Durmiendo en la calle con -13 grados

J. Monroy
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Miguel ha preferido quedarse a la orilla del río a tener que deshacerse de sus perros para cobijarse bajo un techo. Está a la espera de que el Ayuntamiento le pueda dar una respuesta, aunque el pasado miércoles, después de subir a Padilla, se encon

Durmiendo en la calle con -13 grados

Con temperaturas por la noche que han llegado a estar por debajo de los -13 grados en Toledo, todavía quedan dos personas durmiendo en la calle en la ciudad (según los datos de Caritas). Uno de ellos es Miguel, toledano de toda la vida que desde hace meses vive a la orilla del río Tajo, en una tienda de campaña que le han facilitado sus amigos.

De esta forma, Miguel permanece en el molino del Tajo a pesar de las heladas históricas. Lo hace sin luz y sin otra forma de calentarse que mantas, abrigos, hacer ejercicio y quemar madera seca que tenía y las ramas caídas de los árboles en una estufa de leña justo al lado de la tienda.

Afortunadamente, la tiende ha aguantado, gracias a la lona en forma de uve bien atada que situaron sobre la tienda  sus amigos, que ya han podido bajar de nuevo, y lo habían dejado bien dotado de provisiones. El mayor susto de estos días fue cuando una enorme rama, de las muchas que cayeron en su ‘campamento’ lo hizo sobre la caseta que había construido para los perros. Uno de los animales quedó atrapado. Miguel tuvo que estar cinco horas con un serrucho tratando de liberar al perro, que a la postre parece que no ha sufrido daños.

Durmiendo en la calle con -13 gradosDurmiendo en la calle con -13 gradosHay todavía otros problema derivado del frío que le impide calentarse todo lo que puede: Miguel no puede andar más por el hielo que se acumula en el suelo empedrado, que ya le ha provocado varias caídas. Con la pala y la carretilla ha estado entrando en calor quitando nieve, y también cortando para leña los muchos árboles que le han caído en su ‘campamento’. Todavía Miguel ha sacado tiempo y energías para, aprovechando la nieve, distraerse haciéndose un iglú; otra forma de hacer ejercicio y mantenerse caliente.

Desmoralizado. ¿Por qué Miguel no se ha marchado a dormir a la estación de autobuses como otros tantos sintecho de la ciudad? Básicamente, por dos razones: por el amor a sus perros, de los que se tendría que desprender, y porque no se fía de que si se marcha, cuando vuelva vaya a encontrar sus pertenencias. Además, está muy enfadado con el Ayuntamiento, y hasta desmoralizado por el ‘plantón’ recibido.

«Indignado y muy quemado» cuentan sus amigos que está Miguel con el Ayuntamiento. El pasado miércoles día 13 tenía la tan esperada cita con los trabajadores sociales para buscar soluciones a su situación. Subió hasta el centro social de Padilla. Hasta allí subió por un Casco intransitable, con varias caídas incluidas y una bajada casi de culo por la última cuesta, para encontrarse todo cerrado a cal y canto. «No se dignaron a llamarlo antes para anular la cita», se lamentan los amigos. Con lo que les costó convencerlo para que acudiera dispuesto a escuchar, ahora ellos también se muestran enfadados ante esta situación.

Durmiendo en la calle con -13 grados
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