piñón con el municipalismo tarde cero coma en volver a encasquetarnos el impuesto que quince días antes se ha cargado el Constitucional jugando a una de 'mismo perro con distinto collar'. Presumió de municipalista cuando rediseñó el Consejo de Ministros y nombró a las alcaldesas de Puertollano y Gandía, mujeres jóvenes relacionadas con el mundo municipal. Con esos nombramientos pretendía hacer ver que el mundo local le importa, que lo siente como suyo, cuando la expresión de la realidad municipal le trae absolutamente sin cuidado salvo cuando puede recibir algo para su beneficio. Me gustaría empezar a ver auténticas políticas locales en su programa, pero me da que va a ser que no. Y fíjense que este Sánchez me produce cierto desconcierto, porque ya no sé con qué perfil suyo quedarme. No sé si quedarme con el perfil en el que habla de municipalismo a modo de homilía piadosa o si quedarme con el perfil que utiliza de cabeza de turco a la FEMP y presiona a los ayuntamientos para que le den sus superávit para sabe Dios qué chorradas. A eso se le llama municipalismo de boquilla.

Verán. Yo no niego que haya que pagar impuestos, ni soy contrario a pagarlos. Está claro que las cargas públicas debemos sostenerlas los ciudadanos mediante un sistema tributario ordenado por Ley. Con lo que no estoy de acuerdo es con el hecho de que pretendan seguir encajando con calzador tributos que generan una doble imposición meridianamente clara. Tampoco estoy de acuerdo con la distribución presupuestaria que se viene haciendo en un gran número de las Administraciones Públicas estatales, autonómicas y locales. Sobre todo, porque esa distribución se está prestando a que el ciudadano medio siga sufriendo la presión fiscal asfixiante mientras que se ve a pocos de nuestros gobernantes que prediquen con el ejemplo y empiecen a recortar en gastos inútiles, leasing carísimos, viajes demasiado largos a gastos pagados y otros tantos dispendios que están a la altura de las muchas obras faraónicas que se llevaron a cabo con fondos europeos. 

Además, es que tampoco se ha hecho pedagogía de los impuestos. El ciudadano no sabe ni por qué ni para que paga. No ve que el fruto de su esfuerzo se manifieste en lo público ni entiende dónde va a parar todo lo que paga al fisco. Pero no lo entiende porque nadie se lo explica, no porque no tenga capacidad para entenderlo. Toledo es un buen ejemplo de ello. Pagamos religiosamente nuestros impuestos, pero las calles siguen sin una limpieza adecuada, sin un pavimento seguro e infestadas de palomas que sufren muy en particular los vecinos y los edificios del Casco. Y la solución que pretenden dar desde el Ayuntamiento es un Plan de Movilidad Sostenible Urbana al que le faltan muchos problemas por analizar. Exactamente, los problemas que no se pueden analizar cuando no se callejea libreta en mano estudiando las muchas deficiencias de nuestras vías públicas. ¿Saben? El otro día tuve que ir a una clínica traumatológica a hacerme pruebas. ¿Se pueden creer que en una calle donde hay dos clínicas traumatológicas y una de resonancias abiertas hay un árbol plantado en medio de una acera en la que a duras penas cabe una silla de ruedas o un viandante con muletas? ¿Eso se les ha escapado o es que no han pisado por allí? ¿Y qué pasa con los pasos de cebra tan elevados que destrozan los bajos de los coches como el de la avenida Más del Rivero? ¿Y con el cruce peligroso de necesidad de la rotonda del cementerio? ¿Y con las muchas rejillas de alcantarillado partidas como la de la calle Trinidad? ¿Y lo resbaladizo de suelos de las aceras como el de la calle Cervantes? ¿Y los socavones que hay en tantas calles del Casco? Ahí nuestros impuestos parece que no pintan nada, que ya solo nos quedan nuestra agilidad y pericia para no caernos. Y, por supuesto, sin mirar mucho al suelo para no distraernos contando chicles pegados en el suelo.

Tan solo me quedan cuatro preguntas, que se las formulo a ustedes, queridos lectores, para su reflexión: ¿Se puede hacer política municipal haciendo pedagogía tributaria sin sacar dispendios? ¿Acaso ser municipalista es enfangar más a los vecinos con nuevos tributos a golpe de decretazo? ¿No será mejor buscar soluciones que nazcan de los ayuntamientos y las corporaciones municipales? ¿Y no será mejor una redistribución por parte de los ayuntamientos de sus presupuestos? Ahí lo llevan